Actualizado: 18/07/2019 14:23
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Comunicación

«Soy un disidente de la porquería»

Charla con el diseñador cubano Erik Ravelo, director creativo de la revista 'Colors', un proyecto del Grupo Benetton.

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Erik Ravelo podría clasificar en la categoría de "Cubanos por el mundo". Desde el año 2002, cuando ingresó en el proyecto Fabrica, centro del Grupo Benetton dedicado a la investigación de la comunicación, no ha parado de crear, de "tirar piedras", como gusta decir, porque "quién sabe si sin querer, de chiripa, agarra el blanco". Tampoco de viajar: Vanuatu, una isla perdida del Pacífico, está entre sus últimas aventuras.

Nacido en La Habana, el 21 de julio de 1978, enrumbó hacia Argentina a finales de la década del noventa, y cuando la cosa se puso fea allí, Italia fue la próxima parada. Un tren lo llevó a Fabrica, en la ciudad de Treviso, con un "saco de ganas" y un sueño. Desde entonces, su mucho ingenio y "sabor personal" le han permitido firmar más de una campaña de Reporteros Sin Fronteras, Médicos Sin Fronteras, la FAO y la Organización Mundial de la Salud, así como exposiciones de arte, además de trabajar de lleno en la concepción de la revista Colors, de la que es director creativo.

Aunque el tiempo no le sobra, Ravelo ha aprovechado la oportunidad de acercarse a los lectores de CUBAENCUENTRO.com, entre los que se cuenta, para hablar de sus experiencias en el mundo del diseño gráfico, la comunicación "que tiene que ver con el arte", y también de Cuba, con su particular visión desde la lejanía.

Tu firma está detrás de muchas campañas de Reporteros Sin Fronteras (RSF), entre otras organizaciones. ¿Cómo te has involucrado en estos proyectos? ¿Qué opinas de su efectividad?

La verdad es que mi firma está detrás de algunas campañas de RSF porque Fabrica, donde trabajo entre cosa y otra desde hace casi seis años, tuvo contacto con RSF, y nos pidieron proyectar campañas para ellos. En esa época, yo no estaba involucrado mucho en la cuestión y no tenía idea de qué cosas hacía. Después entendí quiénes eran y la verdad es que me impresionó mucho. Hicimos varias propuestas creativas y a ellos les gustó mucho una que hice, que ya ustedes publicaron una vez y fue cuando les escribí por primera vez.

Mi abuela en Cuba tenía unas estatuicas de los tres monitos. Esos que se tapan la boca, los ojos y las orejas. Y de ahí me vino la idea. Quería romper esa imposibilidad que tenemos muchas personas, por desgracia, de hacernos escuchar, de ver, de saber qué cosa pasa en realidad, o cuando menos, tener la posibilidad de ver desde dos lugares diferentes y entonces poder hacer un juicio más objetivo.

Pienso, sobre todo, como una especie de reacción a la caja cerrada, la celda lúgubre, la humedad que entume el cerebro y lacera la voluntad. No sé si son efectivas estas cosas, pero sería como decir: vale la pena que un hombre se plante delante de lo imposible o quiera jugar una partida que parece perdida. O si un náufrago debe olvidar la palabra, o si le debes dar de comer a alguien que tiene contados sus días. Al menos pruebo a golpear como puedo al feo, quería tirar una piedra al aire.

Mi tirapiedras siempre fue incrédulo, por eso nunca permití dejar crecer el polvo. Puede ser que nunca le des a nada, pero tiro hasta que mi liga se desgaste, porque si no, sé que el tiro al blanco se divierte y quién sabe si, sin querer, de chiripa, lo agarro. No importa si se ve o no el sentido a algunas cosas, se hacen y punto. Si alguien en cualquier lugar del mundo las vio y pensó, aunque sea por un segundo, me basta. Si estás solo en medio del mar y no mueves los brazos, seguramente nadie te verá, y entonces lo más efectivo será moverlos.

Como cubano, teniendo en cuenta que el gobierno de la Isla es uno de los más criticados por RSF, ¿qué ha significado para ti participar en estas campañas?

Me encantó hacer campañas para RSF, como cada vez que tengo la posibilidad de hacer algo con un profundo contenido social. Trabajar para comunicar cosas que puedan ayudar, o dar a conocer una situación de crisis o necesidad de atención por parte de la gente, siempre tiene un sabor especial. Cuando he trabajado para la OMS en campañas contra la tuberculosis en África y Asia, o la violencia doméstica, para la donación de sangre en las zonas de guerra, o para Médicos Sin Fronteras, siempre me apasiono igual.

