Actualizado: 29/11/2021 15:04
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La escritura y el reino

Una lectura literaria de la realidad: ¿Retornará Cuba a la situación anterior al 31 de julio de 2006?

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Demasiado literatura

Toda esta elaboración, que sólo ahora es posible contemplar a la distancia, guarda demasiada similitud con una obra de Shakespeare, con el afán de Hemingway por leer sus "obituarios" tras dos accidentes aéreos en África. Hay demasiado de literatura para no sospechar de la existencia de un montaje.

Tanta obstinación en vencer la decadencia inevitable de la edad no escapa a que se haga evidente el mecanismo para intentar derrotar al tiempo. La fecha del cumpleaños, que algunos adulones se empecinan en celebrar, queda de pronto abolida. ¿Qué interés puede tener Castro en que le recuerden una y otra vez que cumple 80 años, que ya es un anciano y que este hecho es irrebatible e irreversible?

La única solución es abolir el cumpleaños y convertirlo en efemérides. Transformar ese ajuste de cuentas anual que nos ocurre a todos en una ocasión para celebrar el nacimiento de un mito. El 2 de diciembre, "Día de las Fuerzas Armadas Revolucionarias" —fecha de la reanudación de la epopeya que lo llevara al poder— resulta un momento más tolerable que cualquier señal de que se le acorta cada vez más el tiempo.

Destino personal y destino revolucionario unidos en una misma figura, como siempre ha pretendido. La angustia de morir fundida con el temor de que la revolución pueda ser destruida. Anticiparse a esa destrucción, abolir el destino con el paso audaz de echarse a un lado, pero sólo provisionalmente, para poder contemplar la reacción de los otros.

¿Padecimiento real o fingido? ¿Grave o leve? Estas interrogantes no pueden ser contestadas de momento. Quizá se sepan dentro de poco. A lo mejor antes de terminar este trabajo, o de que salga publicado, o luego de que pasen horas o días después de impreso. A lo mejor transcurrirá mucho tiempo sin que se conozca realmente lo que ha ocurrido. Queda la inquietud de que la verdad llegue a saberse algún día.

En resumidas cuentas, hasta el momento la situación ha sido manejada con tal astucia que cualquier desenlace que se conozca en un futuro cercano no compromete directamente a Fidel Castro o a su hermano. Sólo Ricardo Alarcón se está jugando su prestigio (es un decir), pero los portavoces presidenciales siempre han estado condenados a este triste destino.

Ficción y realidad

Arriesgando conjeturas, es posible que el gobernante aparezca de nuevo, que a partir de ahora transforme su función para seguir siendo él mismo. La vieja tradición del "hombre fuerte" en la escena política cubana no le es ajena, pese a su carácter revolucionario. Delegar en otros la presidencia y quedarse sólo en su cargo del Partido o asumiendo el rol de "padre fundador" o "héroe nacional" son posibilidades reales pero demasiado hipotéticas para apostar por ellas ahora. Por lo pronto sólo cabe esperar.

Si hemos asistido a la puesta en escena de la obra nacional perfecta, hasta ahora no se puede negar que ha sido un "éxito de público, actores y especialmente del autor": la administración norteamericana y el exilio de Miami han actuado con la torpeza predecible, desempeñando el papel de "claque" que aplaude, ríe y llora en los momentos señalados por el director.

Alentar a una sublevación militar o civil, hacer un llamado a manifestaciones de protesta y enfatizar el interés en un aumento de las transmisiones de Radio y TV Martí a la Isla no sirven más que de pretexto para justificar e intensificar la represión en Cuba. Sólo la actitud de cautela de la disidencia ha sido una señal alentadora.

Puede afirmarse que Cuba no volverá a ser la misma de antes del 31 de julio de 2006. Queda latente la interrogante de hasta dónde intervino el destino y cuán lejos llegó la voluntad de Castro. Al final, todo lo anterior no es más que la pretensión de hacer una lectura casi literaria de los acontecimientos, pero en muchas ocasiones la ficción es la forma más adecuada de interpretar la realidad.


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