Actualizado: 23/06/2024 21:59
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Allende y la KGB

Según un desertor de la inteligencia soviética, la URSS financió el ascenso al poder del ex presidente chileno.

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Informes inflados

Desde la llegada de Allende a la presidencia, Andropov había utilizado sus informes para impresionar a la jerarquía soviética con un énfasis desproporcionado de la influencia de su organización sobre el mandatario. Había descrito al Politburó las reuniones con Kuznetsov en los siguientes términos: el presidente (chileno) utiliza "este canal para manejar las cuestiones más delicadas y confidenciales (el establecimiento de contactos entre las fuerzas armadas de la URSS y Chile, consultar sobre el empleo de las materias primas chilenas que sirven para producir energía atómica, organizar la cooperación entre los servicios de inteligencia chilenos y soviéticos y otros asuntos) mediante el intercambio de información y la discusión de las cuestiones políticas actuales".

Había añadido además que el fortalecimiento de las relaciones de "nuestro agente" con Allende había sido facilitado por la ayuda material otorgada, la atención personal y la satisfacción de las peticiones personales. Pero en 1973 este juego se tornó peligroso. La KGB dudaba cada vez más de la capacidad del gobierno de la Unidad Popular para sobrevivir y tenía que tomar una decisión.

Un día de primavera de ese año, Andropov realizó una visita inesperada a las instalaciones que la KGB tenía en Yasenevo para el análisis de la inteligencia internacional. Reunió a todo el personal vinculado a Latinoamérica, con el fin de indagar sobre el caso chileno. La conclusión fue que nada se podía hacer. Ni siquiera el otorgamiento de un préstamo en efectivo de 30 millones de dólares —una propuesta que estaba en discusión— podría salvar a Allende.

Por otra parte, un préstamo militar de 100 millones de dólares —para el envío de tanques y piezas de artillería— gestionado por el Ministerio de Defensa y el Ejército ruso, no llegó a materializarse. Los barcos con las armas a bordo, que viajaban rumbo a Chile, recibieron órdenes de cambiar de rumbo ese verano. Se determinó desembarcar el armamento en otros países, donde fue vendido. La KGB concluyó que el principal error del mandatario había sido la renuencia a usar la fuerza contra sus opositores. Había llegado la hora de cerrar la billetera.


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