Actualizado: 12/08/2022 22:46
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49 razones

Tanto en algunas estructuras de poder como en los movimientos disidentes, hay una vanguardia a favor de cambios sustanciales.

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Llamé a un amigo a su casa habanera, para desearle un año mejor. A la pregunta de siempre, una respuesta: Cambiar en paz… ¿Paz? ¿Cuántos significados tiene, hasta en la reciente homilía del Papa?

Lo cierto es que los cubanos guardamos, de 1959 a 2008 que iniciamos, 49 razones para invocar transformaciones pacíficas. Y si le sumamos los años desde el golpe del 10 de marzo de 1952, la cuenta trágica suma 55. Dos generaciones biológicas, y un poquito más, con variantes —algunas espantosas— de lo mismo, hasta el da lo mismo del sin remedio, que mi amigo habanero endosa a los pesimistas, cuyo brindis del 31 fue de nuevo por escapar o por traer al exilio a los seres queridos.

¿Paz? Aunque sea muy difícil deslindar el sustantivo, precisar qué dice para cada grupo o persona, quizás sea saludable iniciar enero con un llamado a favor de la reconciliación nacional, ya después —como debe de ser— nos enredaremos en lo que alude y elude, que para mí tiene su punto esencial de partida y llegada en la Declaración Universal de los Derechos del Hombre.

Y sin abstracciones… No hay que ser pragmático para darse cuenta de que todos debemos ceder, ver qué es posible ahora sin hipotecar —con tácticas egoístas— la estrategia de una Cuba menos infeliz, menos dispersa y triste.

Tanto dentro de las estructuras de poder como en los movimientos disidentes, hay una vanguardia a favor de que se produzcan cambios sustanciales. Ambas, sin embargo, se definen por la incertidumbre. Parecen ignorar un célebre poema budista del siglo XIII: "Mil planes, diez mil cálculos. Sobre el brasero, un copo de nieve".

¿Cuánto puede durar un copo de nieve sobre el brasero? Aunque pequemos de idealistas —suponemos buena fe de ambos lados—, mi amigo habanero y yo coincidimos en hacer lo indecible —literalmente— para favorecer que se encienda el brasero. Tampoco se nos escapa el copo de nieve, es decir, el azar que de pronto rompe planes de analistas y cálculos económicos, geopolíticas de Washington o Caracas y asociaciones causales dictadas por el pensamiento neopositivista… El azar que cataliza lo menos probable, como tantas veces ha ocurrido en la historia del hombre sobre el planeta, en el antiguo "campo socialista" europeo o en el Irak post Husein.

Catervas sin seguidores

Sin especulaciones o ruletas de la suerte, lo obvio es que ya está gestado —a punto de parir— un movimiento desde ambos lados a favor de reformas decisivas en la sociedad cubana, por lo menos no tan dolorosas y catastróficas como la inercia con que de nuevo iniciamos otro año lánguido, agravado por la memoria histórica.

Hay consenso en que apenas una mafia recalcitrante detiene la apertura, y basta con revisar en la prensa oficial la información sobre el último período de sesiones de la llamada Asamblea Nacional, el discurso de Raúl Castro, lo que sale de las intervenciones de los delegados, la carta del anciano convaleciente… Ni los mafiosos ya se atreven a no hablar de cambios.

La táctica del grupúsculo conservador ha variado. Mientras los más astutos estudian qué pueden salvar de los patrimonios usurpados al país, quedan ex guerrilleros para los que existir es ejercer el poder que alguna vez tomaron por la fuerza, para quienes los cubanos hemos sido indignos, culpables de su fracaso.

Del otro lado también sobrevive un grupito anclado en el pasado, revanchista y obtuso, algunos hasta con deseos de una Cuba estilo 1958. Ambas catervas, sin embargo, van más allá del anacronismo, sencillamente no consiguen que los secunde ni el perro de su casa.

La inminencia de giros no cosméticos agrupa este enero a la abrumadora mayoría de cubanos, que se aboca gustosa a los regateos y traumas inevitables, aun con la certeza de nuevas desigualdades; mientras otros nos devanamos cada neurona pensando cómo mantener los logros de los primeros sesenta: la gratuidad de la educación y de los servicios de salud, hoy tan erosionados y contaminados por la indigencia inmovilista generada por el ex líder, el Partido único y el prontuario marxista-leninista.

Matices sobran. Opiniones de cómo será la transición abundan más que las esperanzas. La necesaria diversidad coincide en lo esencial: transición pacífica, entendimiento civilizado, diálogo crítico: no más de lo mismo. Las 49 razones en 2008 son la sabia voz de mi amigo: ¡Cambiar en paz!


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