Actualizado: 21/09/2020 14:29
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Cuba, EEUU, Trump

Cómo Trump vuelve a mentirles a los cubanos (II)

El autor está sorprendido de que “una gran cantidad de anticastristas guarden silencio ante las mentiras del presidente Trump con respecto a Cuba”

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Siempre he dicho que podrán existir padres iguales a los que tuve la dicha de tener, pero no mejores que ellos. Aunque mis progenitores no pudieron terminar la enseñanza primaria —desde niños tuvieron que empezar a trabajar—, tenían un pensamiento sumamente avanzado para su época: ellos me enseñaron a respetar y defender la dignidad del ser humano, independientemente del color de la piel, el origen, la religión, el género o la orientación sexual. Me infundieron ese sentimiento no sólo mediante sus palabras, sino con sus acciones. Recuerdo la frase preferida de mi padre: “Por sus hechos los conoceréis”.

José Martí continuó la formación que iniciaron mis padres. Tuve la enorme fortuna de formarme en su pensamiento y en su comportamiento ejemplar. El leer la obra de Martí me enseñó mucho sobre los valores de la democracia y la libertad. Mi lema es la máxima martiana: “La palabra es para decir la verdad, no para encubrirla”.

Sé que los agentes de influencia castristas que “atienden” CUBAENCUENTRO tratarán de sacar provecho de esta serie de artículos, desviando la atención del tema fundamental: ¿En qué ha cambiado el criminal comportamiento del régimen militar después del 17 de diciembre de 2014 —cuando el entonces presidente Obama anunció sus planes para normalizar las relaciones diplomáticas con la tiranía castrista—, para que el actual Gobierno norteamericano siga autorizando la realización de negocios con la élite militar que controla la economía de Cuba? Por ejemplo, el 24 de mayo se dio a conocer que una nueva línea de cruceros fue autorizada a realizar la travesía entre Fort Lauderdale, Florida, y los puertos de La Habana y Cienfuegos.

Millones de cubanos somos damnificados del régimen totalitario, sangriento y dinástico que instauró Fidel Castro Ruz. Como reconoce Juanita Castro, hermana de Fidel y Raúl: “La gran tragedia de Cuba empezó con Batista y siguió con Fidel”, quien pasó rápidamente de humanista a totalitarista.

Como han reconocido varios economistas e historiadores marxistas —Juan F. Noyola, Raúl Cepero Bonilla, Oscar Pino Santos, Manuel Moreno Fraginals y Óscar Zanetti Lecuona—, antes de que los hermanos Castro tomaran el poder, Cuba era un país con índices crecientes de progreso económico y social. En 1958, con una población de unos seis millones de habitantes, Cuba tenía un producto interno bruto (PIB) per cápita de 374 dólares, según el Atlas of Economic Development (1961) de Norton Ginsburg, o de 520 dólares, según autores como H. T. Oshima, Felipe Pazos, José F. Álvarez Díaz, Leví Marrero y José M. Illán. Ese mismo año, el PIB por habitante de España fue de 180 dólares, menos de la mitad del de Cuba en cualquiera de los dos cálculos.

Al fin, el tirano murió, pero todavía Cuba es el único país occidental donde es ilegal ser opositor y sigue la política de apartheid. La retórica de la Guerra Fría persiste, con activistas políticos y defensores de los derechos humanos siendo insultados públicamente como “mercenarios”, “contrarrevolucionarios” y “terroristas”. Por cierto, muchos parecen olvidarse del extenso historial terrorista —financiado por políticos cubanos, la burguesía nacional y gobiernos como los de Costa Rica y Venezuela— y de la total entrega a una potencia extranjera de los hermanos Castro.

Se ha documentado la existencia de al menos 140 presos políticos, el doble que hace un año. Los críticos de la dictadura siguen sufriendo hostigamiento de todo tipo, desde expulsiones de sus centros de trabajo o estudio hasta los “actos de repudio” fascistas —no puede olvidarse que el comunismo y el fascismo son las dos caras de una misma moneda—, el encarcelamiento sin haber sido sometidos a un debido proceso y hasta la muerte. Por ejemplo:

El presidente Trump no puede alegar que desconoce las graves y sistemáticas violaciones a los derechos humanos realizadas por la gerontocracia estalinista cubana desde que él ocupa la Oficina Oval, porque desde hace unos tres meses les he venido informando de ello al senador Marco Rubio —quien en abril dijo que había hablado tres veces sobre Cuba con el presidente Trump— y a los representantes cubanoamericanos, y les he enviado copia a la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos, al Vaticano y a periodistas de varios países, entre otros destinatarios. Varios de los lectores que sistemáticamente visitan CUBAENCUENTRO pueden dar fe de la veracidad de mis palabras.

