Actualizado: 20/04/2019 14:23
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Literarura, Exilio

Sindo Pacheco, Miami

“Esto lo ha dicho mucha gente, pero yo lo repito: Algo falta en el espíritu humano, por muy bien que uno parezca, cuando se vive lejos de la tierra donde se ha nacido”

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Sindo Pacheco (Cabaiguán, 1956). En 1990 recibió el Premio de Narrativa de El Caimán Barbudo; en 1994 el Premio Casa de las Américas con la novela María Virginia está de Vacaciones; y en 1995 el premio Bustar Viejo, de Madrid, España, por su cuento “Legalidad Post Mortem”.

Ha publicado el libro de cuentos Oficio de Hormigas (1990), y las novelas Esos Muchachos y María Virginia está de Vacaciones, reeditada varias veces y que recibiera además el premio anual La Rosa Blanca que concede la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, y el Premio de la Crítica a las mejores obras publicadas en Cuba durante 1994. En 1998 la Editorial Norma, de Colombia, publicó su novela juvenil María Virginia, mi amor (finalista del Premio Norma-Fundalectura); y en 2001 su novela Las raíces del tamarindo resultó finalista del Premio EDEBÉ, y fue publicada por esta editorial en Barcelona. En 2009 publicó Mañana es Navidad por la editorial Iduna, de Miami, y en el presente año, en Cuba, El Beso de Susana Bustamante, novela para niños ambientada en la Isla. Cuentos suyos han aparecido en las antologías Cuentos de la RemotaNovedad, Los muchachos se divierten, Diana, Fábulas de ángeles, Antología del cuento espirituano y Punto de partida, entre otras, tanto en Cuba como en el extranjero.

¿Por qué decidió vivir fuera de su país?

Sindo Pacheco (SP): En 1996, fecha en que salí, prácticamente estar vivo en Cuba era una tragedia, máxime para una persona con una diabetes tipo uno en estado superagresivo; sin embargo, no pensaba entonces radicarme permanentemente en el exterior. Estaba con mi esposa en Costa Rica, en una situación económica bastante difícil, cuando mi hija, de 14 años, llegó unos meses después. Al poco tiempo la niña empezó a llorar todas las noches por regresar a la Isla, a su escuela, a su entorno, a tal punto que pensé que podía enfermarse. Un día no pude soportar aquel dolor y preparé las maletas del regreso. La niña se puso tan contenta que se pasó la noche entera hablando y hablando con una alegría nerviosa indescriptible. Al día siguiente fui a las oficinas de Cubana de Aviación en San José a solicitar ayuda —mi esposa y yo teníamos pasaje de regreso que caducaba en un par de semanas, pero la niña había llegado con un boleto de ida. Hablé con el funcionario cubano de la aerolínea, le dije que el vuelo La Habana-San José iba y venía con tres cuartas partes de su capacidad enteramente disponible, le expliqué que no tenía los trescientos dólares o algo así para el pasaje de la niña, que se los pagaría poco a poco, en pesos cubanos o en divisas, incluso siendo su esclavo si fuera pertinente. Pero fue como hablar con una piedra, ni siquiera quiso consultar con su supervisor. Nunca antes me había sentido tan abandonado.

¿De qué manera salió de Cuba?

SP: Salí invitado por la Universidad Nacional de Costa Rica. Estuve tres meses por allá ofreciendo charlas, conferencias y realizando talleres de creación. Volví a Cuba con una invitación de trabajo y por esa vía pude volver a San José con mi esposa a preparar la llegada de nuestra hija, de lo cual ya hablé. Luego tuvimos que hacer un millón de maromas para poder llegar como ilegales a Estados Unidos, en un tiempo en el cual tener un pasaporte cubano era un estigma en casi toda Centroamérica. Fue una travesía muy, pero muy tortuosa.

¿Le ha resultado muy difícil adaptarse al sitio en donde reside hoy?

SP: Creo que Miami es el lugar donde menos se extraña a Cuba en todo el mundo. A eso influye el clima, la gente, el idioma… Aún así, nos abraza ese sentido de pertenencia perdida que significa vivir en lejanía. Esto lo ha dicho mucha gente, pero yo lo repito: Algo falta en el espíritu humano, por muy bien que uno parezca, cuando se vive lejos de la tierra donde se ha nacido, como si todo lo que nos rodea fuera falso. Creo que el nacimiento de uno en un lugar determinado es una condición divina más que humana.

¿Cuál ha sido su trayectoria artística en su actual lugar de residencia?, ¿qué logros ha obtenido?

SP: Estando aquí he publicado Las raíces del tamarindo, finalista del Premio EDEBÉ, de Barcelona. María Virginia mi amor, editorial Norma, Colombia, la noveleta Mañana es Navidad, editorial Iduna y editorial Eriginal Books, ambas de Miami, y la novela para niños El beso de Susana Bustamante, editorial Gente Nueva, La Habana. Durante ese tiempo se han reeditado María Virginia está de Vacaciones (Plaza Mayor, de Puerto Rico, Gente Nueva en Cuba, y Eriginal Books de Miami, de próxima aparición), así como María Virginia mi amor (Gente Nueva y Eriginal Books) y Las raíces del tamarindo por la editorial El Barco Ebrio.

¿Qué opina de la sociedad de la que ahora forma parte?

SP: Es una sociedad con un nivel de bienestar bastante elevado con relación a Cuba y a otros países del continente. Uno deja de pensar en la comida, en el transporte, en la higiene, para ocupar la mente en otras cosas. En el plano literario la cosa es diferente y muy frustrante. La literatura solamente nos importa a un grupo de locos, que seguimos creyendo en las palabras, un arte subvencionado en casi todo el mundo. Cualquier municipio de España tiene su evento literario, apoyado por el capital privado como El Corte Inglés, la Caja Canaria, la Caja de Ahorros del Mediterráneo, etc. En Estados Unidos, con más de 40 millones de hispanos (más que en España), ninguno mueve un centavo para crear un concurso literario, un evento, una revista especializada, para promover el legado de la hispanidad. Y eso no está bien. Yo creo que la literatura es la memoria de los pueblos. Un pueblo sin literatura es un pueblo con Alzhéimer. Ojalá siempre haya libros y lectores.

¿Alguna otra observación para los lectores de CUBAENCUENTRO?

SP: Bueno, enviarles mis parabienes a los que hacen que esa publicación siga viva, alimentando el espíritu de los cubanos, tanto de los de adentro como los de afuera, y un saludo a sus innumerables lectores.


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