Actualizado: 29/05/2020 12:36
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Almeida: ¿agente o conspirador?

Una tesis apunta que el ex 'número tres' de la nomenklatura cubana entró en el juego de los Kennedy para tumbar a Castro.

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Que el hijo incómodo de Juan Almeida se llame Juan Juan da más pie todavía a la forma usual de entrarle al "problema cubano": especular.

Una perspicaz activista por la democracia para Cuba, la doctora Josefina Vento, hizo notar que el finado comandante de la Revolución Juan Almeida nombró Juan Juan a uno de sus hijos no por capricho, sino porque el hijo del presidente John F. Kennedy se llamaba John John. La imitación tendría que ver con la tesis inaudita que Lamar Waldron y Thom Hartmann desarrollan en la edición revisada de su libro Ultimate Sacrifice (Sacrificio supremo) (Nueva York, Carroll&Graf, 2006): hacia 1963 Almeida conspiraba con Kennedy para tumbar a Castro.

Testigo de cargo

El exiliado Enrique José Ruiz William Alfert, alias Harry Williams, mandaba una batería de morteros en los combates de Girón (1961) cuando notó que, en medio de una caravana de las fuerzas de Castro, rodaba un convertible. Ordenó entonces disparar contra esa extravagancia, que terminaría volcándose.

Al cabo, Harry Williams resultó herido y capturado. En el hospital recibió la visita del comandante Juan Almeida, quien le reprochó haberle destrozado el convertible. "Pero, ¿cómo se te ocurre ir a la guerra en un convertible?", repuso Harry. Almeida rió y comentó que este tipo siempre le había agradado.

Para mayo de 1963, Harry Williams subía la parada con otro morterazo: Almeida le había propuesto por teléfono ponerle freno a Castro, para el bien de todos. Harry no había escuchado una proposición tan simpática de Almeida desde el día en que se conocieron, frente al restaurante El Floridita. El negrito se ofreció a cuidarle el carro y acotó que, de lo contrario, iba a robarle todo lo que tenía dentro. Desde entonces, Harry le encargó parquearlo y velarlo cada vez que iba a El Floridita. Hasta que Almeida se enroló como ayudante de albañil de un tal Ventura Manguela y acabó montándose en el penúltimo carro de la caravana que llegó al cuartel Moncada el 26 de julio de 1953.

Harry Williams falleció en Miami el 10 de marzo de 1996 y su testimonio de "Almeida contra Castro" propició que el tándem del investigador Lamar Waldron y el escritor Thom Hartmann reeditaran Ultimate Sacrifice para trabar más aún el asesinato del presidente de Estados Unidos con un golpe de Estado en Cuba.

El golpe habría estado bajo la dirección personal de Bobby Kennedy, pero se malogró por la muerte de JFK, que los autores no presentan como obra de Castro ni de la CIA, sino como colofón de tres planes elaborados por capos de la mafia: Johnny Rosselli no pudo en Chicago (noviembre 2, 1963) ni Santo Traficante en Tampa (noviembre 19), pero Carlos Marcello lo consiguió en Dallas (noviembre 22).

Harry Williams contó a Waldron y Hartmann que, para junio de 1963, Almeida estaba involucrado en el golpe palaciego que se describe así en top secret memo (mayo 10, 1963): "debe principiar con el asesinato de Castro y una petición a los Estados Unidos" (Foreign Relations of the United States, Volumen XI, Departamento de Estado, No. 337).

Bobby Kennedy habría indicado a Harry que Almeida pusiera su familia a buen recaudo en el exterior y dispusiera de dinero suficiente. A este último respecto instruyó que la suma se acordara entre cubanos. Almeida y Harry habrían convenido en medio millón de dólares, y la entrada del 10% llegó a depositarse, por supuesto que no a nombre de Almeida. Harry dijo haberse guiado por el monto previamente entregado a Carlos Franqui (entre 200.000 y 300.000 dólares) para que desertara en París.

En papeles desclasificados del oficial de la CIA Bernard Barrer se lee no sólo que la deserción de Franqui era parte de la operación relacionada con Almeida, sino también que Franqui vivía como un pachá en Francia (National Archives and Records Administration [NARA], 1994.03.08.09:46:690007). Es sabido que por entonces Franqui estaba en París y se reunía lo mismo con Che Guevara que con Manolo Ray, pero a la postre regresó a Cuba y hasta contribuyó a montar el Salón de Mayo (La Habana, 1967), junto con Haydee Santamaría y Wifredo Lam.

Juego con candela

Según Harry Williams, para el otoño de 1963 JFK estaba, como diría su secretario de Estado, Dean Rusk, jugando con candela ("The Ghosts of November" [Los fantasmas de noviembre], Vanity Fair, diciembre de 1994). Por un lado, pidió al periodista francés Jean Daniel que hablara con Fidel Castro y animaba a su enviado especial en la ONU, William Attwood, a negociar con La Habana; por el otro, planeaba derrocar a Castro.

El director de la CIA, John McCone, tenía previsto el golpe para el primero de diciembre de 1963. Por algo su agente Joseph B. Smith anotó que Desmond FitzGerald, jefe del Grupo Especial de Trabajo de la CIA contra Castro, había comentado hacia 1964: "si no hubieran matado a JFK, hubiéramos salido de Castro para Navidad" (Portrait of a Cold Warrior, 1981, página 377). Otro veterano de la CIA, William Turner, apuntaba que en noviembre de 1963 el plan de los Kennedy contra Castro estaba a punto de caramelo (The Fish is Red, 1981, página 195).

Tras visitar Tampa el 18 de noviembre de 1963, JFK pronunció en Miami un discurso que subrayaba: "Los objetivos proclamados en la Sierra Maestra fueron traicionados (…) Una pandilla ha arrebatado la libertad al pueblo de Cuba (…) Una vez que se haya removido ese obstáculo, estaremos listos y ansiosos por trabajar con el pueblo cubano…" (The New York Times, noviembre 19 de 1963).

Al parecer no es casual que el periodista Haynes Jonson revelara, en su artículo sobre el asesinato de JFK como suceso puntual que ensombreció las esperanzas y certezas de Estados Unidos (Washington Post, noviembre 20 de 1983), que Harry Williams se había reunido el 22 de noviembre de 1963 con el Inspector General, Lyman Kirpatrick, y otros altos oficiales de la CIA para abordar "the problem of Cuba". Ese mismo día comenzó la cuenta regresiva del último plan de los Kennedy contra Castro: eliminarlo e instaurar un gobierno provisional, que solicitaría la intervención de Washington para restablecer el orden y frenar a Moscú.

Y ese mismo día se habría venido abajo todo el plan, al cumplirse otro igual de arriesgado que concibió el capo Carlos Marcello: matar al Fiscal General Bobby Kennedy, azote de la mafia, sólo traería represalias por parte del presidente, pero matar a JFK serrucharía definitivamente el piso a Bobby.

Coda

La pregunta que dejan colgando Waldron y Hartmann, sobre la base del testimonio de Harry Williams, es si Almeida entró en el juego con los Kennedy como conspirador en contra o como agente de Castro.


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