Actualizado: 21/08/2019 5:32
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Allende y la KGB

Según un desertor de la inteligencia soviética, la URSS financió el ascenso al poder del ex presidente chileno.

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El fallecido ex presidente chileno Salvador Allende recibió fondos del Comité de Seguridad del Estado (KGB) de la desaparecida URSS para su campaña electoral y posteriormente durante su mandato. La organización de espionaje soviético no sólo le dio dinero para ayudar a que fuera elegido en 1970. También le pagó por servicios, informaciones y análisis, y le envió regalos personales.

La información aparece en el recién publicado segundo tomo de los documentos de Vasili Mitrokhin, quien tuvo a su cargo el traslado de los archivos de inteligencia extranjera de la KGB, desde la Lubyanka, en el centro de Moscú, hacia Yasenevo, en las afueras de la ahora capital rusa.

Durante una década, Mitrokhin se dedicó a realizar anotaciones y transcripciones de expedientes extremadamente secretos, en los cuales estaban registrados operaciones, nombres de agentes y objetivos políticos y militares vinculados a los intereses internacionales de la organización y a la alta jerarquía de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS).

Guardó estos papeles comprometedores bajo el piso de su dacha hasta una mañana de abril de 1992, en que comenzó a gestionar el asilo para él y su familia, junto con la entrega de su archivo, en la embajada británica de una de las repúblicas bálticas que finalmente había logrado su independencia poco tiempo antes.

Tanto el Servicio de Inteligencia Secreto (SIS) británico, como el Buró Federal de Investigaciones (FBI) y la Agencia Central de Inteligencia (CIA) norteamericanos, así como otras organizaciones de inteligencia de Occidente, han confirmado la autenticidad de los documentos e informaciones. Este segundo tomo, The World Was Going Our Way: The KGB and the Battle for the Third Word, fue precedido por The Sword and the Shield, aparecido en 1999, donde se relatan las operaciones de la KGB en Estados Unidos y Europa. Aquí se narran las acciones llevadas a cabo por la organización en el llamado Tercer Mundo.

Chile y Moscú

Allende comenzó a interesar a la KGB a comienzos de la década de los años cincuenta del pasado siglo. Para entonces, ya era el líder del Partido Socialista chileno y soñaba con entrar a la casa de gobierno donde le tocó morir. Una y otra vez fue derrotado en las urnas, pero contaba con una carta de triunfo. Sólo que esta estaba dividida en dos mitades. Sabía que tenía posibilidades de vencer como el candidato de la izquierda unida. Para lograrlo, además, la derecha tenía que ir dividida a las urnas. La oportunidad se presentó en 1970.

La KGB había establecido contacto con Allende en 1953, un año después de las elecciones en que éste sólo recibió el seis por ciento del voto. El agente Svyatoslav Fyodorovich Kuznetsov —posible bajo la cobertura de corresponsal de la agencia de prensa Novosti— le solicitó la colaboración y el senador chileno estuvo de acuerdo, siempre que el vínculo se mantuviera en secreto.

Para entender esta relación hay que tomar en consideración el momento en que ocurre. Allende nunca fue agente de la KGB. No estaba catalogado de miembro por la organización, sino de aliado al que se mira con reserva. Si el político les brindaba información y ayuda era porque se consideraba un amigo de la Unión Soviética. Como tal participó en la campaña que llevó al establecimiento de relaciones entre Chile y la URSS, en 1964, pero no fue un servicio prestado a cambio de dinero ni obedeciendo a una orden expresa de Moscú.

Era un vínculo de apoyo mutuo y conveniencia para ambos, donde la ideología y la política definían diferencias y objetivos comunes, y en el que también las características personales del chileno despertaban las dudas y hasta las sospechas de los comunistas chilenos y soviéticos. Por una parte, la extrema izquierda latinoamericana no contaba con las simpatías del Kremlin, pero la izquierda y la centroizquierda eran un objetivo predilecto de la inteligencia soviética. Sobre todo en Chile, donde los socialistas estaban más a la izquierda que los comunistas.

Por la otra, Allende mantenía estrechos vínculos con la masonería y un ostentoso estilo burgués de vida —que iba desde el gusto por los vinos caros, los trajes hechos a la medida y los objetos de arte, hasta la preferencia por las mujeres elegantes—. La característica de ser un socialista burgués y un simpatizante del comunismo ruso y cubano fue determinante en su ascenso y caída.

Cuando en 1970 se vio la posibilidad de que Allende podría llegar finalmente a la presidencia, bajo una coalición de partidos de izquierda denominada Unidad Popular, la KGB le ordenó a Kuznetsov —que entonces residía en México— trasladarse a Chile. El antiguo oficial de caso llegó a Santiago con la encomienda de mantener el contacto con el candidato y coordinar las operaciones encubiertas destinadas a garantizar el triunfo de éste.


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