Actualizado: 23/10/2017 19:03
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Represión, Derechos Humanos, Damas de Blanco

“Vamos a llegar a la iglesia. O nos entran a golpes o llegamos”

Entrevista a Aimeé Garcés Leyva, una de las Damas de Apoyo golpeadas durante las recientes agresiones en Santiago de Cuba

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El pasado 17 de junio, reunidas en La Habana, las Damas de Blanco y las Damas de Apoyo acordaron abrir otra ruta para sus peregrinaciones cada domingo: Santiago de Cuba. Cuatro domingos de espanto han pasado desde entonces. Han soportado golpizas, insultos, empujones, pedradas, han sido arrastradas por las turbas y por la policía… A pesar de todo, tienen claro que van a seguir intentándolo, domingo tras domingo, para llegar a la catedral de Santiago y al Santuario de El Cobre.

Aimeé Garcés (AG), de 41 años, una de las Damas de Apoyo golpeadas salvajemente el pasado domingo por hombres y mujeres uniformados, habla para CUBAENCUENTRO.

¿Por qué decidiste apoyar a las Damas de Blanco?

(AG): Desde la Primavera Negra en 2003, un domingo más que otro iba a la iglesia con ellas. Cuando podía, iba en el aniversario de la Primavera Negra a desfilar con las mujeres, y nos quedábamos en casa de Laura (Pollán). Por el día de las Madres y en todas las fechas significativas, cuando podíamos, íbamos desde Oriente a La Habana.

Apoyando a las Damas de Blanco, se pide la libertad de todos los presos políticos y la libertad del pueblo de Cuba. Creo que eso ha hecho que nos sumemos más mujeres.

Para el día de los padres, este 17 de junio, fuimos doce de Santiago de Cuba para apoyarlas en La Habana. Una Dama de Blanco, y las otras once fueron Damas de Apoyo. Las mujeres estaban contentísimas de apoyar. Pero a La Habana no podíamos ir todas, porque no tenemos recursos para movernos hacia allá. Así que tomamos el acuerdo allí de marchar aquí en Santiago de Cuba. Decidimos ir el día 17 de julio a la iglesia de El Cobre. Fuimos 16 mujeres.

¿Qué simboliza para ustedes la Catedral de Santiago de Cuba o el santuario de El Cobre?

(AG): Es algo muy importante, porque allí pedimos por la libertad de todos los presos políticos y por la libertad del pueblo de Cuba; porque vamos allí a rezar, a pedir, a orar. Vamos todas las mujeres unidas, firmes y decididas a luchar por la independencia del pueblo de Cuba. Para que cuando los niños crezcan tengan la libertad de expresar todo lo que piensan, todo lo que quieran, que no estén reprimidos siempre, que exista libertad de prensa, de comunicación.

¿Sienten miedo cada domingo al salir de sus casas?

(AG): No, vamos firmes y decididas. No tenemos miedo. Sabemos que nos van a reprimir.

Ellos no quieren entender que en Santiago de Cuba sí existen Damas de Blanco y Damas de Apoyo. Aunque ellos no quieran reconocerlo, vamos a ir domingo tras domingo a la iglesia. Un día nos dejarán ir, como en La Habana.

Cuando comenzamos a ir a La Habana también nos reprimían. Allí hay más ventajas, pues tenemos a la prensa extranjera, que desde que sales de casa de Laura (Pollán) te van filmando. Nosotros no tenemos prensa extranjera, no tenemos nada. Tenemos que ir con la conciencia de que vamos a llegar (a la iglesia), o nos entran a golpes o llegamos. Pero estamos firmes, y vamos a seguir domingo tras domingo yendo a la misa.

¿Las Damas de Apoyo de Oriente tienen familiares entre la disidencia o presos políticos?

(AG): Hay una sola, Ana Celia, que tiene a su hijo preso. Las demás no tienen familiares presos. Hay una Dama de Apoyo que tiene a un familiar que es preso común. Pero nosotros pedimos por todos los presos de Cuba. Aunque no tengamos familiares presos.

Las autoridades católicas, ¿les han apoyado?

(AG): El domingo 7 de agosto, que fue cuando hicieron al acto de repudio grande en Santiago de Cuba, fuimos a la misa, pero ni se hizo. Hablamos con una persona en la iglesia y le dijimos que allí estaba la Seguridad del Estado, las personas que nos iban a reprimir, para que estuvieran atentos a cualquier cosa.

El viernes fuimos a ver al padre Conrado, que está en otra iglesia, y conversamos con él y le explicamos la situación que estábamos pasando. Él dijo que nadie nos podía prohibir ir a la iglesia, al contrario, que éramos mujeres muy valientes y decididas, y que ellos nos apoyaban en la labor que hacíamos. Que nadie podía criticarnos por eso. Que teníamos todo el apoyo de ellos.

¿Y el arzobispo de Santiago de Cuba, Dionisio García Ibáñez…?

(AG): Cuando nos pasó eso el 17 de julio fuimos a ver a Dionisio. Ese domingo por la tarde le explicamos que nos habían golpeado a la salida de El Cobre, pero no fue en la misma iglesia. Y él hizo una declaración diciendo que él nos apoya.

