Actualizado: 17/10/2017 10:31
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| Opinión

Editorial

Tiempo de responsabilidad

Cuba está ante la posibilidad histórica de un cambio, pero antes queda mucho por hacer.

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Pese a los múltiples interrogantes que plantea la deliberada opacidad de la información suministrada por el gobierno cubano, las fuentes más solventes parecen indicar que nos encontramos ante un relevo de poder que, aunque calificado de provisional, podría convertirse en una nueva estructuración de los mecanismos de gobierno en Cuba. Esta situación, aunque no implica un cambio de régimen, supone un giro en el escenario cubano.

Cuba está, quizás, ante la posibilidad histórica de cambiar de rumbo. Pero antes de que ello suceda, queda mucho por hacer. Para llegar allí, deberíamos ser capaces de esperar lo inesperado y de ir construyendo las alianzas adecuadas a lo largo del camino. Deberíamos dialogar, escuchar y negociar para conseguir lo posible, sin perder nunca de vista que nuestra meta es una Cuba democrática. Será necesario entonces que tratemos de encontrar la sabiduría y generosidad que permitan curar nuestras heridas.

Los pasos que dé el nuevo grupo dirigente y el ritmo de los mismos marcarán la pauta de su capacidad para escuchar las demandas de la sociedad cubana actual: libertades económicas para construir un futuro más próspero, donde la iniciativa privada no constituya un tabú; libertad de movimiento y de acceso a la información para conocer lo que el mundo puede aportarnos e incorporarlo a la modernización de nuestro país; libertad para expresar nuestras ideas sin cortapisas, para elaborar propuestas de futuro y permitir que sean valoradas por la voluntad popular.

Por su parte, la disidencia interna ha actuado con responsabilidad y mesura, y desde el universo de riesgo en que vive está dando una lección de entereza y civismo. Fuentes opositoras ven con preocupación el modo en que una parte del exilio en Miami está reaccionando ante los acontecimientos. No hay que olvidar que la población, a la que la televisión oficial sólo informa de los discursos más agresivos, percibe estas actitudes revanchistas como una amenaza real. Tales actitudes, esgrimidas tradicionalmente por el régimen para caracterizar a la totalidad del exilio, constituyen un freno para que la población dentro de Cuba deposite su confianza en una transición a la democracia.

Las movilizaciones militares que están ocurriendo en la Isla, los llamados a realizar "actos de reafirmación revolucionaria" y la invocación del fantasma del "exilio agresivo" por parte del régimen forman parte de la dialéctica del miedo. Entre estos dos extremos, se impone la necesidad de encontrar un punto de convergencia y unidad de todos los cubanos, al que se ha de llegar para defender los criterios propios y escuchar con respeto y tolerancia los ajenos. Un territorio que esté emplazado en el presente y sea una plataforma del porvenir democrático. Sin caudillismo, ni exclusiones políticas.

Ante esta nueva situación, Encuentro está en el mismo sitio de su nacimiento. Un lugar abierto al debate, en la convicción de que quienes viven dentro de Cuba y el 20 por ciento que está en el exilio son el mismo indivisible pueblo de siempre, fracturado artificialmente por una intransigencia ideológica impuesta, pero llamado a protagonizar, como escribió el poeta Gastón Baquero en nuestro primer número, "el inesquivable Encuentro mayor que mantendremos un día en el escenario común".


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