Actualizado: 15/02/2019 14:21
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Muerte, Desaparecidos, Represión

Precaverse del olvido

Entrevista con el escritor Alexis Romay, presidente de Archivo Cuba, cuyo proyecto Verdad y Memoria documenta las muertes y desapariciones provocadas por la revolución cubana

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Entrevistamos a Alexis Romay, master por The City University of New York, autor de la novela Salidas de emergencia y del poemario Los culpables, y presidente de la mesa de Archivo Cuba, cuyo proyecto Verdad y Memoria “documenta las muertes y desapariciones provocadas por la revolución cubana y estudia temas de transición relativos a memoria, verdad y justicia”. El sitio web añade que “se busca propiciar que los cubanos logren sus plenos derechos, fomentar una cultura de respecto a la vida y honrar la memoria de los que han pagado con sus vidas”.

¿Cómo surge Archivo Cuba y su proyecto Verdad y Memoria y cómo tú te vinculas al mismo?

Alexis Romay (AR): El Archivo Cuba es un proyecto del Free Society Project, una organización sin ánimo de lucro radicada en Washington, D.C., con su oficina principal en Nueva Jersey. Fue fundada en el 2001 por el difunto Armando Lago junto con María Werlau con el fin de promover los derechos humanos mediante investigaciones y publicaciones. Su objetivo central era utilizar la información que compilaba el doctor Lago para una investigación más profunda sobre cada víctima y con el fin de promover la diseminación de la información a nivel mundial y de manera interactiva. El Dr. Lago había comenzado esta investigación con la idea de publicar un libro sobre el costo en vidas de la revolución, buscando salvarlas de esa segunda muerte que es el olvido.

El proyecto de Verdad y Memoria documenta el costo en vidas humanas durante dos dictaduras consecutivas y registra casos de muerte y desaparición por motivos políticos o ideológicos desde el golpe de estado de Fulgencio Batista —el 10 de marzo de 1952— hasta las víctimas de Fidel (y ahora Raúl) Castro, dinastía que, como Batista, tomó el poder por las armas.

Mi vínculo con esta organización cumple ocho años. Conocí a María Werlau poco después de la tristemente célebre Primavera Negra de 2003, en un salón de conferencias de la universidad de Rutgers, en Newark (Nueva Jersey). Habíamos asistido a una presentación de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), que andaba de gira por Estados Unidos, vendiendo el paradigma revolucionario en el mundo académico, que lo compra y lo paga bien. Al concluir la presentación de las federadas, hicimos algunas preguntas desde el público. Recuerdo que la mía indagaba por la suerte de Marta Beatriz Roque Cabello, quien por aquellos días malvivía en las mazmorras del régimen por el delito de pensar por cuenta propia. Me interesaba saber si el destino de esa mujer de carne y hueso le concernía a la FMC; si la organización representaba también a una opositora. La respuesta fue evasiva: no sabían de qué estaba hablando (aunque por aquel entonces la televisión cubana, controlada por el régimen, había demonizado una y otra vez a Roque Cabello, una de las figuras más visibles de la oposición).

Ahí me quitaron la palabra. Pero la tomó María Werlau, quien dijo representar al Archivo Cuba y preguntó por las mujeres a quienes el régimen castrista les había quitado la vida, judicial o extrajudicialmente. La respuesta oficial fue otra sarta de tonterías, pero yo me quedé con el aplomo, la elocuencia y la serenidad de aquella mujer que no perdió los estribos allí donde tantos cubanos dignos habrían replicado con insultos y consignas. María tenía la verdad en la mano y no necesitaba gritar para sacarla a la luz. Al final de la conferencia me acerqué a ella. Los dos nos dimos las gracias por nuestras respectivas intervenciones, y acto seguido le pedí que me contara del Archivo Cuba.

A partir del día siguiente empecé a donar horas y horas voluntarias a Archivo Cuba. Mi labor comenzó en el plano editorial: traducía y corregía comunicados y partes de prensa y corregía entradas en la voluminosa base de datos o en la página web. Durante ese periodo inicial tuve la oportunidad de familiarizarme con muchos casos de víctimas del castrismo y empecé a ponerles rostro a esas estadísticas espeluznantes. Fue un proceso bastante doloroso. No es lo mismo hablar de muertos en abstracto que leer casos y casos de gente con nombre, apellidos, familia, planes de vida… Casi tres años después, María —a quien tengo el privilegio de contar entre mis seres más queridos y admirados— me propuso como miembro de la junta de directores del proyecto, propuesta que acepté no con poco orgullo. En 2009, como dictan los estatutos de nuestra organización, el Archivo Cuba debía celebrar una elección. Acepté la nominación y desde entonces tengo el honor de presidir la iniciativa. Cuando se cumpla mi ciclo de presidente, espero seguir en la junta de directores. Y cuento con que habrá continuidad y relevo.

