cubaencuentro.com cuba encuentro
| Entrevistas

Enfoque latinoamericano

Sin dogmas ni jerarquías: una espiritualidad por la paz y la justicia

Con esta entrevista Cubaencuentro continúa la serie en que especialistas responden a preguntas sobre los desafíos de la región, formuladas por el historiador Armando Chaguaceda

Comentarios Enviar Imprimir

María López Vigil, periodista y escritora, nacida en Cuba, reside fuera de la Isla desde la década del 60 y es una voz autorizada sobre los fenómenos religiosos y su nexo con la realidad latinoamericana. Profesa y vive una fe y praxis liberadoras, que se nutren de su formación familiar, la experiencia de sus años como religiosa y el continuo involucramiento como activista social, preocupada por los derechos pisoteados de las mujeres, los pobres y la Naturaleza, lo que valió en 1981 unos días de cárcel bajo la dictadura salvadoreña y la actual hostilidad del “progresismo” orteguista.

Reside desde hace treinta años en Nicaragua y trabaja como jefa de redacción de la revista Envío, de la Universidad Centroamericana, uno de los principales medios de análisis y crónica sociopolítica centroamericanos, que desenmascara las políticas neoliberales, providencialistas, personalistas y autoritarias de los sucesivos gobiernos de la región.

Dotada con una extraordinaria mezcla de energía, lucidez y bondad, María accedió a compartir sus experiencias y saberes con los lectores de Cubaencuentro.

Ha comenzado la segunda década del milenio y los fenómenos vinculados a las distintas expresiones de la fe religiosa continúan siendo noticia en todo el orbe. ¿Qué lugar cree usted ocupa lo religioso en la vida de esta humanidad “globalizada y postmoderna”? ¿Cuál rol debería jugar?

María López Vigil (MLV): La fe religiosa, las creencias religiosas, la religiosidad, son consustanciales al ser humano. Los científicos evolucionistas consideran que tienen una explicación biológica. Nos ayudan a sobrevivir, a hacer más llevadero “el dolor de ser vivo”, la “pesadumbre de la vida consciente”. Esa base biológica ha adquirido a lo largo de nuestra historia muy variados envases culturales. En ese sentido, nuestra especie, ahora globalizada y postmoderna, sigue necesitando encontrar “sentido” más allá de la realidad que conoce.

Durante el último siglo muchos pensaron que bastarían los acelerados avances científicos y las transformaciones sociales y económicas para extirpar del cerebro humano el “gen de Dios” (así lo llama el revelador libro del neurocientífico estadounidense Dean Hamer). No ha sido así. Incluso, vemos cómo se van afianzando interpretaciones y prácticas fanatizadas, fundamentalistas, en prácticamente todas las familias religiosas del mundo. Las incertidumbres de nuestro tiempo —que abarcan desde las ya presentes catástrofes ambientales hasta el temor a un ataque terrorista, pasando por esa “mutación” social que es el desempleo masivo— justifican la necesidad de hallar sentido religioso a lo que nos rodea y percibimos como incontrolable y amenazante.

A lo largo de la historia las ideas religiosas han dado identidad cohesionadora a pueblos enteros y han jugado tanto el rol de adormecer la conciencia y alienarnos de la realidad como el rol de movilizar la conciencia para que transformemos la realidad embelleciéndola y haciéndola más justa. Han contribuido a la violencia y a la intolerancia y también a la convivencia y a la compasión. Nos han deshumanizado y han contribuido a una mayor humanización. Es lo que sigue ocurriendo.

La espiritualidad, esa forma superior de “lo religioso” que no asume ni la jerarquía, ni la organización, ni los ritos y los dogmas de las religiones, juega actualmente un rol fundamental en la construcción de la paz y la justicia.

¿Cómo valora el estado de lo religioso, en su triple condición de doctrina, institución y movimiento, en la actualidad de las Américas? ¿Hay estancamiento, renovación o retrocesos?