Soy un poco cínico, porque no pienso demasiado en mí, en si me gusta o no, sino en que el mensaje llegue, sea efectivo, y a veces eso trae una especie de renuncia a ciertos criterios. Aunque soy una especie de muchachito simple de La Habana, un buen filtro para saber si algo se entiende, o es demasiado complicado o rebuscado.

Las campañas de comunicación, a diferencia del arte, no pueden dejar tanto espacio a la interpretación. Debe ser un mensaje claro y la mayor parte de las veces accesible a personas que no tienen un nivel intelectual demasiado refinado. Lo que me fuerza constantemente a trabajar con un nivel de interpretación popular. Pero nunca he pensado que no pueda ser profundo e intenso, o no pueda tocar bien dentro, donde mueve pensamientos. Sería ilógico pensar que no me siento más involucrado cuando es algo familiar o que he padecido en carne propia.

Vivo en el exilio desde hace doce años y queda impregnado en el pellejo la impotencia delante de ciertos malabares. Es un granito de arena que puedo aportar a una voz que timbra bajo después de tanto callar. Es ejercitarla después de un largo ayuno. Pero es una voz que se alza y no puede ser callada así de fácil. No puedo ser ajeno a la injusticia, sea en Cuba, el Congo o en la mismísima Antártida. Soy un disidente de la porquería, sin distinción de razas ni nacionalidades.

¿Has traspasado las fronteras de lo profesional para implicarte personalmente?

Trabajar para RSF no fue una reivindicación, fue para Cuba, pero no sólo para Cuba. Hay periodistas en todo el mundo que mueren o son encarcelados y me siento en el deber de defender, si tengo la posibilidad, a todas las personas que desean ejercitar su derecho a decir, sea un miembro del partido gay en Italia, un indio de Suramérica, un astronauta o un minero. En Cuba pasan muchas cosas equivocadas, absurdas, pero me doy cuenta que pasan en todo el mundo. Y mi ronquera no me viene sino de gritarlo alto.

Te parecerá extraño, pero casi no pienso en Cuba. Como tampoco en ciertas damas que me amaron, pero nunca como las amé yo, y que me botaron. O al menos no así como se puede imaginar en carne viva.

La cosa peor es no tener más ganas, y que las ganas muten en deseos incontenibles de otros horizontes. Hay un mundo enorme afuera y hay que ver un montón de cosas que no sabemos ni tenemos noción de que existen, porque siempre fuimos tres monitos. La cosa peor, quiero decir con respecto a Cuba, porque me siento cubano-cubano, pero últimamente también humano. Me concentro en ese momento. Si puedo transmitirlo, es una bendición. Soy un curioso incurable y eso me tapó bastante la hemorragia que dejaron aquellos trastazos. Después de toda esta muela, te digo que, por desgracia o por suerte, me involucro emocionalmente en todo lo que hago con pasión.

¿Cuál es el itinerario, digamos el camino, que recorre el proceso creativo en una campaña como las que has realizado para RSF o la OMS?

Pensar una campaña no es fácil, puede ser muy estresante, pero hay trucos y mañas. Trabajar para organizaciones tipo RSF o OMS no es particularmente difícil. Me divierto cuando encuentro una buena idea. Es, más que todo, buscar en las experiencias, es jugar mucho con los lugares comunes de las personas, lo que todos entienden.

Para alguien que viene de Cuba, no es difícil cerrar los ojos y recordar cómo se sintió una vez en determinada situación, y cómo puede expresarla y que la gente la entienda. Mira, a Omar Santana todo el mundo lo entiende. Es muy parecido como proceso creativo. Los cubanos tenemos un background de vivencias increíble, un ajiaco de sensaciones interminables. Y tener la capacidad de jugar con iconos, mezclarlos, y dar nuevos sentidos a las cosas, es muy divertido. Hace poco hice un retrato de Mao vestido de Dalai Lama. Agarré una foto de Mao y una del Dalai Lama, y las mezclé, le puse la túnica y los espejuelitos del Dalai Lama a Mao.

Y el concepto nace así, quería hablar de integración, de la necesidad del diálogo, de que uno se meta en el lugar del otro. Es una especie de juego que me divierte, es mi Atari. Y, a la vez, es efectivo y funciona para comunicar cosas de las cuales estamos carentes.

¿Cómo te relacionaste con el grupo Benetton, hasta llegar a ser director creativo de la revista Colors?