¿Cuál ha sido el papel de María C. Werlau, secretaria de la mesa y directora ejecutiva, y qué peso han tenido las investigaciones de Armando Lago, fallecido en 2008?

AR: Como mencionaba en la respuesta anterior, María Werlau es la artífice de esta iniciativa y la conoce como nadie. Aprendo de ella constantemente. Las investigaciones del doctor Lago son la base sobre la cual continuamos edificando esa catedral a la memoria histórica y la verdad que es el Archivo Cuba. María sigue siendo directora ejecutiva del Archivo Cuba y continúa en la mesa del Free Society Project como secretaria, habiendo sido su presidente hasta mi elección en 2009.

Según el proyecto, hasta la fecha se han documentado alrededor de 11.000 casos, pero consideran que deben ser muchos más, pendientes de documentar. ¿Tienen ustedes alguna cifra, aunque sea tentativa, del número de muertes ocasionadas por el castrismo?

AR: La muerte por motivos políticos es un horror. (Siempre digo que un muerto por motivos políticos ya es demasiada muerte). Y las cifras de ese baño de sangre cubano que dura más de medio siglo son horripilantes.

Sí, tenemos cifras del número de muertes ocasionadas por el castrismo. Antes de adelantar ese número, quiero invitar a los lectores a que visiten nuestra base de datos. La inscripción es gratis. A partir de ahí, podrán buscar usando diversos criterios: fecha, región, causa de muerte, a quién es atribuida —Castro, Batista, Che Guevara, facción política o gobierno—, sexo de la víctima… Antes de responderte, déjame aclarar que este número está sujeto a cambios, pues el régimen cubano continúa en el poder, sigue cobrando vidas y está renuente a colaborar dándonos acceso a información que lo comprometa. El Gobierno cubano tiene, por decirlo en términos legales, un conflicto de intereses en lo concerniente a esta iniciativa.

Se han documentado 10.029 casos hasta la fecha. Para el período de Batista, 1.246 casos se le atribuyen al régimen de Batista y 387 al Ejército Rebelde y la resistencia anti-Batista. Para el período revolucionario, 7.803 se le atribuyen al Gobierno de Castro y 291 a fuerzas anti-Castro. Aparte de esto, hay muertes por razones políticas y militares que no se han podido clasificar por falta de detalles o por haber ocurrido en circunstancias difusas. Además, tenemos varias decenas de casos perpetrados por fuerzas armadas de otros países, tales como las de Bolivia y Angola.

Entre los casos documentados que se le atribuyen al régimen de Castro hay hasta la fecha 3.669 fusilamientos, 1.276 asesinatos extrajudiciales, 424 muertes en prisión por falta de atención médica o suicidio y 1.049 muertes o desapariciones en intentos de salida del país que no se cuentan entre los asesinatos extrajudiciales.

No aparecen en el Archivo la mayor parte de los balseros que se presumen muertos, por la falta de datos sobre dichas muertes. Sin embargo, el doctor Armando Lago estimaba —decía que era un cálculo conservador— unos 70.000 muertos en el mar hasta el año 2003.

Al clasificar los casos, se intenta especificar el “gobierno o facción que provoca la muerte o desaparición”, la “causa” y el “tipo de víctima”. Observo que se consideran víctimas del castrismo a aquellos que han muerto intentando huir de la Isla, incluso cuando no obran causas políticas. Algunos observadores podrían objetar que solo se trataría de víctimas cuando han sido objeto de acciones violentas por parte del Cuerpo de Guardafronteras u otros organismos represivos, pero no cuando las muertes o desapariciones se han debido a accidentes marítimos u otras causas no directamente imputables a las autoridades cubanas.

AR: Previendo esta pregunta hice la aclaración de los balseros. En este caso, las víctimas que figuran en nuestra base de datos aparecen clasificadas según la causa de muerte o desaparición conocida. Hay 149 casos documentados de muertes y 5 desapariciones forzadas que resultan de acciones violentas por parte del servicio de guardacostas cubano y otros organismos represivos del régimen, así como quienes murieron en el territorio minado de la Base Naval de Guantánamo. Ese campo de minas está en territorio cubano y por tanto sus muertos forman parte de la lista de víctimas del castrismo.