MLV: En América Latina “lo religioso” sigue siendo mayoritariamente cristiano, en sus dos versiones: la católica y la protestante. En los últimos tiempos, en ambas familias se han ido profundizando las creencias más desconectadas del compromiso con la realidad social, prevaleciendo y promoviéndose las creencias orientadas a cumplir con ritos y cultos, a la espera de milagros (especialmente “sanaciones” de enfermedades) a cambio de diezmos y promesas. El carismatismo católico y el pentecostalismo evangélico dominan la escena y es notable que en ellos se ha sustituido lo “social” por lo “sexual”. El compromiso social no es ya una seña de identidad de los creyentes cristianos y lo es la moral sexual más conservadora.

La institución católica, su jerarquía (cardenales, obispos, sacerdotes) siguen teniendo una influencia decisiva sobre los funcionarios públicos y sobre las políticas públicas de los gobiernos (especialmente en salud y educación). Esto sucede en todas partes: desde el más moderno Gobierno de Chile hasta los más pre-modernos Gobiernos de Centroamérica. Las iglesias evangélicas, aunque ganan cada día más la conciencia popular y están creciendo en barrios y comarcas rurales de todos los países, no logran tener la relevancia que monopolizan las jerarquías católicas por razones históricas, a pesar de que comparten posiciones similares en los temas morales que han hecho prioritarios: los referidos a la sexualidad humana.

En esta situación, aun cuando una mayoría de constituciones de nuestros países declaran que el Estado es laico, ese principio no se respeta. Existe en el país legal, pero en el país real no se cumple porque no existe una conciencia laica que “desde abajo” obligue a que se cumpla.

¿Cuáles serían hoy los principales rasgos y efectos de la relación entre religión y política en Latinoamérica?

MLV: Con variaciones, la religión en América Latina tiene cuatro principales referentes: Dios, Jesús, María y la Biblia. En general, veo generalizados en la religión de la mayoría tres rasgos fundamentales. Los tres tienen consecuencias políticas.

Es una religión sin historia. Desconocemos que la idea de Dios ha evolucionado a lo largo de la historia de la humanidad y que esa idea la construimos los seres humanos. Nunca contrastamos la idea de Dios con los avances de la ciencia (la ignorancia científica es generalizada). Tampoco Jesús de Nazaret es sentido como un ser histórico. Es “Dios disfrazado de hombre” que vino a “morir por nosotros”. Desconocemos los conflictos sociales, culturales y religiosos que vivió aquel “judío marginal” en el país donde vivió e ignoramos el conflicto que culminó en su asesinato. No asumimos que Jesús de Nazaret transformó radicalmente la idea de Dios que predominaba en su religión. Por consecuencia, María tampoco es una mujer histórica y lo que de ella creemos son los mitos y dogmas extravagantes que la ocultan. Como consecuencia, tampoco la Biblia tiene historia. La consideramos escrita o dictada por Dios. No la ponemos en su lugar, considerándola como lo que es: un producto cultural de un tiempo y un espacio lejanos y concretos, escrita por hombres concretos y por eso, tan llena de hermosos textos como plena de contradicciones y de violencia y sin respuestas para muchos de los problemas que hoy nos preocupan.

Es una religión basada en el miedo. La idea de Dios más generalizada no se asocia a la fiesta, a la alegría, al placer, a la belleza. Predomina una idea que lo asemeja a los caudillos y dictadores que nos han gobernado. Es un Dios que controla todo lo que hacemos para castigarnos o premiarnos. Arbitrariamente, a unos mata y a otros salva, a unos enferma y a otros cura, y para lograr sus favores demanda incondicionalidad, sacrificios, sufrimientos. De ese Dios dependemos totalmente: es su voluntad y no nuestra responsabilidad la que hace a unos pobres y a otros ricos. Ejerce su poder para imponerse y ser temido. Tenerle miedo a Dios —y al infierno con que nos amenaza— nos impide pensar libremente en lo que debemos hacer y decidir autónomamente asumiendo nuestras responsabilidades. La idea de Dios, concebido como máxima autoridad y supremo poder, condiciona cómo nos relacionamos con las autoridades públicas. Quien se ubica ante Dios como siervo, ¿no tendrá dificultades para ubicarse ante la autoridad como ciudadano?

