Actualizado: 20/10/2017 18:43
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Gross, Espías, Represión

Traemos a nuestra gente a casa

En la situación en que se encuentra la Casa Blanca, no existe legado más simple para Obama que fumar, cual jefe indio, la pipa de la paz con los cubanos residentes en la Isla, afirma el autor de este artículo

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“Traemos a nuestra gente a casa”, dijo la exsecretaria de Estado, Hillary Clinton, en una entrevista con Diane Sawyer de ABC sobre la decisión del presidente Barack Obama de intercambiar cinco prisioneros talibanes detenidos en Guantánamo por el soldado estadounidense Bowe Bergdahl. Cuando la entrevistadora le preguntó si ella opinaba que el Presidente estuviese haciendo un pacto con el diablo, Clinton respondió: “Creo que fue una decisión muy difícil, y por eso creo que mi libro[1] tiene un título tan apropiado. Si nos fijamos en los factores que se tuvieron en cuenta para tal decisión, por supuesto, existen intereses y valores contrapuestos”, dijo Clinton a Sawyer, “Y uno de nuestros valores es traer a todos a casa del campo de batalla lo mejor que podamos. No importa la forma en que terminaron en la situación de prisionero de guerra”. Sawyer preguntó a Clinton: “¿Eso no importa?”. “No importa”, Clinton respondió, “Traemos a nuestra gente a casa”.

Recientemente se cumplió el quinto aniversario del encarcelamiento de Alan Gross en La Habana. A pesar que no es un soldado norteamericano, ni un prisionero de guerra, fue condenado por introducir, mediante encargo del gobierno de Estados Unidos, elementos necesarios para establecer una red clandestina de acceso a Internet que pudiese operar sin la supervisión de las autoridades de la Isla. Algo penado por las leyes cubanas. La situación del subcontratista de la USAID ha sido un escollo más para aquellos que buscan la normalización de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba; y el pretexto perfecto para los que intentan torpedear el proceso de acercamiento y mantener el antagonismo político entre ambas orillas.

El caso de Gross, hay que aceptar, se ha convertido en una bomba de relojería si ambos gobiernos no colaboran juntos en lograr un acuerdo que permita su pronta liberación por razones humanitarias. Pero también la de los tres agentes antiterroristas cubanos que permanecen prisioneros en cárceles de Estados Unidos.

Los factores que inciden sobre el detonador de la bomba son, entre otros, el agravamiento de la salud del señor Gross, sumado a su negativa a recibir visitas de funcionarios de la Sección de Intereses de Estados Unidos en La Habana, así como su rechazo a los esfuerzos del personal médico cubano por mantener su estado de salud. Además, en varias ocasiones ha dejado abierta la posibilidad de realizar una huelga de hambre. Ello podría hacer peligrar lo que muchos ansían: el inicio de un proceso de acercamiento.

El general/presidente Raúl Castro (a quien también se pudiese atribuir la frase pronunciada por Hillary Clinton) ha declarado públicamente su voluntad de negociar con el presidente Obama sobre cualquier tema, incluyendo un intercambio, por razones humanitarias, de los prisioneros implicados. Algo que no ocurriría por primera vez. Un posible acuerdo sobre los prisioneros sería un ganar-ganar para ambas partes, y al mismo tiempo un experimento sobre la forma a tratar todos los desacuerdos importantes en las relaciones entre Estados Unidos y Cuba.

Recientemente una fuente en la Casa Blanca reveló a ABC que el Consejo de Seguridad Nacional de Estados Unidos y el presidente Obama están conscientes de la situación de Gross y están trabajando en una solución. Para el gobierno cubano, tal solución tendría que incluir también los tres antiterroristas cubanos encarcelados en suelo norteamericano.

No existe momento más ideal que este para lograr un acuerdo. El presidente Obama en los últimos dos años de su presidencia puede prescindir de negociaciones con los representantes del lobby cubano. Por otra parte, se encuentra desesperado por una victoria en la arena internacional que pueda dejar como legado al pueblo norteamericano y que levante su imagen ante los votantes estadounidenses. En el Medio Oriente, los sucesivos errores cometidos por la actual administración en Iraq han permitido que se esparza el terror en la región con el consecuente asesinato de varios rehenes estadounidenses, transmitido en todo el mundo por la estrategia mediática de los terroristas. Este sábado se dio a conocer la noticia del asesinato de un ciudadano estadounidense captivo por una organización terrorista durante la operación de rescate por el ejército estadounidense. Tal guerra contra elementos extremistas en el Medio Oriente muy probablemente durará varios años, si no décadas. En Europa del Este, las políticas de aislamiento contra Vladimir Putin han desenfrenado el nacionalismo ruso, en lo que muchos alegan podría llegar a ser el reinicio de la Guerra Fría. Según la revista norteamericana Forbes, sus lectores han votado por segundo año consecutivo al presidente ruso por encima de su propio presidente para llevar la corona en la lista de los líderes mundiales más influyentes.

