Actualizado: 22/06/2018 17:44
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Mueller, EEUU, Trump

Mueller: muelero del circo ripiera

La procuraduría especial de Mueller se suma a la presidencia de Trump y a la debacle de la CIA y del FBI como síntomas de la decadencia de la gobernabilidad democrática en EEUU

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Antes de buscar en sí misma las causas de tener a Trump de presidente, la sociedad estadounidense del espectáculo montó el circo mediático de que aquel se confabuló con Putin para conseguir el contrato de alquiler 2016-20 de la Casa Blanca.

A tal efecto el Departamento de Justicia nombró procurador especial a un exjefe del FBI, Robert Mueller, quien contrató a 16 fiscales adláteres —más que las comisiones investigativas del asesinato de Kennedy— para emprender las diligencias preparatorias del juicio del siglo: el impeachent de Trump por conspiración con poderes extranjeros para ganar la presidencia. Al cabo de seis meses y pico, esta investigación de contrainteligencia ha echado el jamo a los siguientes delincuentes comunes:

Manafort el Marañero

El pliego de acusaciones de Mueller contra Manafort se trompeteó como “Conspiración contra los Estados Unidos”, pero ninguno de los doce cargos se relaciona con Trump ni con Putin, sino con el expresidente pro ruso de Ucrania Viktor Yanukovych, a quien Manofort y su socio Rick Gates sacaron el jugo como consultores políticos. Por ahí salió desde que Manafort no se inscribió como agente de un Estado extranjero hasta lavado de dinero y evasión de impuestos.

Para dárselas de duro, Mueller mandó incluso a allanar de madrugada la casa de Manafort y pensó que presionándolo conseguiría algún papel escondido o el testimonio de Manafort para enredar a Trump a cambio de impunidad o sentencia benigna. Nada de nada.

Papadopoulus el Papalotero

Mueller logró que este sonso, quien puede ser asesor de política exterior sólo en campaña de Trump, se declarara culpable de un solo cargo —mentir a los federicos sobre un antes que fue un después— y redactara otra declaración de 14 páginas sobre todo lo que hizo durante la campaña. Papadopoulus contactó en Londres a un académico (alias El Profesor) que dijo tener vara alta en el Kremlin y poder conectar a Trump con Putin. Para demostrarlo, el Profesor presentó una sobrina de Putin a Papadopoulus, quien a su vez se vendió como el contacto de confianza de los rusos a sus superiores en la campaña (Manafort, Sam Clovis y Corey Lewandowski). La respuesta más alentadora de uno de ellos, por correo electrónico, reza: “We need someone to communicate que DT is not doing these trips. It should be someone low level in the campaign so as not to send any signal”. Para colmo, el Profesor no sabía ni ruso, la rusa no era sobrina de Putin y Papadopoulus no consiguió nada de nada.

Flynn el Fintero

La más reciente muestra de que Mueller no tiene nada de nada para allanar el camino hacia el impeachment de Trump es repetir la jugada de Papadopoulus con el fugaz asesor de seguridad nacional trumpista Michael Flynn. Resulta que el cargo contra Flint para presionarlo contra Trump es también mentir a los federicos. Sólo el Jeral de Miami puede bajarse en editorial con que “Flynn coopera en la pesquisa sobre Rusia”, porque esa pesquisa es sobre intromisión en las elecciones y no sobre acciones del equipo de transición, que dieron pie al encausamiento de Flynn. Y como este mintió antes al vicepresidente Pence, queda crucificado de antemano como testigo impresentable si tiene la ocurrencia de seguir coqueteando con Mueller para declarar algo contra Trump a cambio de alguna concesión de la fiscalía.

Además, Flynn mintió por gusto sobre algo perfectamente legal y propio de su función en el equipo de transición: hablar con los rusos. Primero salió que fue por orden de Trump y esta fake news dio paso a que fue Jared Kushner. No importa quien fue. No hay nada criminal en hablar con los rusos. Por el contrario, todo candidato presidencial estadounidense tiene que ponerse al habla con los rusos, ya que en el reino de este mundo hay que conversar con ellos por la sencilla razón de que no se puede ir a la guerra contra ellos. Ni fue Bushito al emprender Rusia su guerra descarada contra Georgia ni fue Obama luego de que Rusia procediera a la guerra encubierta contra Ucrania para anexarse Crimea y forjar el Estado tapón República Popular de Donetsk.

Henry Kissinger, por ejemplo, habló con los rusos mucho antes de que Nixon tomara posesión y no lo hizo, como Flynn, con el embajador soviético, sino con el jefe de la rezidentura de la KGB en Washington. Sólo que, a diferencia de Flynn, Kissinger grabó todas las conversaciones, mandó a transcribirlas y pasó a Nixon un memo de cada una.

The Russia Probe

Kushner debe ser la próxima ficha que tocará Mueller para tratar de provocar el efecto dominó que busca para que caiga Trump. Por el camino Mueller olvidó que investiga la intromisión de Rusia en las elecciones de USA y en confabulación con Trump. Hasta el momento ha conseguido tan solo que la tensión USA-Rusia se prolongue y no acabe de cuajar la colaboración que exigen cuestiones imperiosas como aniquilar ISIS, mejorar la gestión de los mercados del oro y los diamantes, petróleo y gas natural, así como resolver otros problemas ajenos al entretenimiento.

La investigación supuestamente de contrainteligencia ha derivado en investigación típicamente criminal, con una muela jurídica que no pasa de que Manafort es un canalla, Papadopoulus un papanatas y Flint un farsante. Entretanto quedó demostrado que la campaña de Hilaria Clinton contrató los servicios de una firma que a su vez encargó a un agente de inteligencia extranjero buscar trapos sucios de Trump y este procedió a recogerlos nada menos que entre funcionarios rusos a cambio de plata.

Esto conduce a pensar que durante la administración Obama la CIA cogió vacaciones en Rusia o esconde ahora intel que demuestra la farsa de la colusión, que ya puede intuirse con que, si Kushner mandó a Flynn, después de las elecciones a hablar con los rusos, antes y durante las elecciones Trump no tuvo contacto alguno con Putin. Al parecer ya pasaron aquellos buenos tiempos de la Guerra Fría en que algunos rusos espiaban dentro de Rusia para los americanos y llegaron a pasar hasta secretos de armas nucleares.

Coda

La procuraduría especial de Mueller se suma a la presidencia de Trump y a la debacle de la CIA y del FBI como síntomas de la decadencia de la gobernabilidad democrática en Estados Unidos a costa del auge de circos mediáticos cada vez más rastacueros.


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