Ustedes intentan reportar las muertes “con objetividad, transparencia e imparcialidad”, se citan las fuentes y los “conflictos de evidencia entre ellas”. Dado el secretismo que rodea a las víctimas del Gobierno cubano, ¿en qué medida es esto posible? ¿En qué medida hay, por razones de información disponible, un cierto grado de subjetividad? El sitio advierte que “no ofrece garantías de que cualquier o todos los detalles de los casos reportados en este sitio sean ciertos, exactos, o confiables”. Y admite que “algunos datos contenidos en este sitio pudieran considerarse ofensivos, dañinos, incorrectos, o de cualquier forma poco apropiados, e incluso en algunos casos podrían resultar siendo engañosos por parte de alguna de las fuentes originales de la información”. Creo que es algo inevitable cuando se trabaja con datos testimoniales y fuentes muy diversas, sin olvidar el secretismo que impera sobre estos temas. ¿Cuentan ya con algún proyecto para depurar estos “conflictos de evidencia” o solo será posible cuando se abran todas las fuentes y se practique una investigación a fondo por una verdadera comisión de verdad y justicia?

AR: Tenemos el deber ético de explicar las limitaciones de este trabajo y debemos tomar precauciones para actuar dentro de la ley con respecto al uso de información delicada y que, al clasificarla sistemáticamente para los fines de la base de datos, está sujeta a interpretaciones así como a errores.

La depuración de los conflictos de evidencia es parte de los objetivos de nuestra iniciativa y es una obra continua. No necesita un proyecto aparte. La base de datos es muy rigurosa al representar las fuentes de la información para cada caso. A medida que vamos encontrando más fuentes testimoniales primarias, vamos mejorando la documentación. Para aquellos casos que solo se han construido sobre fuentes bibliográficas secundarias hemos encontrado duplicados que presentan inconsistencias en la fecha de nacimiento o de muerte, o en la ortografía del nombre o apellidos de alguna víctima, o en el lugar o la causa de la muerte. Cuando evaluamos que se trata de la misma persona en lugar de dos (o más), consolidamos los casos y se presentan las discrepancias en el archivo correspondiente. Uno de nuestros objetivos es que cuando Cuba logre una transición democrática y se establezca en la Isla un estado de derecho, el Archivo Cuba sirva de base a una comisión de memoria, verdad y justicia.

Una singularidad de este proyecto, y que es ejemplar en cuanto a su carácter humanista y apartidista, es que “abarca eventos a partir del 10 de marzo de 1952 (fecha en que Fulgencio Batista suspendió el gobierno democrático constitucional en Cuba). Toma en cuenta hechos que han tenido lugar dentro o fuera de la Isla y que han afectado a cubanos y no cubanos por igual. Todos los casos se investigan y documentan sin importar los atributos o afiliaciones políticas, ideológicas u otras de las víctimas”. Es decir, que se documentan las víctimas del batistato con el mismo énfasis que las del castrismo, las ocasionadas por acciones del Gobierno cubano y las ocasionadas por grupos opositores. ¿Se cumple esto rigurosamente? ¿No se cargan las tintas, como sería previsible, en las víctimas del Gobierno y no de la oposición, en las del castrismo y no en las del batistato?

AR: Esta premisa se cumple rigurosamente. A riesgo de ser repetitivo: todos los casos se investigan y documentan sin importar los atributos o afiliaciones políticas, ideológicas u otras de las víctimas. Cuando decidí involucrarme en este proyecto, fue esa una de las peculiaridades más atractivas del mismo. Las tintas no se cargan en las víctimas del Gobierno y no en la oposición, ni en las del castrismo en lugar de las del batistato. Pero hay un hecho incontestable y aunque parezca una declaración parcial o una perogrullada lo voy a mencionar: la tiranía de Batista duró siete años; el totalitarismo de los hermanos Castro multiplica ese número por siete, suma y sigue. Las víctimas de la oposición, que es variopinta y fragmentada, no pueden igualar ni acercarse de lejos a las de esa maquinaria represiva que es el castrismo. Las circunstancias me obligan a añadir que la oposición lleva décadas comprometida con el accionar cívico y pacífico. Y el régimen no ha perdido un ápice de beligerancia. No olvidemos que donde la oposición grita “¡Vivan los derechos humanos!”, el régimen le responde con “¡Socialismo o muerte!”; esto es, la muerte como única alternativa a su sistema político.

Ahí tienes el caso de Laura Pollán, esa digna maestra de más de sesenta años que hasta hace unos días fue fundadora y líder de las Damas de Blanco. Por el momento, más allá de los incontables actos de repudio y los golpes en la vía pública, no tenemos pruebas que indiquen que se trata de un asesinato extrajudicial. Pero el cadáver de Pollán fue cremado a las tres de la mañana, como si el régimen intentara borrar las huellas del delito. No es la primera vez que lo hace, pero esperemos que sea la última.

De acuerdo con la página, Archivo Cuba es una iniciativa de Free Society Project, Inc., sin ánimo de lucro y cuyos miembros trabajan en su mayor parte ad honorem. ¿Cómo es posible, en estos tiempos difíciles, mantener un proyecto de esta naturaleza con una financiación mínima?

