Actualizado: 16/09/2019 12:05
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Barcelona, Escritores, Literatura cubana

“No creo que valga todo en literatura”

Entrevista al escritor Osvaldo Antonio Ramírez, residente en Barcelona

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Osvaldo Antonio Ramírez es miembro de la Sociedad Internacional de Escritores (SIE) y de la Red de Escritores en Español (REMES). Ha publicado, entre otros: Las razones del silencio, novela, Editorial Oriente, Cuba; El fantasma del camino de San José, cuentos, Ediciones Luminaria, Cuba (Premio Fundación de la ciudad de Sancti Spíritus, Cuba); Abejas en los zapatos, novela, editorial El perro y la rana, Venezuela; Los ángeles vuelven a casa, novela, Ediciones Luminaria, Cuba, Universo Increíble, EEUU; Dios salve a Numancia, cuentos (Premio de narrativa Vitral, Cuba); Instrucciones para desobedecer al padre, editorial El barco ebrio, España.

CUBAENCUENTRO conversó con Osvaldo Antonio Ramírez sobre el oficio de escribir y otros temas.

¿En qué momento decidiste que querías escribir?

Osvaldo Antonio Ramírez (OAR): No soy un escritor precoz. Empecé tarde en la literatura, lo que sí recuerdo bien es que siempre me inventé historias, fui un niño distraído, mi mente volaba por mundos paralelos que me absorbían. El momento que decidí llevarlo al papel no lo puedo precisar. Un día me vi sentado frente a una vieja Remington que me regaló el padre de un amigo y escribí una de aquellas historias. Alguien me propuso que la diera a leer a un escritor reconocido: Julio Crespo Francisco. Fue bondadoso y muy sincero. Me puse a reescribir y salió Las razones del silencio, que Editorial Oriente tuvo la gentileza de publicar años después.

¿Qué te aporta la escritura y la literatura, piensas que vale todo en la literatura?

OAR: La literatura me aporta tantos mundos paralelos como libros leo y otros tantos cuando escribo. Disfruto mucho ese placer agónico, con cierta dosis de masoquismo, que es sentirme absorbido por la página en blanco, luego la agonía se va transformando en deleite en la medida que fluye el texto hasta que llega el momento en que no me deja apartar. Hasta que decido dejarlo para no secar el pozo, como dijo Hemingway.

No creo que valga todo en literatura, hay que ser respetuoso con el lector y, sobre todo, honesto con uno mismo.

¿Qué es necesario para que una novela interese a los lectores?

OAR: No tengo esa fórmula, ojalá. Hace poco leí un decálogo para escribir un best seller, no quiero eso, no podría, solo pretendo arrancarme de las tripas ese mundo paralelo que me absorbe, si les interesa a los lectores, muy bien, si son muchos, genial.

¿Cuáles son tus géneros favoritos en la lectura, sus autores y quiénes te han influido más?

OAR: Leo de todo: biografías, botánica, historia, psicología y, por supuesto, narrativa de ficción. Me interesa mucho ese libro que me toma de la mano, sea de lo que sea, y me lee él a mí.

Acepto cualquier influencia. Las influencias no las ve el escritor, salvo que sea consciente. Son otros quienes las perciben. No puedo negar, tampoco evitar, que cuando escribo la esponja subconsciente humedezca la página. Si algo me dice “esto se parece a…” lo evado, sin embargo están ahí, agazapadas en la psique.

Confieso que no me gusta nombrar autores porque siempre pretendemos dar una imagen cultista de nuestras lecturas. Nadie dice que le encanta Corín Tellado.

¿A qué te dedicas cuando no escribe?

OAR: Trabajo para sustentar la vida, hago un oficio digno con el que pago mis obligaciones de alquiler, abastecer la mesa y ayudar en lo que puedo a mi familia en Cuba.

¿Cuál es tu método de escritura, anotas lo que se le ocurre?

OAR: Primero la historia me selecciona, me abduce y convierte en un rumiante. Escribo fragmentos, hago apuntes en el metro, a veces me detengo en medio de la acera y anoto algo que surge relacionado con la psicología de algún personaje, su conducta, cualquier frase que luego inserto en los diálogos. No salgo de casa sin el boli y la libreta de apuntes. A veces anoto una palabra y ella me regala un párrafo.

¿Sí pudieses ser un libro, cuál sería?

La Biblia, sin duda. No creo que exista otro que influya tanto en la humanidad, en millones y millones de personas. También están El Corán y El Talmud, pero me inclino por la Biblia.

¿En qué proyecto te encuentras sumergido en estos momentos?

OAR: Recién he terminado una novela —terminar, lo que se dice terminar, ya sabes que no—, ahora trabajo en la peor parte del ejercicio: reescribo, cambio aquí, quito allá. Me entusiasma mucho, espero que resulte bien.

