Actualizado: 23/09/2019 10:00
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Cambios

Carta abierta a Domingo Amuchástegui

Si nos ponemos a evaluar los posibles cambios que se están dando en Cuba, la percepción no puede ser más que desalentadora

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Domingo Amuchástegui escribe un artículo en Cubaencuentro para defender la tesis de que “ahora mismo, delante de nuestras narices, Cuba está sufriendo toda una transformación” y, aunque tal vez tenga parte de razón, sus argumentos no son suficientes para valorar la envergadura de un proceso de cambio en la Isla.

Para los que vivimos la transición a la democracia en España, por ejemplo, lo que está ocurriendo en Cuba habría sido el mismo escenario que si a Franco, tras su muerte, le hubiera sucedido otro general manteniendo el régimen sin alteraciones, o en una orientación más tecnocrática que política. Es evidente que cada país es digno heredero de su historia y de sus circunstancias, y no seré yo quien se atreva a comparar a Cuba con España, pero puestos a soñar y a tratar de ver indicadores de cambio en algún sitio, la experiencia española es un buen ejemplo de un proceso que ha transformado a España de forma radical, sin estridencias, sin venganza, sin rencores. Tal vez porque las bases de ese cambio se iniciaron en 1959, y en 1975 la sociedad había alcanzado un consenso sobre la necesidad de dar carpetazo a una etapa que ya duraba demasiado.

Por ese motivo, en Cuba yo no observo ese “nuevo conjunto de relaciones políticas, sociales y económicas que va tomando forma”, al que alude Amuchástegui. No nos engañemos. Detrás de estos cambios del raulismo castrista hay mucho marketing político, pero poca, muy poca concreción de ideas. Por supuesto, que los que estamos en el exterior estamos en nuestro legítimo derecho a pensar cómo queremos, a tener nuestras opiniones y a seguir defendiendo con la máxima energía “nuestros viejos argumentos y exigencias” mientras no veamos esos cambios en la Isla. Precisamente, por eso estamos en el exterior, porque en la Isla no podríamos realizar este sueño.

En muchas ocasiones, hemos coincidido todos en una idea. Ni Cuba es China, ni tampoco la URSS, como tampoco es España. Por eso, no hace falta tratar de explicar la experiencia cubana con lo sucedido en cada uno de estos países. No es un tema de naturaleza cultural, ni económica, ni política, sino una combinación de múltiples factores y elementos que convierten a la sociedad entera en protagonista de su futuro, y entonces se pone a empujar.

Por supuesto que desde fuera nos vamos a equivocar. Eso está descontado. Nos equivocamos en 1962 cuando pensábamos que aquello no iba a durar más de tres o cuatro años, y en 1967, y en 1980, y en 1989, y en 1994, y siempre nos hemos equivocado. Tal vez porque el deseo de que todos los cubanos puedan vivir en paz y libertad es tan grande, que no nos deja observar la dura realidad de un régimen que trata de postergarse en el tiempo.

En todo caso, los “cálculos erróneos” existen. Recuerdo por ejemplo, y con referencia al caso español, un Informe de FOESSA de comienzos de los años 70, dirigido por Juan José Linz, que trataba de intuir por dónde iba a dirigirse la transición a la democracia. Sus errores fueron muy destacados. En política, 2+2 no son 4, sino que puedan dar lugar a múltiples y muy variados resultados.

Por eso, si nos ponemos a evaluar los posibles cambios que se están dando en Cuba, la percepción no puede ser más que desalentadora. El “debate” no existe, y en todo caso, se mantiene bajo un control directo por parte del régimen a través del partido único, del sindicato único y de las asociaciones de masas. Los medios de comunicación siguen siendo portavoces de una realidad que esconde y oculta a los cubanos la verdadera dimensión de los hechos. Una pregunta, ¿cuántas veces Granma se ha hecho eco de las marchas pacíficas de las Damas de Blanco, o de los procesos de liberalización de los presos políticos? ¿Cuántas veces se han publicado opiniones contrarias al sentido de los “lineamientos” en la prensa oficial? No es cierto que “los medios de comunicación y la cultura oficialistas no solo se están abriendo a opiniones y críticas de diverso signo, sino otorgando un espacio considerable en el cine y la televisión a documentales chinos y vietnamitas sobre las reformas económicas puestas en práctica en esos países asiáticos”. Si lo hacen es para justificar las decisiones del Gobierno y para conseguir que cualquier espíritu crítico y alternativo quede subsumido por la presión de la propaganda. Hasta el sindicato único ha tenido que emplearse a fondo recientemente para cortar cualquier síntoma de protesta por los despidos en el sector presupuestado.