Desde siempre leí Colors en Argentina. Es muy conocida entre diseñadores y fotógrafos y artistas varios. Cuando llegué a Fabrica, la revista la hacían en ese momento aquí, porque estuvo mucho tiempo en Estados Unidos. Y pasaron casi cinco años de otras cosas, hasta que un día la señora Laura Pollini, directora de Fabrica, me dijo: 'Hey, ¿por qué no haces un número de la revista tú?, ya que jodes tanto'.

Uno de los últimos números dedica un capítulo a la "Operación Milagro", al intercambio de médicos cubanos por petróleo venezolano. ¿En qué consistió este trabajo?

El año pasado, Benetton hizo una campaña en favor del microcrédito en África y me pidieron hacer algo relacionado con eso; pero me parecía aburrido, después de una campaña grande, hacer un número sobre lo mismo, y decidí hacerlo sobre el dinero, "el guanikiki". La revista tiene el concepto de "una revista sobre el resto del mundo". Así que pensé hacer un número sobre el resto del dinero, las diferentes maneras de afrontar la institución llamada dinero en diferentes lugares.

Fuimos hasta Vanuatu, una isla en medio del Pacífico en la que para llegar tienes que tomar muchos aviones y donde los billetes son esqueletos de puercos. Quise dedicar un pedazo a Cuba y Venezuela, y a la "Operación Milagro". Un médico que va a Venezuela a trabajar y Cuba recibe petróleo como parte del intercambio, me parecía metafóricamente como si se volviera un billete para pagar algo.

Y como la revista trataba de esas cosas que en el mundo encontré como dinero, pero que no eran dinero como estamos acostumbrados, o no responden a nuestra concepción de dinero, funcionó. Quien lee la revista entiende un poco el drama humano detrás de toda operación así de milagrosa. Cuando una persona en Venezuela abre un ojo y logra ver, pareciera que en Cuba se enciende un lucecita en algún rincón oscuro, y alguien logra ver. Me resulta extraño que uno en Rusia abra un ojo y otro en Brasil vea por él.

Pa' no entrar en política, me confundo entre lo macabro y lo poético de una situación así de loca, ¿no? Tengo un amigo que pinta con el petróleo de la Bahía de La Habana, Noel Morera, y pinta apagones. Eso es un milagro, porque no tiene pintura para pintar, y ya ni sábanas, porque las pintó todas, o las embarró!!!

Y a La Habana fuiste también en esa incursión para buscar el "dinero humano"…

Mandé a un fotógrafo a Caracas y logró la autorización, diciendo que era para algo educacional, de hecho lo es. Y el resto lo hice en Cuba, en una visita de 21 días, cuando murió quien fuera mi segunda madre. La Habana me pareció oscura, después de diez años sin ir. En su entierro encontré el Cristo con que hice la instalación. Y la ciudad se apagó en su luto como una ofrenda sin sangre, tranquilos mis dedos sobre una caja que arrastraba un mar de flores blancas. Y vi un cristo crucificado en un palo de la luz, y todo tuvo sentido. A veces uno ve cosas que no están, o que están pero no las ve. La cruz de los cubanos.

Como director creativo de Colors, tu función va más allá de lo formal, para intervenir en el contenido. ¿Cuál es tu papel en el paritorio de cada edición?

Hago, por supuesto, la dirección artística en cuanto a curar la gráfica y el diseño, pero me empeño también en la parte conceptual, en encontrar la idea, cómo entrar en las historias, decidir qué historia va bien con la idea y cuál no. Es un grupo de gente que dirijo malamente, porque son indirigibles y siempre hacen lo que se les canta. Pero tengo la última palabra sobre la creatividad. He aprendido a hacer investigación y me parece increíble.

No quiero hacer una revista que sea un contenedor de historias, sino una sinergia de temas que encuentren forma en un concepto. Primero la idea, después el contenido ya sabe solo si entra o no en la historia. La mayor parte de las revistas acumulan contenidos en base a un tema. Yo experimento a que esa acumulación tenga un porqué. Es un truquito para saber cuándo pararme, porque sino haría un libro interminable.

Con el número del dinero mandé a analizar un billete usado a un laboratorio, y las sustancias que encontraron, como sangre, cocaína, derivados del petróleo, sudor y otras tantas, me llevaron metafóricamente a las historias. Podía haberlo hecho sin esa clave de acceso, pero estoy tratando de encontrar una receta que me divierta para darle un sabor más personal. Cuando encontré el petróleo en el billete, dije: 'coño, funciona con la historia de Cuba y los médicos en Venezuela, que son un pago'. Y también me dio la posibilidad de ser un poquito picante y molesto, que me encanta cuando puedo.

