Actualizado: 20/10/2017 18:43
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Martí, Esclavitud, Racismo

¿Fue José Martí racista?

Cabrera Peña principia con la esclavitud y la Guerra Grande como “preliminares en Martí” para adentrarse en el artista adolescente a través de la relación entre esclavitud y el poder

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La editorial Betania (Madrid) acaba de publicar en línea el libro de Miguel Cabrera Peña ¿Fue José Martí racista?, que tendrá se dará próximamente a imprenta. Cabrera Peña se doctoró en Estudios Americanos por la Universidad de Santiago de Chile y en este libro brinda una honda perspectiva sobre los negros en Cuba y Estados Unidos, enfilada críticamente contra el sector de la academia americana que atribuye a Martí haber encontrado “una excusa para no recompensar a los negros por la esclavitud y [escamoteado] la posibilidad de unión en base al color de la piel para reclamar sus derechos” (página 15).

Desde luego que todo libro sobre Martí corre el riesgo de despeñarse por la “pacatería y determinismo“ historiográficos, pero Cabrera Peña supera el escollo con su tesitura racional: “Martí ha sido y es objeto de luchas discursivas por poderes que se combaten política e ideológicamente y tales luchas [por apropiarse del símbolo] no deben etiquetarse como ilegítimas (…) Son sus argumentaciones las que pueden serlo y en volumen considerable lo son” (pp. 17 s).

Racionalidad discursiva

Para demostrar la legitimidad de sus propios argumentos, Cabrera Peña se atiene a las buenas razones, esto es: aquellas que persuaden con premisas ciertas enlazadas lógicamente con las conclusiones. El lector no encontrará los desvaríos que llevan a revisar a lo loco el enfoque histórico del problema racial en Cuba y aseverar, por ejemplo, que el hijo de Martí intervino con sus propias manos en la autopsia de Evaristo Estenoz, líder del Partido Independiente de Color (PIC).

Aquí mismo Cabrera Peña coge al toro martiano por los cuernos. Aquel precitado sector de la academia “ha erigido un muro, una distancia insalvable entre Martí y el [PIC]”, pero muchos personajes y sucesos, documentos y criterios del propio Martí “echan abajo la pared interpuesta por esa historiografía” (p. 25).

Una de las claves del razonamiento de Cabrera Peña es que, si aceptáramos la tesis de las nociones martianas encajadas dentro de los límites del discurso hegemónico del criollo blanco, ¿cómo es posible que afrodescendientes del talento de Rafael Serra y sus compañeros de la sociedad La Liga, Juan Gualberto Gómez y Flor Crombet, Sotero Figueroa y Arturo Schomburg, se dejaran engañar por un discurso que no respondía a, sino que escamoteaba sus intereses, y llegaran incluso a elogiar la obra antirracista de Martí?

Cabrera Peña responde negativamente la pregunta que sirve de título a su libro con casi 400 páginas de argumentación ordenadas en 15 capítulos, sin desoír la advertencia de Michel de Certeau en L’Invention du Quotidien (1980): a la gente no debe juzgársela idiota. Algo que no acostumbran hacer muchos académicos e intelectuales en el planteo de problemáticas presupuestadas con la manía de resolverlas mediante selecciones arbitrarias del inventario histórico.

Almacén de martianidades

Cabrera Peña principia con la esclavitud y la Guerra Grande como “preliminares en Martí” para adentrarse en el artista adolescente a través de la relación entre esclavitud y el poder. Sigue con el ascenso antropológico de Martí hasta la inhabilitación del concepto mismo de raza y la dilucidación de si esto entorpece en la obra martiana, como suele afirmarse, la organización y lucha de los negros por sus derechos. Enseguida aborda tanto las recepciones entre Martí y los afrocubanos (más otras recepciones y “rarezas” de lo martiano), como el desarrollo de la visión Martí sobre los afroamericanos, que el autor valora como “mucho más profundo” en comparación con Alexis de Tocqueville, hasta llegar al análisis de la relación entre rebeldía y libertad con referencias obligadas a Frederick Douglass, Henry H. Garnet y otros abolicionistas.

Aquí andamos ya por la mitad del libro, que prosigue con las nociones martianas sobre el cuerpo mismo del hombre y la mujer de raza negra, para caer en la perspectiva social y explicar más adelante cómo Martí vislumbró la desobediencia civil al calor de las protestas en el contexto estadounidense.

Cabrera Peña examina también algunas nociones de Martí sobre la cultura de los negros, en particular su enfoque de los abakuá, así como el análisis martiano de la identidad afroamericana. Para el cierre nos deja la discusión con intelectuales afrocubanos que critican a Martí y la propuesta de “nuevo diálogo con la academia norteamericana”.

Coda

El filósofo Emilio Ichikawa señaló el respeto a Martí que profesaba hasta un creador tan iconoclasta como Reinaldo Arenas. Cabrera Peña se atreve a decir que, de alguna manera, nos guste o no, Martí está aún en el proceso de fijezas y cambios que determinan la identidad de lo cubano. Toca al lector convencerse o no a través de un libro tan enjundioso como ¿Fue José Martí racista?


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