Actualizado: 26/09/2018 15:51
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Constitución, Asamblea, Exilio

Constitución y constipación

La constitución del tardocastrismo nacerá vivita y coleando por la sencilla razón de que emanará de la matriz del poder constituyente

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El espíritu es un estómago [y] un estómago indigestado
[es el] padre de la tribulación
Federico Nietzsche

Ahora que el tardocastrismo se apresta con otra constitución a darse caché, pues no hace falta para que siga andando, la contra-inteligencia del anticastrismo tardío se baja con que había que comenzar por elegir una Comisión Constituyente, como si la inmensa mayoría de la población no hubiera elegido a los 605 diputados de la Asamblea Nacional que, en virtud de la constitución actual, ejerce el poder constituyente (Artículo 70).

Tras seis décadas de castrismo corriente, aquella contra-inteligencia sufre del estreñimiento del vientre que impide reflexionar sobre la nuda y cruda realidad sociopolítica kubizhe. Y por no tener idea de cómo cambiarla, urde musarañas y falsea datos.

Especialidad en falsedad

Hace poco largaron en México un mamerto sobre el cambio constitucional en Cuba sin intervención de un solo jurista. De allí mismo acaba de salir que “no hay especialistas en la comisión” de la Asamblea Nacional para elaborar el anteproyecto de constitución, sino funcionarios con nivel muy precario de información y formación.

A diferencia del colectivo de autores del mamerto antemencionado, la comisión parlamentaria de 33 miembros para elaborar otro mamerto —el anteproyecto de constitución— tiene como voz cantante al Dr. en Ciencias Jurídicas Homero Acosta Álvarez, Profesor Auxiliar de Derecho Constitucional en la Universidad de La Habana (UH) y vicepresidente de la Sociedad Cubana de Derecho Constitucional y Administrativo, amén de un tercio táctico de otros 11 juristas que son o fueron jueces o fiscales, abogados o asesores jurídicos, entre ellos Yumil Rodríguez Fernández, Máster en Derecho Constitucional y Administrativo.

Cuestión de vida o muerte

Aunque ya Granma fue autorizado a informar que el anteproyecto se presentará a “la Asamblea Nacional antes de ser llevado a la consulta popular, a los efectos de conformar el texto definitivo que se someterá a referendo”, aquella contra-inteligencia no puede marcar ese paso tan chévere y pierde el compás con que la población “será consultada sólo al final del proceso”. La consulta popular sobreviene antes de finalizar el proceso y dará hasta el caché de atribuir tal o cual modificación insustancial a eso que el Gobierno llama pueblo. El final del proceso está marcado por el referendo, que tal como en 1976 dará el caché de ley fundamental al proyecto definitivo.

La constitución del tardocastrismo nacerá vivita y coleando por la sencilla razón de que emanará de la matriz del poder constituyente. Su propósito racional es preservar la dictadura del único partido con su ideología oficial de turno, la represión política consecuente y el triple monopolio sobre las armas, los medios fundamentales de producción y los medios de comunicación masiva. A tal efecto todos los integrantes de la comisión parlamentaria —que salvo Raúl Castro y acaso otro más tienen formación universitaria [1]— disponen de información más que suficiente y, sobre todo, voluntad de poder.

Las constituciones que nacen y nacerán muertas son aquellas que el anticastrismo tardío elabora en centros de estudios, mesas de iniciativa y demás artilugios con que embaraja la nuda y cruda realidad de que no tiene asideros de poder. Y por lo demás, el ejercicio intelectual de concebir órdenes constituciones en el vacío equivale a tesina de Licenciatura en Derecho.

Doblez constitucional

Menos esfuerzo intelectual todavía se requiere para desbarrar con que la constitución en cierne debe hacerse así o asao. Desde Kelsen se sabe que todo documento denominado constitución (formal) se genera por otra constitución (material): el orden jurídico vigente para crear leyes, que incluye la organización y competencias de los órganos estatales [2]. Ese orden quedó sentado en 1976 y su crítica teórica se agotó tanto, a la espera de la crítica práctica, que ya no queda nada que criticar al orden constitucional del castrismo que no haya sido criticado antes.

Aquella contrainteligencia sólo atina al gerundio remojado / de la lluvia sobre lo llovido: secreto, burocracia, marxismo-leninismo soviético y demás consabidos males y disfunciones del castrismo. Así proseguirá dando vueltas dentro del redil sociopolítico de que un régimen malo, pero tan malo que —para renovar su constitución— comisiona a “analfabetos de la gestión pública eficiente”, no acaba de venirse abajo.

Tras los reordenamientos de 1992 (elegir directamente a quienes integran la sede el poder constituyente) y 2002 (privar al poder constituyente de la potestad de modificar la constitución cambiando el carácter socialista del Estado), la constitución material del castrismo dejó una sola opción para transitar a otra: la revolución popular. Entretanto habrá que comerse con papas esta y las demás venideras constituciones tardocastristas.

Conflicto de intereses

Para aquella contra-inteligencia, la conclusión más evidente estriba en alto tan consabido como que la comisión parlamentaria no ofrecerá ninguna propuesta de constitución que refleje los intereses de la población. Por eso la ciudadanía cubiche ni siquiera está interesada de que va el asunto, pero hay otra conclusión igual de consabida, pero con mucho más peso del sabor.

Como tampoco la llamada oposición ni el exilio reflejan los intereses de la población insu(i)liar, todas las propuestas de la comisión tardocastrista se aprobarán por mayoría abrumadora de eso que la oposición y el exilio llaman pueblo. Y eso que si los intereses de ese pueblo, población, ciudadanía o lo que sea no estuvieren reflejados en la constitución, la única opción lógica sería marcar NO en la boletica del referendo.

Coda

El espíritu de la contrainteligencia del anticastrismo tardío quedará todavía más estreñido cuando el orden constitucional castrista logre por tercera vez la legitimidad que sólo puede derivarse de la apariencia de legitimidad que dan los números de votos.

Notas

[1] La formación universitaria no da garantía en política. Ningún título académico, sea de la Lomonósov en Moscú o la Sorbona en París, ha sido jamás obstáculo para la idiotez política.

[2] Hans Kelsen: Teoría general del Derecho y del Estado, UNAM (1995), 147 ss.


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