Y Fabrica, ¿cómo entró en tu vida?

Me fui de Cuba en 1997. Era demasiado chiquito y me fui solo. Viví en Argentina y tuve que sobrevivir. No te haré la historia del tomate, porque es larga y a veces triste. Pero como dibujaba más o menos bien, me dieron trabajo en una agencia de diseño muy buena y allí supe de Fabrica y de Oliviero Toscani, y de ese lugar increíble donde había chicos de todo el mundo con los pelos rojos que no hacían publicidad para jabones, sino para gente que pisaba minas en África, y mezclaban pinturas con fotos y esculturas para hacer campañas. Desde entonces, siempre tuve la idea de algún día llegar allí. Era mi sueño.

Cuando llegó la crisis de 2001 en Argentina, mi hermana, en una operación casi militar, me trajo a Italia, porque se estaba poniendo feo aquello. Una vez aquí, me monté en un tren sin saber hablar italiano y llegué hasta el culo del mundo, donde está Fabrica. Molesté al portero, hasta que me hizo hablar con un responsable. Enseñé dos esculturas, un dibujo y un saco de ganas. Al mes me llamaron y pude empezar como estudiante.

El proceso fue largo y no pienses que sin momentos malos. Cuando uno tiene hambre de cosas, molesta a la gente pasiva, a quien tiene menos que decir, y, sobre todo, siempre hay conflicto entre quien está conforme y quien no. Siempre he estado en conflicto e inconforme, así que me busqué buenos enemigos. Pero tuve suerte, porque me escogían las campañas y con el tiempo comencé a formar parte del grupo creativo que afrontaba los proyectos más importantes. Algunos no me querían, pero no me podían echar porque escogían mis trabajos. Decidí osar un poquito más de vez en cuando y, divirtiéndome, logré dar mi toque personal, y gustó.

Mi historia encaja perfectamente con la filosofía de la compañía. Aquí hay gente escapada de Irán, Senegal, China, de todas partes del mundo. Los chicos vienen aquí por un año y regresan a sus países. Yo no puedo regresar a ninguna parte y la verdad es que me ayudaron mucho y dieron un lugar a mi apolide (apátrida) empedernido. Me han dejado bastante lejos de las campañas más comerciales y me han dado un espacio para ser más creativo y juguetón.

Pero tu quehacer profesional no acaba en esos trabajos que llamas "comprometidos"… ¿Qué estás haciendo en estos momentos y qué hay para el futuro?

Mi trabajo es buscar la idea, más que realizar algo matérico. Empecé a encontrar ideas para hacer que la revista forme parte de una instalación por sí misma. Con 8.000 revistas puedes hacer una instalación lindísima, ya sean banderas tibetanas o montañas de billetes.

Pon el caso de Encuentro, para muchos, gracias a Dios, es una revista incómoda, por la razón que sea. Es subversiva, pienso con mucho orgullo. Si tú haces una hoguera con un montón de revistas en una calle de la Habana Vieja y se ve a los guardias tirando más ejemplares al fuego, esa imagen habla por sí misma del carácter de dicha revista, y si el contenido lo justifica, es lindísimo. La historia de mi trabajo en estos últimos tiempos ha sido un poco así. Tenía que hacer Colors, pero también ganas de hacer arte y encontré el modo de hacer instalaciones con la revista. Empleé el tiempo en algo que me ha dado tres cosas: una revista, una instalación y una obra de arte.

Hicimos el año pasado una expo en San Francisco con una instalación muy grande, además de fotos, esculturas y otras cosas nacidas en el proceso del número, junto a la presentación de la revista sobre el dinero. Hicimos workshops en el International Center of Photography (ICP) de Nueva York, la Otis College of Art and Design, de Los Ángeles. Tuve el placer de hacer la última campaña social de Benetton, publicada un muchas partes del mundo y en diarios como el Herald Tribune, Le Monde o The  New York Times.

Desearía poder seguir produciendo cada vez más hacia la razón principal: comunicar, encontrar la herramienta justa para llegar a todas las personas que necesiten comunicarse, y entablar un debate que pueda remover pigmentos y leyes físicas. No tengo nada más que esto. No me lo pudieron quitar. Es mi más sagrado afecto y único remedio santo contra las bestias del olvido.


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Erik Ravelo.

Instalación de la muestra 'Les yeux ouverts'

Realizada por Erik Ravelo para Fabrica.

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