Actualizado: 26/11/2021 14:39
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Contra el choteo

El régimen teme a un Pánfilo multiplicado por voces e imágenes innumerables y a un tema de la vida cotidiana que atraviesa las cocinas de todas las casas.

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Fidel Castro mantuvo a Hilda Molina prácticamente en prisión domiciliaria por 15 años, y por ello se ganó el rechazo de muchos dentro y fuera de Cuba. Quienes aún creían en el humanismo de Castro quedaron frustrados.

Al entrar en el juego de la alta política nacional, Molina aceptó sus reglas, y la injusticia contra ella residió en que pagó demasiado. Arbitrariamente, en el castigo se incluyó a la anciana madre de la doctora.

Sin embargo, el poder en La Habana todavía debe la información al pueblo de la Isla, a destacadas personalidades internacionales e incluso a varios presidentes que se preocuparon por el caso, sobre las razones de tan dilatado ensañamiento.

Como sucedió con la doctora, la condena de dos años de prisión dictada recientemente contra Pánfilo (Juan Carlos González Marcos) llega para echar por tierra cualquier adarme de esperanza de que el mandato de Raúl Castro sería distinto del de su hermano en relación con los derechos humanos.

Sin duda que las anteriores son dos pruebas paradigmáticas de represión, pero difieren en las razones—o para decirlo con más propiedad— en el conocimiento de las causas que los convirtieron en víctimas.

La tragedia de Pánfilo

Pánfilo jamás fue diputado ni oficial del Ministerio del Interior, ni gozó de la confianza de Fidel Castro. Hijo de vecino, ha tratado siempre de sobrevivir, como la inmensa mayoría del pueblo cubano. Probablemente no se le ocurrió nunca escalar en el sistema.

Quizá sea alcohólico, como se ha dicho, adicción muy común en las actuales condiciones sociales, donde una vez se soñó con la floración masiva de un hombre nuevo que contrastaba radicalmente con la naturaleza humana.

Desde el punto de vista cívico, Pánfilo tuvo su gran día cuando fue a gritar delante de una cámara que en Cuba "lo que hace falta es jama". Desde el punto de vista de las consecuencias personales, probablemente fue su peor día, pero aquí, en última instancia, será la historia la que decida.

Si sobre la doctora Molina lo único que a ciencia cierta se sabe es lo que ella misma dice en cuanto a las razones del cruel castigo que recibió, con Pánfilo las razones son de total dominio público.

¿Por qué se castiga ahora a Pánfilo con leyes que no se le aplicaron en los "casi diez años" que estuvo sin "trabajar para el Estado", según indicaron los acusadores?

¿Por qué se le condenó cuando todos los que han visto el vídeo en YouTube, en otros sitios de internet y en la televisión —cerca de medio millón de personas—, o quienes han escuchado en Cuba su descripción, conocen perfectamente el real origen de la condena que tendrá que cumplir?

Una respuesta entre otras

Pongamos los puntos sobre las íes. En esencia, lo que hizo Pánfilo fue traducir en lenguaje popular las incontables ocasiones en que tanto Fidel Castro como su hermano han reiterado la necesidad de alimentos en Cuba, atestiguada por la inmortal Libreta de Abastecimientos. En cualquier país del mundo el pueblo llama hambre a una prolongada carencia de alimentos.

Por otra parte, hay que recordar que Hilda Molina, desde Cuba y durante casi 15 años, manifestó al mundo ideas mucho más duras contra el régimen que las de Pánfilo, sin embargo nunca se abrió contra ella proceso judicial.

¿Cuál es la diferencia aquí entre Pánfilo e Hilda Molina?

Si imaginamos que la razón es la forma —palabras de intelectual en Molina y lenguaje popular en Pánfilo—, entonces podemos concluir que se produjo una sanción dirigida contra al menos una expresión de la cultura popular cubana.

Admitamos también que si la traducción de Pánfilo fue envuelta en una humorada genial, una clásica trompetilla, el régimen está diciendo que no tolerará el choteo que Jorge Mañach analizó, que más allá de sus costados negativos, constituye un arma con muchos filos en la historia de la política nacional y sin duda un tradicional dispositivo de resistencia de la cultura popular isleña.

Y si la actuación de Pánfilo se articula dentro de la cultura popular, cuántos Pánfilos podrían irrumpir con nuevos actos de choteo, se preguntó quizá, antes de procesarlo, el poder en Cuba. ¿Estará el régimen preparado no ya para un nuevo maleconazo, sino para un panfilazo nacional, un choteo multitudinario? Esto último me lo sugirió un amigo, pero tal vez se lo preguntó también la autoridad en La Habana.

Es asimismo muy conocido que con posterioridad al vídeo, el propio Pánfilo —entonces sin tragos— advirtió que él "estaba en candela" con la policía, frase que adelantó la condena que ahora recae sobre sus espaldas.

Pánfilo realizó, pues, dos propuestas: 1.- Definió la necesidad de alimentos en Cuba a través de una herramienta histórica: el choteo, y 2.- Avisó sobre su propio encarcelamiento.

En resumen, el régimen cubano por primera vez ha proclamado —víctima mediante— que el humor crítico se acepta, con muchos límites, en el recinto cerrado del teatro, donde el público paga por reír y entretenerse. Jamás se aceptará el choteo en su medio ideal, la calle, y mucho menos con un público de medio millón de personas.

Sin posibilidad de extendernos a este último respecto, Néstor García Canclini y Martín-Barbero reconocen a la cultura postmoderna como multiplicadora de las imágenes posibles y su centralidad en lo visual, lo que de algún modo refleja el complejo entrecruzamiento cultural en que se insertó y resonó la actuación de Pánfilo desde un barrio habanero.

El régimen teme a un Pánfilo multiplicado por voces e imágenes innumerables y a un tema de la vida cotidiana que atraviesa las cocinas de todas las casas. Por eso Fidel y Raúl Castro lo condenaron.


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