¿Se escribe por placer o también por dinero y reconocimiento?

OAR: Hay de todo. Ya te comenté lo del decálogo para escribir best sellers. Hay quienes lo siguen y lo han logrado. Yo no escribo por placer, lo hago porque sufro, la historia me hace agonizar y no me queda otro remedio que arrancarla de las tripas.

Lo del dinero y reconocimiento puede llegar, pero casi nunca a quien lo busca, creo que debe surgir solo, como reconocimiento al trabajo y la complicidad con los lectores.

No nos engañemos, nadie manda a un concurso por placer o para que lo lean, todos queremos ganarlo y de conseguirlo el resultado es reconocimiento y dinero. Lo que nunca hago es escribir para concursos.

¿Dominas los recursos de estilo, las figuras literarias o escribes con estilo propio y sigues experimentando y aprendiendo?

OAR: Lo dijo Hemingway: “el que escriba preocupado por la técnica que se dedique a poner ladrillos”. Esos recursos están en el subconsciente, saltan en la medida que escribes, luego, en el proceso de revisión es uno quien las llama. No creo que las domine todas, pero lo intento y estudio constantemente. El estilo se consigue, ojalá yo tenga uno. Cuando escribo intento no parecerme a nadie, pero las influencias, a estas alturas, son inevitables, ya hablamos de ello.

Se habla que los escritores deben cuidar y ofrecer obras depuradas utilizando recursos narrativos, ¿encuentras bien que lo que se cuenta, se limite a contar como se cuenta en la sobremesa?

OAR: El escritor debe entregar una obra respetuosa con el lector. No me gusta la verborrea, las descripciones detrás de las que se ve el autor. Me gusta que el lector abra el libro como quien se sube a un tren que no puede desviarse del recorrido que establecen los raíles y del que el viajero no puede descender hasta que llegue a la estación, en este caso la última página.

¿Regalas libros en alguna ocasión?

OAR: Sí, regalo libros, a personas que aprecio y me gusta que lo tengan, aunque a veces he regalado alguno que otro por compromiso. Ya aprendí a ser más selectivo.

¿Crees que la literatura cubana está de moda y que el escritor, en tanto figura pública tiene responsabilidad social?

OAR: No lo creo. Algunos autores cubanos han insertado algunos buenos libros con acierto, no voy a mencionar a nadie, pero no creo que la literatura cubana esté de moda, para que esto ocurra tiene que existir una narrativa que la desmarque. El tema de la escasez y la represión estuvo de moda cuando se descorrió la cortina y saltó la tapa de la caja de Pandora de la utopía, eso despertó un interés en todo el mundo, ya no, ahora se imponen otros temas, ahí está El hombre que amaba a los perros.

¿Cómo te ha cambiado el mundo de la tecnología y el e-book?

OAR: Es innegable que la tecnología nos ha cambiado a todos, en mi caso para bien. No es lo mismo escribir en ordenador que en mi vieja Remington olvidada en algún rincón de mi casa en Cuba. También es innegable el impacto en cuanto a comunicación. Por otra parte se ha producido una sobresaturación de información y en medio de un bosque tan tupido no se ven algunos árboles.

El ebook me parece genial, puedes salir de casa con una biblioteca en el bolsillo. Soy un poco más tradicional, prefiero el impreso, tocar el papel, sentir el olor, manosearlo. Quizá ahora no domine bien la tecnología y luego cambie de opinión, pero de momento salgo cada mañana con el libro de turno a cuestas.

¿Sentías que habías nacido con vocación literaria, cuáles son tus verdaderos orígenes en ese sentido?

OAR: Mirando en el tiempo siempre tuve vocación literaria. Leí mucho, soy un lector infatigable. En lo que a escribir se refiere, al acto de crear, empecé tarde como te comenté antes. Veía a los escritores como en un Olimpo inalcanzable. Mis orígenes son imprecisos, me refiero a fecha, mi primer libro (aquello no fue un libro exactamente), fue La hora del lamento, en 1991, si lo tenemos en cuenta es por esa fecha, pero un libro no se escribe cuando se publica, ya ha nacido mucho antes.

¿Lamentas que tu vida literaria no se hubiera desarrollado en otro medio más propicio?

OAR: Lo ideal sería tener un estudio, el lugar limpio y bien iluminado tan recurrente, trabajar todos los días en las mañanas y leer en las tardes, pero esto está sobrevalorado. Volviendo la mirada al camino recorrido creo que mi trabajo se ha desarrollado en el medio que Dios dispuso.

¿Crees que la literatura cubana a veces tiene serios altibajos?

OAR: Sí, como todas las literaturas y el arte en general. El mejor ejemplo que se me ocurre, a ti, que eres médico, es compararla con un electrocardiograma, así, con el trazo subiendo y bajando.