AR: Es muy difícil mantener el proyecto con una financiación mínima. Es muy difícil, pero no imposible. Archivo Cuba no tiene empleados. Contamos con las horas de trabajo de los miembros de la junta de directores, así como con la labor de voluntarios que nos ofrecen sus servicios o su tiempo libre de costos. También contamos con la generosidad de usuarios que visitan nuestra base de datos y hacen clic en el botón de donaciones. (Cualquier contribución, por mínima que parezca, es bienvenida). Por último, hemos recibido en el pasado dos módicas becas de Freedom House, con el fin de trabajar en nuestra base de datos y realizar proyectos puntuales. Seguimos avanzando gracias al sacrificio propio y la caridad ajena. Si contáramos con mayores recursos podríamos avanzar muchísimo más y lograr mayor diseminación de las investigaciones.

Archivo Cuba aclara que no es una Comisión de Verdad y Justicia, como las puestas en prácticas por gobiernos democráticos tras la transición y que cuentan con los medios para realizar investigaciones oficiales de gran alcance, pero aspira a que su trabajo sirva de cimiento para un futuro proceso de esa naturaleza. La experiencia histórica ha demostrado que si bien no se construye futuro sobre la venganza, tampoco se construye sobre la amnesia, que solo deja heridas cerradas en falso, sociedades atragantadas con su pasado durante decenios, y todo ello obstaculiza más que facilita la transición y la reconciliación. Por ello, el proyecto “se fundamenta en la creencia de que es necesario conocer y reconocer las injusticias sistémicas —pasadas y presentes— para propiciar el bienestar psicológico tanto de los sobrevivientes como de la sociedad como un todo. Se piensa que la recuperación constructiva de la verdad ayuda a la sociedad a fomentar la reconciliación y la justicia, lo que a su vez le posibilita mayor control en la construcción de su futuro. A su vez, se cree que el promover una cultura de respeto por la vida y por el estado de derecho ayuda a prevenir que se cometan más atrocidades”. En ese sentido, entronca con iniciativas similares en el cono sur americano, en Sudáfrica y con la ley española de Memoria Histórica. Cuando se habla de “reconciliación” y de “justicia”, ¿no estaríamos invocando conceptos antagónicos? ¿Hacer justicia no atentará directamente contra la reconciliación? E incluso el propósito de hacer justicia el día después, ¿no enconará en el poder a los responsables de esos desmanes, ante el temor a ser juzgados, y levantará barreras a una transición incruenta? Sudáfrica optó por una suerte de “justicia moral”, para propiciar la reconciliación. España ha optado durante decenios por una especie de borrón y cuenta nueva, sucedáneo del olvido, y en el cono sur se han dictado leyes de punto final. ¿Cómo ven ustedes, en una Cuba democrática del mañana, la conciliación entre “justicia” y “reconciliación”?

AR: En efecto, Archivo Cuba no es una comisión de Verdad y Justicia; nuestra iniciativa pretende servir de base a una futura comisión de esta índole, cuando se restituya el orden constitucional en Cuba y se restaure el respeto pleno a la integridad de todos sus habitantes. Le entregaríamos todo el material acumulado a dicha comisión.

No soy partidario del borrón y cuenta nueva, como tampoco soy partidario del crimen impune. Ni pienso que “reconciliación” y “justicia” sean términos mutuamente excluyentes. Y esta es mi opinión personal, que no refleja necesariamente la posición de Archivo Cuba al respecto. Aunque sí te confieso que si algo nos ha aglutinado a los miembros de la junta de directores de nuestra organización es un profundo respeto por la vida y la creencia de que las víctimas de la barbarie patria no deben ser barridas bajo el sofá para dar la apariencia de que la casa está limpia. De igual modo, quiero aclarar que ninguno de los miembros de Archivo Cuba clama por esa “licencia para matar” con la que tanto asusta el régimen cubano a nuestro pueblo. No seremos nosotros los instigadores que saldremos a la calle pidiendo a gritos “¡paredón!”. Ya eso lo hizo Fidel Castro hace cincuenta años y la estela de muertos es su legado.

Regreso a tu pregunta: dicha comisión de Verdad y Justicia no es nuestra tarea; en primer lugar, porque no tenemos ni recursos ni potestad para llevarla a cabo. Ese paso es responsabilidad del pueblo cubano de una Cuba democrática. Cuando todos los actores —víctimas y perpetradores— puedan sentarse a reconstruir la nación, habrá que examinar cuidadosamente el pasado —para no caer en la tentación de repetirlo— y honrar la memoria de todos los caídos en este largo proceso que ha desangrado a la Isla. Será el pueblo cubano quien se encargue de determinar las pautas de la reconciliación futura.


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