Actualizado: 14/10/2019 9:31
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Censura, Intelectuales

La censura contra los intelectuales en Cuba (II)

Segunda parte y final de una serie de artículos

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La doble censura contra el campo intelectual ha producido una serie de tendencias en el discurso intelectual al interior de la Isla.

El desplazamiento en el tiempo y el espacio:

Es más sano, provechoso y fructífero ocuparse del siglo XIX cubano que del siglo XX o el XXI. Investigando el siglo XIX se puede realizar un trabajo serio y profundo, con mínimas restricciones políticas. Igualmente resulta productivo dedicarse al análisis del capitalismo mundial, tema que permite demostrar una capacidad crítica y un entrenamiento intelectual considerables mientras que ocuparse de la actualidad del país es un “campo minado”. Un querido colega cubano me decía en una ocasión que la censura nos obligaba a ser esquizofrénicos en la producción intelectual, es decir nos obligaba a hacer una “ruptura” con la realidad a la hora de escribir y publicar.

La impronta ideológica en la producción intelectual

La producción intelectual está obligada a hacer una especie de “genuflexión” ante el discurso oficial de turno y “bendecir” las políticas públicas, sean económicas, políticas, sociales o culturales, de los últimos 50 años. Si algunos señalamientos se hacen, el intelectual debe dejar claro desde el inicio su filiación política. Si se atreve a hacer una crítica articulada y profunda de la totalidad social es considerado por sus colegas o un “loco” o un “agente de la seguridad del estado” y por lo tanto comienza el proceso de “excomunión” de la comunidad intelectual, por parte de sus propios colegas.

La penetración del discurso oficial en las Ciencias Sociales, convierte en ideológicas todas las discrepancias y en posibles insultos y diatribas entre los intelectuales, también entre los que residen en Cuba y los que vivimos en el exterior. Así he leído una rarísima clasificación en la cual, los intelectuales que residimos en el exterior somos “mutantes disidentes” y los de adentro, “revolucionarios”. Esta clasificación por fronteras geográfica en la cual, solo los intelectuales que viven en Cuba pueden lograr un estado de “purificación”, mientras los que emigran se corrompen con el mercado, es el resultado de la doble censura, y la imposibilidad de sincerar esa doble censura traslada la discusión a las supuestas intenciones “malévolas” de los que residimos en el exterior.

Prohibido aterrizar en la realidad

El resultado de la censura produce un discurso intelectual que es muy resistente a aterrizar en la realidad. Si se discute sobre la sociedad civil, puede uno encontrar una variada gama de artículos y libros sobre el tema, para al terminar de leer toda esa literatura no enterarse de la sociedad civil realmente existente en Cuba.

Si lee un ensayo sobre la ciudadanía, la república y la participación política, al terminar su lectura tampoco logra entender qué significan para el autor estos temas. Lo que quiero apuntar es que las restricciones producen en muchas ocasiones un discurso intelectual innecesariamente denso, complicado y confuso; o dicho de otro modo, un lenguaje hermético o críptico es una buena defensa para evitar la censura. Por eso podemos encontrar introducciones enormemente largas e innecesarias para tratar un tema y cuando llegamos a éste tratarse en pocas líneas. Cuando por fin el autor llega a los temas de la actualidad, su discurso intelectual respeta entonces los límites que le impone el discurso oficial.

La demonización del pensamiento liberal

La tradición del pensamiento liberal se desecha y simplifica. Por una parte los autores cubanos asumen el pensamiento liberal como similar al pensamiento neoliberal, lo cual demuestra más desconocimiento que intencionalidad y por otra se le desecha en pocas frases aludiendo a una democracia liberal congelada en los inicios del siglo XX. Esto impide que incluso se olvide su fuerza liberadora en la lucha contra el pensamiento monárquico, reconocido aun por el propio Carlos Marx.

El marxismo al revés

Por obra y gracia de la censura, el marxismo en Cuba es un pensamiento que sirve para justificar las estructuras de dominación actuales y no para transformarlas. Uno puede leer “Epistemología de la transición socialista en Cuba” y descubrir un texto producido en el mejor lenguaje de los manuales soviéticos de antes de la Perestroika, donde se justifica las estructuras verticales del Partido y el Estado cubano de los últimos 50 años y la centralidad del poder. Al terminar, el lector no ha podido enterarse de nada de lo que anuncia el título, pero sí puede reconocer el discurso oficial en sus páginas. Así, uno concluye que es mejor leer el panfleto del Granma que perder el tiempo en leer al autor.

He leído en muchos trabajos de intelectuales que residen en el país, frases como “la debilidad de las Ciencias Sociales cubanas”, o “hacer sociología sobre la realidad cubana no ha sido siempre una opción” y si no fuera cubana sino de otro país, pensaría que los intelectuales cubanos son más perezosos o negligentes o vagos por idiosincrasia y que la sociología no se ha podido ejercer por ignorancia. Sin explicar la doble censura contra el campo intelectual cubano, difícil será entender para un intelectual extranjero está supuesta “irresponsabilidad nacional”.

Cada vez más, honrosas excepciones se distancian de las tendencias que he descrito. Produciendo aun en estas difíciles condiciones, varios intelectuales se atreven a hablar de la realidad cubana actual de manera clara, directa y con argumentos, demostrando una capacidad analítica, crítica y articulada muy valiosa que espero se extienda poco a poco al resto de mis colegas de la Isla.


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