Es una religión masculina. El Dios en quien creemos es imaginado como Varón. Quien nos “salva” es también varón: Jesús. (Al identificar a Jesús con Dios reforzamos la imagen masculina de Dios). Y para colmo, quienes representan a Dios son siempre varones. Esa religión masculina, enraizada en nuestras mentes, alimenta el machismo que discrimina a las mujeres, considerándolas inferiores. Justifica y legitima la inequidad entre mujeres y hombres.

Esa religión, sin historia, con miedo y con machismo tiene consecuencias sociales, culturales y políticas. Para mí, ése es el principal problema en cualquier reflexión que hagamos sobre las relaciones entre religión y política en América Latina.

América Latina ha sido terreno de gestación y confluencia de visiones de lo religioso de amplio impacto social. La promesa radical de la Teología de la Liberación (en adelante TdL) ha sido un ejemplo de esto. ¿Cómo valora la pertinencia de esas propuestas para la solución de los persistentes problemas de la región?

MLV: Las propuestas fundamentales de la TdL siguen teniendo plena vigencia en el escenario actual de América Latina (el pecado no es sólo individual, es también estructural; la violencia institucionalizada justifica una violencia de respuesta; la opción por los pobres es central, no porque los pobres son buenos sino porque son pobres y para que dejen de serlo; no se trata de no tener enemigos sino de amarlos…). Sin embargo, el panorama de América Latina ha cambiado bastante y nuevas realidades (emigración, narcotráfico, democracias electorales…) que requieren de actualizaciones.

Para hablar sobre la pertinencia de la TdL en la actualidad hay que tener en cuenta dos factores. La TdL fue reprimida masiva y selectivamente desde el Vaticano, con la complicidad de los gobiernos dictatoriales latinoamericanos, aliados a la mayoría de las jerarquías católicas nacionales, y eso explica en gran medida la actual falta de relevancia y hasta de presencia en el continente de esta corriente teológica. Hay que tener en cuenta también que la TdL tuvo vacíos importantes, que hoy vamos descubriendo y llenando. El más importante: los conflictos de género (también los étnicos y los ecológicos) quedaron por fuera de la reflexión de la TdL, centrada exclusivamente en la contradicción social y política entre ricos y pobres, olvidando que no es lo mismo una mujer pobre que un hombre pobre, porque por pobre que sea un hombre siempre tiene el poder que la cultura le asigna por ser hombre.

Hoy, la teología feminista y el ecofeminismo han venido a cuestionar el androcentrismo y la misoginia de la teología tradicional, rasgos también presentes en la TdL, rescatando la reafirmación del cuerpo (con la crítica de la teología sacrificial), de lo cotidiano y de lo subjetivo como lugares teológicos.


Los comentarios son responsabilidad de quienes los envían. Con el fin de garantizar la calidad de los debates, Cubaencuentro se reserva el derecho a rechazar o eliminar la publicación de comentarios:

  • Que contengan llamados a la violencia.
  • Difamatorios, irrespetuosos, insultantes u obscenos.
  • Referentes a la vida privada de las personas.
  • Discriminatorios hacia cualquier creencia religiosa, raza u orientación sexual.
  • Excesivamente largos.
  • Ajenos al tema de discusión.
  • Que impliquen un intento de suplantación de identidad.
  • Que contengan material escrito por terceros sin el consentimiento de éstos.
  • Que contengan publicidad.

Cubaencuentro no puede mantener correspondencia sobre comentarios rechazados o eliminados debido a lo limitado de su personal.

Los comentarios de usuarios que validen su cuenta de Disqus o que usen una cuenta de Facebook, Twitter o Google para autenticarse, no serán pre-moderados.

Aquí (https://help.disqus.com/customer/portal/articles/960202-verifying-your-disqus-account) puede ver instrucciones para validar su cuenta de Disqus y aquí (https://disqus.com/forgot/) puede recuperar su cuenta de un registro anterior.