Actualizado: 17/10/2017 10:31
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Cuba, EEUU, Cambios

El largo camino

Lamentablemente, hemos encarnado en no pocas ocasiones el papel de peones sacrificados al servicio de reyes, que luego arreglan el juego para quedar en tablas

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El pasado 11 de diciembre publiqué un artículo titulado “Traemos a nuestra gente a casa”, en el cual analizaba las causas por las cuales el presidente Barack Obama necesitaba anunciar pronto alguna medida en su política exterior que impactara a la opinión pública nacional e internacional. En las condiciones en que se encontraba el presidente Obama, mi opinión era que la medida más factible era realizar un ajuste en la política exterior de Estados Unidos hacia Cuba y explicaba las causas que respaldaban la factibilidad de hacer un cambio de política prontamente. Para mi propia sorpresa, varios de los planteamientos que expuse, se cumplieron con apenas una semana de diferencia.

El anuncio simultáneo de los mandatarios de ambos países, ciertamente conmocionó a buena parte de la opinión pública nacional e internacional. En un primer momento parecía, y aún parece, demasiada información para digerir de un bocado. No solo súbitamente se eliminaron los obstáculos que impedían un avance en la normalización de las relaciones, los casos de Alan Gross y los agentes cubanos encarcelados en los Estados Unidos; sino que de momento el presidente Obama ha hecho uso de prácticamente la totalidad de las facultades presidenciales que le permite la Ley Helms-Burton en relación a Cuba.

El gobierno cubano ha apostado de a lleno por una normalización de las relaciones con su vecino del norte. Cuando a principios de diciembre la cancillería de la Isla solicitó a los representantes diplomáticos europeos aplazar indefinidamente el diálogo político que sostenían ambas partes, varios pensamos que el gobierno del general/presidente Raúl Castro planificaba un tiempo para emprender algunas de las reformas políticas de las cuales él mismo ha venido anunciando desde el mismo gobierno, v.gr. una reforma constitucional o ratificar los Pactos de Derechos. Sin embargo el mismo 17 al parecer obtuvimos la respuesta: la cancillería cubana no puede mantener dos frentes al mismo tiempo y necesita enfocar todos sus recursos en sostener un diálogo con la contraparte que más le interesa.

El reinicio de las relaciones diplomáticas entre ambos países no significa que las controversias hayan terminado. No obstante, ambos gobiernos sabiamente han coincidido que el mejor camino para solucionarlas es estableciendo un diálogo directo entre sus representantes diplomáticos. Como es de suponer, recomponer una relación entre dos estados que no tendieron puentes por más de medio siglo llevará mucho tiempo. La política de aproximación no estará exenta de obstáculos y sabotajes. Pero para que se produzca una relación duradera es preciso que entre ambas partes prime el respeto y la estricta observancia del Derecho Internacional.

El restablecimiento de embajadas en La Habana y Washington, respectivamente, ayudará a sus diplomáticos a velar por los intereses nacionales de cada país. Téngase en cuenta que como diplomáticos acreditados pertinentemente por sus países podrán sostener lazos directos con los elementos del Estado anfitrión sin solicitar de manera continua la aquiescencia de las respectivas cancillerías, de igual manera se les permitirá salir de las capitales más libremente y desarrollar un trabajo focalizado en otras comunidades e incluso aumentar la presencia consular en diferentes ciudades para beneplácito de los usuarios.

En las últimas semanas en ambas orillas se ha escuchado un clamor de alegría y la mayoría de los cubanos han manifestado su complacencia. No obstante, también ha habido quienes han demostrado su rechazo. Los argumentos al criticar al presidente Obama por dar este paso, si bien deben ser respetados como muestra de civismo, son sencillamente risibles. Muestran una ausencia total de conocimiento sobre política internacional. Por muy en desacuerdo que se pueda estar con el gobierno de La Habana, es necesario reconocer que la falta de relaciones entre ambos países no ha aIslado al gobierno cubano, al contrario, Cuba mantiene hoy más relaciones bilaterales y multilaterales que en cualquier otro momento de su historia. De igual manera, la Lista de Estados Patrocinadores del Terrorismo del Departamento de Estado ha perdido credibilidad ante la opinión pública con la actual inclusión de la Isla sin hechos ni datos de peso para el Derecho Internacional. El propio presidente Obama ha dado indicios en su alocución que esta inclusión podría estar viciada por elementos ideológicos y que la pasada política ha aIslado más al propio gobierno de Estados Unidos que a Cuba.

Algunos cubanos, incluso algunos de ellos oficialmente residentes en la Isla, han declarado que se sienten “traicionados” por la actitud del Presidente. A ellos permítanme recordarles que el deber del mandatario es velar por los intereses nacionales de todo Estados Unidos, no los intereses de los cubanos ni cubanoamericanos y ciertamente mucho menos los de estos “traicionados”. Además, en múltiples conferencias de prensas, los voceros del Departamento de Estado y la Casa Blanca han manifestado que los esfuerzos y fondos para promover democracia y derechos humanos en la Isla seguirán disponibles. Espero ver a estas personas hacer negación de dichos fondos si les son ofrecidos por alguna agencia del gobierno que los “traicionó”. Probablemente mi imaginación es demasiada.

En días recientes la Empresa de Telecomunicaciones de Cuba S.A. (ETECSA) ha anunciado que planea aumentar la capacidad de conexión a Internet de los ciudadanos en la Isla, e incluso, adelanta que para el año que entra se establecerán espacios públicos con conexión Wi-Fi. Los argumentos de aquellos que han criticado al presidente Obama, ceden ante este tipo de noticias.

En los últimos años es innegable se ha fortalecido la sociedad civil en Cuba. Además de las organizaciones con fuertes lazos con el gobierno, existen otras de diversa índole, ya sean sociales, religiosas, académicas e intelectuales que trabajan activamente en la promoción de principios democráticos y la plena observancia de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, fomentando fórmulas alternativas para la gobernabilidad en la desde una posición nacionalista. De igual manera, en estos momentos emerge un sector de empresarios privados que necesitan empoderamiento, capacitación y herramientas para una mayor capitalización. La posibilidad de acceder a productos, servicios y tecnología en Estados Unidos brindará a estos dos sectores una mejor dinámica, brindándole mayor acceso al comercio, la información y comunicaciones mundiales, lo que repercutirá en mayor independencia.

Finalmente, negociar algunos aspectos como el cumplimiento de algunas sentencias judiciales dictadas por los tribunales competentes de cada país; establecer acuerdos para la protección del medio ambiente y los recursos marinos, el combate contra el narcotráfico, trata de personas y la protección de la propiedad intelectual; acordar, si es de interés, algún tratado de extradición; y desde luego, el levantamiento del embargo/bloqueo llevará años, si no décadas. No obstante, no hay viaje que se emprenda sin dar el primer paso.

A pesar de que esta posible normalización llevará un largo camino, todo parece indicar que las relaciones entre los dos gobiernos mejorarán más temprano que las relaciones entre cubanos de distintos pensamientos y generaciones. Lamentablemente, la sociedad cubana (la de adentro y la de afuera) ha sido politizada y manipulada, y hemos encarnado en no pocas ocasiones el papel de peones sacrificados al servicio de reyes que luego arreglan el juego para quedar en tablas. La retórica del aIslacionismo y el extremismo le ha costado mucho a nuestra patria. Pobres serán los hijos de estas políticas cuando queden huérfanos. Reconocernos como hermanos respetando el criterio de cada cual es necesario más que nunca para lograr con todos y para el bien de todos una Cuba más próspera, estable y democrática.


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