Actualizado: 22/01/2022 2:37
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A debate

Algo de lo sacrílego

Hoy abjuramos de la violencia para producir el cambio de régimen, pero celebramos a hombres y fechas que representan insensatas carnicerías.

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Juliano el Apóstata llamaba a los cristianos "adoradores de cadáveres". Hoy, una suerte de doctrina secreta permite a Manuel Barcia, en su artículo De dictadores, presidentes y del platanal de Bartolo, repetir que Manzanita es un santo, Huber Matos un héroe y Frank País un intocable, sin esperar que nadie lo contradiga. Nadie, claro, que no sea un apóstata.

Considero exhausto el tema que generó nuestro intercambio —un debate juicioso y "con argumentos, en lugar de con los puños o con el bate de pelota", pues no por gusto salimos de Cuba—, pero tampoco quisiera darlo por concluido antes de aportar un par de razonamientos al problema de las cronologías, ya que también en las cartas de los lectores éste ha tomado el primer plano.

Nos enseñaron que hay algo sacrílego en el sólo hecho de impugnar las grandes fechas —el 13 de marzo, sin dudas, o el 26 de julio, pero sobre todo el 1 de enero, que fue el día que nació el Niño del año nuevo castrista—. Apostasía es aún, para nosotros, revertir el signo de esas efemérides.

Si es verdad que el guevarismo negó a Dios y persiguió a la Iglesia, no es menos cierto que se valió de "lo sacrílego" para redefinir, dentro de su propia esencia, los límites de lo intocable y de lo impensable. El sedimento de la espiritualidad erradicada encontró un uso nuevo en la "adoración de cadáveres": a ese residuo de devoción es a lo que el poeta Omar Pérez, hijo del Hombre, ha bautizado (en el título de su libro homónimo) con la brillante etiqueta de "algo de lo sagrado". ¡Y quién mejor que Omar para darnos una fórmula mágica!

¿Cómo se refuta una 'manzanita'?

Como buenos adoctrinados, somos incapaces de concebir siquiera una crítica de "Manzanita". ¿No hay "algo de lo sacrílego" en pretender impugnarlo? Y, ¿cómo se refuta una "manzanita"? En este punto la doctrina castrista es punto menos que infalible. Tan grave cosa se ha vuelto la refutación de su santoral, que ninguna publicación seria accedería a publicarla. Veamos si es así.

"Manzanita" no es sólo el emblema de la pureza y de la 'salud del cuerpo y del alma', sino su diminutivo afectuoso. ¿Quién osaría desvirtuar lo virtuoso de una "manzana"? Pero he aquí que el 13 de marzo de 1957 es una fecha infausta. Ese día, un soldado extranjero llegado de España ataca el cuartel general de nuestra vida pública, el asiento terrenal de la razón de Estado. El nombre del atacante es Carlos Gutiérrez Menoyo. La hagiografía revolucionaria nos lo escamotea con el mismo ahínco con que exalta a Manzanita. Sin embargo, ambos están a escasos kilómetros de distancia, unidos en una mala hora.

Con sólo limpiar de escombros la superficie del almanaque veremos aparecer completa la imagen de Carlos Gutiérrez Menoyo: un maquis que regresa de una españolísima Guerra Civil y de una sangrienta Guerra Mundial para internarse de inmediato en la maraña de la contienda cubana.


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