En el campo económico, es donde precisamente no hay que hacerse grandes ilusiones. Los “cambios” son una farsa promovida por el régimen para mantener el control sobre las nuevas actividades económicas e impedir el establecimiento de un sistema de derechos de propiedad y una economía basada en el mercado. Se parchean las distintas instituciones que vienen funcionando desde los tiempos del estalinismo, se elevan los precios, se reducen los bienes subvencionados, pero luego no se pueden traer productos del exterior, porque los recursos económicos escasean, y se disminuye la sanidad y la educación. Ese es el “agujero negro” que está devorando la base productiva de la economía cubana, eliminando cualquier posible alternativa al crecimiento sostenido y sostenible, y creando una sociedad de “explotados” por un Gobierno que no renuncia a mantener su poder sobre el conglomerado político, militar y de seguridad que rige los destinos de la economía.

Las previsiones que se formulan en los “lineamientos” sobre el aumento de la participación privada, eso que dicen que en 2015 alrededor de dos millones de personas y sus familias se habrán integrado en el sector privado, se tienen que manejar dentro de los márgenes de incertidumbre e incumplimiento de los planificadores de la economía cubana. De sus aciertos sabemos lo escasos que son, pero lo más importante es que no se puede anticipar una economía privada si previamente, como sostienen desde la Isla juristas que conocen bien estos temas, como Laritza Diversent, por ejemplo, no se hacen los cambios jurídicos necesarios para que pueda desarrollarse la iniciativa privada en condiciones básicas. Todo lo demás son meras elucubraciones, y pretender seguir viviendo de los fondos del exterior, ya sea de las remesas de las familias o de los petrodólares de Chávez. La improductividad e ineficiencia de la economía cubana es consecuencia directa de su modelo económico.

Tampoco estoy de acuerdo en que la integración internacional del régimen castrista funcione ahora mejor que antes. En un mundo en el que la democracia y la libertad se abren camino, y donde las dictaduras quedan recluidas a modelos como Corea del Norte y Yemen, donde el comunismo se convierte en la ideología que lo sustenta, poco espacio queda para hablar del “hombre nuevo”, del Che y de todas aquellas historias de jóvenes revolucionarios. En materia de relaciones exteriores, ese posicionamiento de la diplomacia castrista en la “batalla de las ideas” en los artículos de Cubadebate, sigue transmitiendo la imagen de “guerra fría”, de odio, de ventajista político, que en absoluto contribuye a mejorar la imagen internacional de Cuba, como nación. Más bien, todo lo contrario.

Dentro de unos días se conmemora el primer aniversario de la muerte de Orlando Zapata Tamayo. Estoy convencido de que el régimen silenciará este suceso, y volverá a tratar de impedir a los ciudadanos que manifiesten sus posiciones ante un evento que conmocionó a la opinión pública mundial y mostró el verdadero rostro de la dirigencia política en Cuba. Por el contrario, no creo que los disidentes se encuentren desacreditados por ningún WikiLeaks, ni por las continuas campañas de propaganda y difamación del régimen. Los ex presos políticos que han venido a España son personas de una ética y dignidad elevadas, con un gran compromiso personal en la defensa de los valores y la democracia. Gente formidable que merece todo nuestro apoyo.

Por eso, no sé por qué se habla de que “una transición ya está en plena marcha en Cuba”. Mientras que el Partido comunista cubano, Fidel Castro y su hermano, el sindicato único, las asociaciones de masas, el periódico Granma y sus adláteres, la televisión y la radio controladas por la propaganda, el intento de hacerse con el poder en la red de redes, los admiradores en el exterior (ciertamente cada vez menos) no desaparezcan, no hay transición posible en Cuba. Por desgracia, cada día somos más los que pensamos en estos términos, porque aun cuando nos gustaría ver la luz al final de este túnel oscuro de medio siglo, no la acabamos de ver. Ya no es que el vaso esté medio vacío o lleno, es que simplemente no está, es que nada hay en el entorno de los Castro, salvo una ambición desmedida por el poder, por la permanencia, por ganar tiempo y por someter a una sociedad al miedo y la obediencia, que nos indique una eventual transición.

Cuando Yoani escribe desde La Habana en la oscuridad, temiendo por su vida o por el corte de suministro de acceso a la red, o vemos a las Damas de Blanco increpadas por violentos que las insultan y violentan a pesar de su pacífica actitud, sabemos que en Cuba todos sigue igual, e incluso peor. Mientras se mantenga la institucionalidad de un sistema que se niega a desaparecer y ofrece vías muertas para su salvación, seguiremos esperando que se produzca algún indicio de que las cosas pueden ir a mejor. Un saludo afectuoso.



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