¿Cómo se han portado tus vecinos contigo y con tu familia?

(AG): Tengo mi casa llena de pinturas por fuera, me han puesto carteles, me han hecho actos de repudio… pero nunca han sido mis vecinos. Como tengo puesta una minerva por la fisura cervical, ellos me preguntan cómo me siento, qué me hace falta. Siempre he sentido el apoyo de los vecinos más cercanos.

¿Cómo las ven las demás personas que van a misa?

(AG): Nosotros tenemos que llevar unas cien mujeres para que las personas nos identifiquen. Hemos ido un día a la misa de El Cobre —por primera vez—, el otro domingo no pudimos llegar, ninguna; el domingo siguiente fuimos a la catedral, y desde ese día no hemos podido llegar más. Es decir, que nada más hemos ido a dos misas.

Pienso que las personas que van a la iglesia nos identifican. Al ir todas vestidas de blanco, siempre tranquilitas, con la disciplina con la que nosotros nos comportamos, el pueblo que está allí sí nos respeta. Porque la gente que va allí no nos reprime, ninguna persona de la iglesia. Quienes nos reprimen son las personas que la Seguridad del Estado busca afuera.

Este mismo domingo fueron mujeres vestidas de policías, uniformadas todas. No fue el pueblo.

¿Qué dice tu hija cuando te ve salir cada domingo vestida de blanco y regresar golpeada?

(AG): Bueno, ella tiene diez añitos, pero es una niña que desde que nació está viendo las cosas como son. Ha vivido en esto. Ella sabe. Desde chiquita, yo he tenido que dejarla para ir a La Habana a marchar, para ir a actividades de todo tipo. Cuando llego, como este domingo, ella se asusta al verme así, golpeada. Pero converso con ella mucho y le explico cómo son las cosas. De momento, llora como es normal en un niño, pero entiende.

¿Y tu esposo?

(AG): Mi esposo es director de las bibliotecas independientes, y como también es de la oposición, me apoya en todo. Gracias a él yo puedo hacer las actividades.

¿Qué hizo que dieras el paso de convertirte en una opositora del régimen cubano?

(AG): Ver todas las cosas mal hechas que se hacen en Cuba. Las mentiras que uno oye desde que nace, que te enseñan en la escuela; que todo sea “Seremos como el Che”. Cuando vas creciendo, te das cuenta que lo que dicen no es verdad y te hace cambiar de idea. Eso hace que cada día hagas lo que sientes que debes hacer: apoyar a todo el mundo. Nosotros apoyamos no solo al opositor, sino a quien tiene un familiar preso, enfermo. Para que sientan que la oposición no es como ellos dicen: “que nosotros somos mercenarios”. Por eso la gente viene aquí ahora a apoyarme. A ellos no les importan los carteles.

Por ejemplo, yo fui detenida del 23 para 24 de julio, durante 22 horas. Y mi hija comió ese día por los vecinos, que le dieron comida. Porque mi esposo estaba operado de la vista y no podía ir al fogón, porque tenía diez días de operado. Con todo y el acto de repudio, le pasaron comida por la cerca, o no sé por dónde, a mi niña de diez años.

¿Cómo coordinan cada domingo las peregrinaciones, si se puede saber?

(AG): Como es domingo tras domingo, no coordinamos nada. Sabemos que nos vemos a las nueve de la mañana en la catedral. La que venga de fuera tiene mi dirección y mi teléfono, y el teléfono de Belkys Cantillo Ramírez, que es la esposa de José Daniel. Llegan hasta Palmarito o hasta mi casa, y aquí nos ponemos de acuerdo.

Desde los viernes se empieza a llenar la casa, porque vienen las mujeres que son de lejos: de Holguín, de Guantánamo. Este fin de semana se quedaron siete mujeres para intentar llegar a la iglesia, y sin embargo, no llegamos, pero el domingo este siguiente vienen de nuevo. Ellos van a reconocer que no nos vamos a dar por vencidas. Seguiremos sumando más mujeres.

¿De qué provincias proceden las que vienen a Santiago de Cuba?

(AG): Hasta el momento, han llegado de Guantánamo, Granma y Holguín. Las demás son de la provincia Santiago de Cuba: de Palma, San Luis, Santiago y Palmarito de Cauto. Ahora mismo quedaron en venir de Tunas también.

¿Hasta cuándo se mantendrán las peregrinaciones a la catedral de Santiago y a El Cobre?

(AG): Vamos a ir todos los domingos, como las Damas de Blanco lo hacen en La Habana. Para nosotros es muy difícil llegar allí todos los fines de semana, es muy distante y muy costoso el pasaje. Por eso, como se va en La Habana a Santa Rita, nosotros vamos a ir aquí a la catedral.

¿Qué pides en tus oraciones cada domingo?

(AG): Ser libres y democráticos.

Aimeé Garcés, enfermera de profesión, es vicepresidenta nacional de la Federación Latinoamericana de Mujeres Rurales-Cuba (Flamur). Antes fue activista y delegada de esta organización en Santiago de Cuba.


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