¿Qué libros han cambiado tu vida?

OAR: Ninguno. Los libros no cambian la vida de nadie. No estoy en España porque un libro influyó en mi decisión, no me he casado porque un texto me instara a hacerlo, no he tenido hijos porque lo leyera en alguna parte, adoro a mi padre y he leído varias veces Los hermanos Karamazov. Los libros influyen en la conducta de las personas, en la manera de pensar, en brindar información y replantearse criterios, pero no en la vida que es como es y en ella van los libros como compañeros de viaje.

¿Qué escritores cubanos te han influenciado más?

OAR: Supongo que quieres nombres: Wichi Nogueras, Cabrera Infante, Carpentier, Lezama, mis compañeros de talleres literarios, los contemporáneos, Guille Vidal (lo menciono porque ya no está), los poetas, leo mucha poesía, devoro todo lo que puedo de literatura cubana y con eso llegan las influencias.

El regreso, la nostalgia, el sufrimiento causado por el deseo incumplido de regresar. ¿Tienes la obsesión del regreso a tenor de los nuevos cambios?

OAR: Es el gran trauma que arrastro, pero con toda sinceridad, pasados los años, creo que nunca me adaptaría a vivir de nuevo en Cuba. Siento nostalgia por mis seres queridos, me gustaría viajar a menudo a reencontrarme con ellos. He conversado con gentes que me dicen “si tuviera dinero suficiente regresaba a Cuba, allí podría vivir como un rey”. No dejan de tener cierta razón, con la mitad de lo que aquí gano sería posible, lo que no tienen en cuenta es el contexto político detrás porque los cambios, los reales, no el maquillaje, demorarán años.

¿Has tenido que esquivar la censura en tus escritos?

OAR: Sí y lo más terrible no es la censura sino la autocensura que nos tatuaron en la espalda y que, incluso aquí, salta como para recordar que una vez estuvo. La censura existe en todas partes lo que ocurre en Cuba es que reprime el pensamiento y eso es funesto para la creación.

¿Hay algún género más eficaz para transcribir la realidad cubana?

OAR: La realidad cubana y cualquier realidad donde mejor se refleja es en la novela negra, es el género social por excelencia.

¿Crees que la cultura cubana tiene déficit de monografías, memorias históricas que den profundidad a esta cultura? ¿Cómo se puede suplir este vacío?

OAR: Confieso que estoy algo alejado de la que se escribe allí y me refiero a lo que antes pasaba por mis manos y nunca se publicaba, ya sabes que se publica lo políticamente correcto, con algunas excepciones.

Es necesario profundizar en la historia y la cultura cubanas, que la historia se escriba como realmente es y no desde el púlpito de los vencedores, así también la cultura, que se publique a los autores malditos, que llegue a las galerías todo una plástica y una literatura que se mueve entre bambalinas, que se abran las puertas del ostracismo. Pero eso sería una perestroika tropical y no ocurrirá, al menos de momento.

¿Sin memoria histórica no hay imaginación?

OAR: Esto es seguro. El conocimiento de la historia y la sociedad permiten tejer lo imaginativo, conocer la realidad te impulsa a crear mundos paralelos.

¿Qué significado tiene para ti la ciudad dónde has vivido la mayor parte del exilio?

OAR: He vivido en varios lugares en España, pero ha sido en Barcelona donde eché raíces. Te confieso que al principio la ciudad veloz, cosmopolita, inmensa me impresionó —recuerda que vengo de Fomento, un pueblito perdido en el interior del interior de la Isla y que soy guajiro del pe al pa. Luego le fui tomando el pulso, nos fuimos arrullando, conocí a su gente, me iluminó su arquitectura y ahora vivo enamorado de esta ciudad.

¿Qué objetivo persiguen tus libros?

OAR: El único objetivo que me trazo al escribir un libro es aferrarme al timón de la historia que narro y conducirla hasta el final, aunque a veces se resiste. Lo que sí se propone la historia que me posee ––ya te dije que no elijo los temas sino ellos a mí––, es decirle al lector que hay más verdades, más formas de ver el mundo, que no todo es como se ve, o nos lo hacen ver.

¿Qué mensaje deseas trasmitirle a los cubanos y a tus lectores?

OAR: A los cubanos que no perdamos la esperanza, sobre todo que nos unamos más y seamos solidarios y olvidemos las trivialidades y nos centremos en gastar esta vida con honestidad y sin intenciones superfluas, que intentemos ser mejores, que dejemos a un lado la envidia y eso otro que conocemos como zancadilla; que no dudemos en tender la mano y poner el hombro; que saquemos de la opinión generalizada el criterio de que somos capaces de lograr cualquier cosa menos el aplauso de otro cubano.

A mis lectores pedirles perdón por si alguna vez los he defraudado.


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