En la situación en que se encuentra la Casa Blanca, no existe legado más simple para el presidente Obama que fumar, cual jefe indio, la pipa de la paz con los cubanos residentes en la Isla. El tema Cuba probablemente resuene en los pasillos de la Casa como un pitillo en los oídos. Los recientes editoriales de The New York Times, sumado a la reciente visita del miembro de su Comité Editorial, Ernesto Londoño, a Cuba no han pasado por alto a la opinión pública norteamericana. Se le adiciona la extraordinaria ayuda de la misión médica cubana contra el ébola en África, que ha puesto públicamente a personal cubano y norteamericano a trabajar juntos bajo un mismo techo y con un mismo objetivo, algo que hacía mucho tiempo no se veía. El papel de los médicos cubanos ha sido reconocido públicamente por líderes de varios países y organizaciones. El propio secretario de Estado John Kerry ha puesto como ejemplo la contribución de Cuba en la lucha contra el ébola.

Sin embargo, ello sería puesto en peligro por un eventual deceso en Cuba del señor Gross. Sería un obstáculo irreparable que se equiparía a los sucesos del 24 de febrero de 1996, lo cual condujo a la administración Clinton a ceder ante los reclamos de aquellos elementos anti-normalización y la eventual aprobación de la ley Helms-Burton. Ello sin duda será explotado por estos elementos ante la opinión pública internacional, lo que podría opacar incluso el trabajo desplegado por los médicos cubanos alrededor del mundo.

El intercambio de prisioneros debe contar con una actitud proactiva entre ambos gobiernos. Un gesto de liberación humanitaria por alguna de las partes, será visto sin dudas como constructivo y de buen grado en la otra orilla que permitirá romper el hielo. El gobierno que tenga la valentía de tomar el primer paso en pos de una liberación humanitaria, tendrá valor moral para exigir reciprocidad y correspondencia.

En abril próximo se celebrará la VII Cumbre de las Américas en Panamá. El país anfitrión ha cursado ya las invitaciones a Barack Obama y Raúl Castro. Todo parece indicar que ambos mandatarios se verán las caras en el istmo. Para Raúl Castro asistir por primera vez a este tipo de Cumbre será una victoria de la política exterior cubana en la región con 20 años de retraso (desde la primera Cumbre en 1994) y una oportunidad de legitimar sus intereses nacionales. Además será visto como una muestra del presidente cubano de dialogar con cualquier miembro de la OEA, respetando diferencias ideológicas.

La pasada semana, la portavoz adjunta del Departamento de Estado afirmó que la Cumbre tendrá credibilidad aún con la presencia del mandatario cubano, algo a lo que Washington en primera instancia se oponía. Por otro lado, el portavoz de la Casa Blanca ha recordado que el presidente Obama ha asistido a las dos cumbres anteriores. Lo cual parece confirmar sutilmente que la delegación norteamericana estará conformada al más alto nivel.

Una ausencia de Barack Obama redundará en descrédito de la política exterior estadounidense en la región. Debemos tener en cuenta que la mayor minoría étnica en Estados Unidos es latina. En recientes semanas el propio Obama ha declarado por orden ejecutiva un indulto a más de cinco millones de indocumentados latinos que cumplan con ciertos requisitos. Además América Latina es una región que ha demandado en los últimos años más atención por parte de la actual administración en términos de cooperación.

Por ello en abril, probablemente no haya cadena de noticias ausente al primer encuentro de ambos mandatarios en una mesa de trabajo conjunta. Los expectantes nos quedaremos ansiosos como pueda producirse el encuentro tras el apretón de manos en Sudáfrica y el famoso “Mister President, I am Castro” (Señor Presidente, yo soy Castro), que dio la vuelta al mundo en cadenas de noticias de todas las nacionalidades.

Sin embargo, para que tal encuentro sea productivo en algún sentido y ambos mandatarios acudan sin presiones latentes, es necesario saldar antes la liberación de los prisioneros tan preciados en sus respectivos países.

Poner fin a 55 años de desavenencias, logrando un proceso de acercamiento en las relaciones bilaterales, siendo tolerantes ideológicamente y respetando la soberanía de uno y otro Estado, será sin dudas un legado que ambos mandatarios podrán exhibir para beneplácito de la Comunidad Internacional y de no pocos ciudadanos de ambos países.



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