Actualizado: 16/09/2019 12:05
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Artes Plásticas-Literatura

«No somos Occidente»

Entrevista al pintor Ramón Alejandro, a propósito de la influencia del francés Louis-Ferdinand Céline en la cultura latinoamericana.

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Ramón Alejandro es un artista. Pinta y dibuja con maestría, pero igual porta un credo, una filosofía antigua, una cultura bien sedimentada. Es editor (su Editions Deleatur publicó a notables escritores), viajero, polemista. Ramón Alejandro ha podido consolidar una visión integral de la cultura occidental en sus intra y extra-relaciones. Por estas razones, un diálogo con él, bajo cualquier pretexto, puede aportar claves para entender los tiempos que corren. En este caso el pretexto es la relectura que hoy se hace de la novela de Louis-Ferdinand Céline, Viaje al final de la noche. Se trata de un regreso de mucho interés para los lectores.

Hace un tiempo, el cineasta Orlando Jiménez Leal me habló de cosas que debían estar sucediendo. Por ejemplo, revalorización de Sartre; decidido reconocimiento a la influencia de Céline en la literatura latinoamericana… Supuse enseguida que si alguien podía entender el "asunto Céline" era usted, que conoce desde los sesenta el mundo intelectual francés. ¿Cómo llegó al escritor?

Lo leí en los primeros tiempos que pasé en París. Vivía entonces en hoteles muy baratos en los que generalmente no podía permanecer mucho tiempo por ser sus cuartos demasiado exiguos, en ese París que casi ya no existe. Muchas de esas edificaciones han cedido su lugar a edificios más modernos, menos miserables. Era el 1963, 64, 65… Había entonces enormes barrios populares llenos de argelinos. Las fachadas eran sucias, París era negro de hollín.

Yo iba a leer a los cafés del Boulevard de Montparnasse, casi siempre al Sélect, que todavía existe. Allí leí Camus, Sade, Kazanzakis, Sartre, Lautréamont, Bataille, Teócrito y mucha literatura de la antigüedad, y además todo lo que flotaba en ese ambiente noctámbulo. Leía todo lo que me recomendaban. Porque mucha de la razón de tanto leer era el aprender el francés correctamente. Me esforcé por no leer nada en español durante quince años seguidos.

Andaba siempre por esa zona porque mi centro de actividad "profesional", digamos, era el taller de grabado de Friedlaender, un judío alemán que me acogió muy cariñosamente en su taller sin cobrarme, como solía hacer con los demás grabadores que asistían. Su principal motivo para aceptar "alumnos" era el que ellos sufragaran los gastos de su taller, que le salía así gratuito a él.

Allí conocí a Alighiero Boetti y con él hice una gran amistad que duró hasta su muerte, en marzo de 1994. Él llegó a hacerse muy famoso inventando el "arte povera" y se metió de lleno en el rollo conceptual. Es uno de los artistas más inteligentes que yo haya conocido personalmente. Si no me equivoco, fue su mujer la que primero me recomendó leer a Céline.

Los otros artistas también me recomendaban autores franceses, viendo mi curiosidad e interés por la literatura, y Céline fue uno de los que me recomendaron con más ahínco. Conocía a muy pocos franceses por ese entonces, la mayor parte de mis relaciones eran con otros extranjeros que pernoctaban en esos cafés que permanecían abiertos hasta por la madrugada y estaban llenos de marginales, estudiantes y todo tipo de gente de paso, mucho loco por la literatura y las demás artes, era la época de los "beatniks".


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Sin título 1102. (RAMÓN ALEJANDRO)Foto

Sin título 1102. (RAMÓN ALEJANDRO)