Actualizado: 17/10/2017 10:31
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Cuba, EEUU, Ataques

Campos roturados: ataques auditivos

Mientras el G-2 y el FBI no den con los criminales, las medidas de retiro y expulsión de diplomáticos americanos y cubanos, respectivamente, u otras imaginadas o imaginables irán amargando la vida a los cubanos de a pie en ambos lados del Estrecho de la Florida

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El grave problema del Gobierno de Cuba con los mal llamados “ataques acústicos o auditivos” a diplomáticos americanos en La Habana estriba en que lleva más de siete meses sin dar pie con bola. Por eso Raúl Castro abrió la investigación al FBI cuando confirmó personalmente Jeffrey DeLaurentis que “estaba perplejo”. ¿Embaraje cubiche? El senador Marco Rubio se apeó con que resulta ridículo pensar que las autoridades cubanas no supieran nada de antemano, pero más ridículo aún es pensar que así Cuba puso o permitió poner en peligro las relaciones diplomáticas con USA.

Dejar entrar al FBI anula la hipótesis de participación del gobierno cubano, a menos que se piense que ya limpió todo rastro, algo inconcebible si consta el rastro tangible de las víctimas. La hipótesis de Rubio y muchos otros alabarderos del anticastrismo tardío radica en la falsa premisa que la Seguridad del Estado sabe todo, pero esto no es tan así y vale más bien para la vigilancia del insilio y del exilio, sin que pueda extrapolarse a un caso insólito e inédito que presupone criminalidad sofisticada. El FBI mismo demoró 17 años en atrapar al criminal Theodore Kaczynski, alias Unabomber, por su manera heterodoxa de meter 16 bombazos por correo que dejaron 3 muertos y 23 heridos.

Qué será lo que quiere Pedro

Entretanto el exfuncionario de la administración de Fidel Castro y actual militante del Socialismo Participativo y Democrático, Pedro Campos, estima que la administración de Raúl Castro —a diferencia de lo hubiera hecho aquella— subestimó el entuerto y pensó que salía del problema tan sólo con declarar que “nada tenía que ver”. Sin saber absolutamente cómo marcha la investigación, Campos concluye que las autoridades cubanas “se lavaron las manos como Poncio Pilato” y tergiversa la moción diplomática de negativa como única acción del Gobierno.

Tras ser notificado de la situación por la embajada americana y el Departamento de Estado, el Gobierno de Cuba ordenó el 17 de febrero “una investigación exhaustiva, prioritaria y urgente”, que incluyó transmitir a la embajada “la necesidad de compartir información” y proponer la “cooperación entre las autoridades competentes de ambos países”. También aseguró que las autoridades cubanas armaron “un comité interinstitucional de expertos para el análisis de los hechos; ampliaron y reforzaron las medidas de protección y seguridad a la sede, su personal y las residencias diplomáticas; y habilitaron nuevos canales de comunicación directa entre la embajada y el Departamento de Seguridad Diplomática”.

Así reza la nota con que —el 9 de agosto— el Ministerio de Relaciones Exteriores reaccionó a la expulsión de los diplomáticos cubanos Frank Silva y Joel Lago como represalia por no haber dado Cuba debida protección a diplomáticos americanos. No tiene sentido que las medidas que Cuba dice haber adoptado sean embarajes, ya que Washington hubiera ido derechito al desmentido. A la vez que reconoce que detrás de estos hechos no está el G-2, USA pone sus diplomáticos a buen recaudo y presiona a Cuba para forzar el paso en la investigación criminal.