¿Cómo se puede justificar que el presidente Trump guarde silencio sobre el aumento de la represión en Cuba, mientras que varios renombrados políticos republicanos que son aliados de él están negociando con la dictadura cubana? Por ejemplo:

  1. Un aliado del presidente Trump, el senador Thad Cochran, se reunió con el tirano. Es útil recordar que el senador Cochran es copatrocinador de un proyecto de ley que prevé la expansión de las exportaciones agrícolas —conocida como Ley de Libertad para Exportar a Cuba de 2017—, que garantizaría facilidades crediticias a un país que no paga sus deudas, dada la incapacidad productiva del sistema instaurado hace casi sesenta años, cuando en proporción a su población Cuba era el país latinoamericano mayor exportador de productos agropecuarios.
  2. Drew Phillip “Phil” Bryant (R), gobernador de Mississippi y también aliado del presidente Trump, visitó Cuba del 19 de abril al 21 de abril de 2017. La delegación incluyó a representantes de empresas de las ramas de agricultura, alimentación, energía, portuario y turismo. Bryant está clasificado como el quinto gobernador más conservador de Estados Unidos.

Por si no fuera suficiente que mientras los derechos humanos continúan deteriorándose en Cuba, la administración Trump autorizara que se hicieran más negocios con la tiranía castrista, el controvertido presupuesto presentado el pasado martes al Congreso por la Casa Blanca propone eliminar toda la ayuda a la disidencia cubana. Es importante recordar que segúnNewsweek, una compañía controlada por Donald Trump “secretamente condujo negocios en la Cuba Comunista”. ¡Poderoso caballero es Don Dinero! ¿Cuándo comenzará la construcción de la primera torre Trump en Cuba?

Está claro cuales son las prioridades del presidente Trump: ahogar económicamente a los opositores cubanos —Trump conoce que la dictadura les impide trabajar—, perjudicar a los más desfavorecidos en EEUU —los recortes en salud y ayudas sociales nos dice mucho de él—, mientras rebaja impuestos a empresas y aumenta el gasto militar.

No me ha sorprendido la ausencia de acciones concretas contra la dictadura castrista por parte de la administración Trump. Lo que sí me ha sorprendido es que una gran cantidad de anticastristas guarden silencio ante las mentiras del presidente Trump con respecto a Cuba e incluso, intenten justificar su pésimo comportamiento.

A esos compatriotas les recuerdo que si en 1959 los cubanos se hubieran acordado de la democracia, no hubieran permitido que Fidel Castro Ruz incumpliese su compromiso con el pueblo cubano, recogido en el Manifiesto de la Sierra Maestra; si en 1959 los cubanos se hubieran acordado de la democracia, no hubieran permitido que inmediatamente después de llegar al poder, los hermanos Castro violasen los derechos humanos y el debido proceso a los integrantes de la tiranía batistiana que cayeron en sus manos. Por ejemplo, los fusilamientos masivos y el segundo juicio a los aviadores.

Los sucesos ocurridos durante los tres primeros meses de 1959 debieron ser suficiente para que los cubanos se percatasen de que los hermanos Castro no se guíaban por principios democráticos; esos hechos fueron el preámbulo de lo que vendría después, mucho peor que la tiranía de Batista.

Les recuerdo que Danilo Maldonado —grafitero cubano conocido como “El Sexto”, ganador hace dos años del premio Vaclav Havel, otorgado a activistas “que participan en la disidencia creativa, exhiben valor y creatividad para desafiar la injusticia y vivir en la verdad”—, declaró el 21 de febrero: “No creo que al presidente (Donald) Trump le interese (la situación de Cuba), porque tampoco le interesan los derechos humanos en el propio país y utiliza palabras de división”.

Los cubanos amamos la democracia, pero muchas veces actuamos como si no nos importase. Los hechos ocurridos durante los cuatro primeros meses del actual gobierno norteamericano debieran ser suficiente para que todos se percatasen que el presidente Donald Trump no se guía por principios democráticos —de hecho, él representa una amenaza a la democracia liberal— y, por ende, a las aspiraciones de democracia del pueblo cubano

Como me guío por principios, condeno la violación de los derechos humanos en cualquier lugar del mundo, ya sea en Cuba, Panamá o Estados Unidos. Es por eso que respaldo completamente estos análisis realizados por Amnistía Internacional y Human Rights Watch. Apoyo las declaraciones del empresario cubanoamericano Mike Fernández en contra de la política de impulso a la deportación de indocumentados del presidente Trump.


Segunda y última parte de este artículo.


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