Desde el 17 de febrero, la administración de Raúl Castro venía procediendo tal y como dictaban esas “cosas que para lograrse han de andar ocultas y de proclamarse en lo que son, levantarían dificultades”. Campos alega, en cambio, que se adoptó más bien “un enfoque simplista, irresponsable del problema”, sin saber nada de que venía haciéndose y como si las peripecias ocurrieran del 9 de agosto en adelante. Para justificar su alegación imagina qué habría hecho la administración de Fidel Castro:

  • Convocar “a todos los embajadores a una reunión para explicar el asunto y pedirles colaboración en la investigación”. Meter a más gente en el potaje, que nada saben ni nada pueden aportar, equivale más bien a meter la pata en la investigación criminal
  • Nombrar “una comisión de alto nivel científico internacional para investigar”. Si la comisión interdisciplinaria nacional necesitara algún experto extranjero, se pediría al FBI, pues se trata de una investigación criminal en asunto esencialmente bilateral (Canadá no hizo aspavientos)
  • Crear “un centro especial asistencial adjunto a la embajada para asistir a los afectados”. Por su misma naturaleza criminal Washington tiene que asumir la atención médica compartimentada sin dar espacio a la cooperación “internacionalista” cubana.
  • Destronar “a más de un ministro” y a otros “funcionarios de los ministerios y de los órganos encargados de garantizar la seguridad de los diplomáticos extranjeros”. Sin saber hasta qué punto las investigaciones fijan responsabilidades concretas y autorizan para tomar decisiones, Campos sigue el esquema de la pandilla Never Trump: señalar culpables por asociación.

Así resulta que para Campos “lo menos que puede hacer Raúl Castro” sería defenestrar a los ministros del exterior y del interior, al asesor de seguridad nacional (Alejandro Castro) y al jefe del Departamento de Seguridad Diplomática, esto es: ser más severo que las administraciones americanas con sus propios funcionarios tras sobrevenir ataques terroristas en su territorio.

Fake News

El G-2 y el FBI tendrían que contratar a Dr. House para resolver el enigma de que los síntomas que viene difundiendo la prensa no encajan en una sola hipótesis de agresión. Ya vimos cómo que CBS espantó la fake news de atribuir mild traumatic brain injury al ataque acústico. Para colmo no todas las víctimas oyeron sonidos y otras compararon lo que oyeron “al chirrido de los grillos”.

La pérdida de audición puede sobrevenir incluso por envenenamiento —aquí entrarían muy bien los rusos como sospechosos— y ahora resulta que, según AP, las primeras y más afectadas víctimas habrían sido agentes de inteligencia disfrazados de diplomáticos. En Cuba no hay mucho que espiar, a no ser las instalaciones chinas de inteligencia de señales (SIGNINT) en Bejucal y Santiago de Cuba, así como las embajadas de la propia China, Rusia, Irán, Corea del Norte…

Aunque la investigación criminal debe tener bien formuladas ya todas las hipótesis racionales que deben probarse o rechazarse, este campo se ofrece como ningún otro para roturar cualesquiera otras hipótesis por medios que vienen con ese ímpetu sensacionalista que ha llevado hasta noticiar que Trump montó un servidor secreto con un banco ruso y que Putin tenía el plan tenebroso de hackear la red eléctrica de USA para que los americanos se congelaran en invierno.

En el bando castrista también cuecen habas y viene de perilla que detrás de estos hechos están chicos malos de USA. A tal efecto sólo tienen que desempolvar los planes de la Operation Northwoods (1962), que incluían tirotear a gente inocente y otras acciones terroristas en Washington y Miami, así como secuestrar aviones y hasta hundir en alta mar embarcaciones con refugiados cubanos, para atribuirlo todo a Castro sobre la base de pruebas falsas, declarar la guerra e ir al reenganche de la invasión.

Coda

Mientras el G-2 y el FBI no den con los criminales, las medidas de retiro y expulsión de diplomáticos americanos y cubanos, respectivamente, u otras imaginadas o imaginables irán amargando la vida a los cubanos de a pie en ambos lados del Estrecho de la Florida, pero si al cabo logran dar pie con bola, las embajadas se restablecerán por completo y quizás se abra una casa de la amistad cubano-americana.


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