Actualizado: 29/05/2020 12:36
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Ni frijoles ni señales

Funcionarios y expertos insisten en que ya existen novedades positivas en el interinato. ¿Cuáles son esos supuestos éxitos y cambios?

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Supuestas señales de cambio

Cuando se hacen estas observaciones, los propulsores de la idea de que ya estamos en una fase reformista positiva, a la que hay que liberar de todo obstáculo o reserva, nos dicen que nos fijemos en las significativas y excepcionales señales de cambio demostradas en estos meses. ¿Cuáles son ellas?

-Raúl Castro habla poco, aparece poco en público y no proyecta una imagen microadministrativa y omnipresente. Los ciudadanos pueden esperar ver su telenovela y el juego de pelota a la hora convenida, sin ser interrumpidos por un largo discurso del Comandante en Jefe, y el meteorólogo puede dar su opinión sobre la trayectoria de una tormenta sin que el omnisapiente líder máximo lo contradiga ante las cámaras del noticiero nacional. Sin duda, una diferencia de estilo y personalidad grandemente apreciada por la población.

-Raúl Castro ha exhortado a los jóvenes y militantes a que critiquen sin miedo "las cosas mal hechas". Conmovedor para quienes sean ignorantes de las realidades en Cuba, pero nada excepcional para los cubanos que saben que "criticar lo mal hecho" no ha de confundirse con criticar el sistema que promueve esos entuertos. En todo caso, aceptar tal exhortación sigue siendo una peligrosa ingenuidad donde rigen draconianas leyes de censura que pueden enviar a la cárcel a quien crea en semejantes cantos de sirena.

El mismo Raúl Castro se ha encargado hasta el cansancio de aclarar que sólo es admisible la crítica "en el momento apropiado, en la forma apropiada y donde sea apropiado". Si el poder —que es quien juzga siempre si se cumplieron esos requisitos— considera que algún elemento de esa fórmula no fue respetado, quien la emite puede verse en grandes dificultades.

En el pasado, llamamientos incluso más directos hechos por el Partido Comunista y por el propio Comandante en Jefe, provocaron un alud de sinceras críticas, siempre seguido por otro de veladas o abiertas represalias contra sus emisores. Como mensaje para incautos puede ser eficaz, pero quedan pocos ingenuos en la población que puedan caer de nuevo en esa trampa, sin que antes se haga un cambio radical del Código Penal. Si Raúl Castro aspira al ejercicio de la "democracia socialista", debe dar pasos legales e institucionales, no tan sólo verbales, en esa dirección.

-Raúl Castro toleró y abrió espacio, se nos dice, a las críticas de los intelectuales y artistas provocadas por el hecho de que aparecieran nuevamente en la televisión cubana algunos de los ejecutores de la política represiva que él mismo promovió desde las FAR en las décadas de los años sesenta y setenta. Le extendió la mano a un escritor que en su presencia leyó un discurso donde se mencionaba como parte de la cultura cubana a algunos exiliados —fallecidos todos— que hasta ese momento eran innombrables, como es el caso de Jesús Díaz, quien sufrió una purga dirigida por Raúl Castro contra los profesores del Departamento de Filosofía de la Universidad de La Habana y su publicación Pensamiento Crítico, o de Guillermo Cabrera Infante, quien recibiera el Premio Cervantes de manos del rey Juan Carlos mientras estaba proscrito su nombre y obra en la Isla.

Pero lo cierto es que el conflicto entre los intelectuales y la censura no se resolvió, sólo se contuvo y se pospuso para cuando se produzca una auténtica transferencia de poderes. Será entonces que sabremos el significado real que tuvo sellar, por ahora, esta partida de ajedrez. Si algo de mayor alcance se deriva de ese episodio no será por alguna dádiva del poder, sino por el coraje que vienen demostrando algunos de los que se han involucrado en ese debate.

-Raúl Castro aceptó reunirse con el canciller Miguel Ángel Moratinos en La Habana y el gobierno cubano se comprometió a un diálogo con España sobre derechos humanos. No se trata de un hecho nuevo. Fidel Castro hizo lo mismo con Canadá en 1995, y en 1998 se le hizo evidente al primer ministro de Ottawa que, pese a la liberación de algún preso político, le habían tomado el pelo y se necesitaban dos para dialogar, por lo que dispuso congelar las conversaciones con Cuba.

Las declaraciones del canciller Felipe Pérez Roque al finalizar la visita del ministro español, y más recientemente en entrevista concedida a periodistas extranjeros, en las que se apresuró a marcar como intolerable cualquier diálogo sobre "asuntos de soberanía interna", y en particular sobre los presos políticos que considera inexistentes, deja mucho que desear.

Por ahora, el prestigio de Moratinos —y de la diplomacia española comprometida con su arriesgada iniciativa— descansa en las manos de la élite de poder cubana en vísperas de las elecciones españolas de 2008, en las que el tema ha servido ocasionalmente de arma arrojadiza. En los próximos meses se podrá calibrar con mayor justeza la voluntad política, o ausencia de ella, de parte de La Habana para sacar adelante este tema.

La otra visión

Hasta aquí los principales razonamientos de quienes ven, quieren ver o han necesitado ver con optimismo esta etapa. Pero hay otros observadores de la realidad cubana que manifiestan menor optimismo, si es que alguno, sobre la actual coyuntura. Ellos tienen otros comentarios:

-Raúl Castro no ha emprendido ninguna reforma institucional o política de importancia en su primer año. Su reformismo no ha pasado del terreno verbal. Cuando una delegación del Congreso de EE UU decidió tomar en serio su llamado al diálogo entre La Habana y Washington y viajaron a la Isla, no los recibió. Cuando dijo que era necesario criticar y cambiar lo que fuese obsoleto, no convocó el Congreso del PCC ni ningún otro mecanismo institucional para abrir espacio a esa discusión y corrección de rumbo. Cuando pidió a los jóvenes no tener miedo y expresarse, no los liberó de las leyes "mordaza", de "propaganda enemiga" y otras para hacer creíble su convocatoria.

-En estos meses la represión reasumió la forma de agresiones físicas violentas contra disidentes y presos. Se liberaron a presos que habían expirado condenas o estaban en grave estado de salud, mientras se internó a un grupo en las cárceles. La presencia de fuerzas represivas en las calles ha sido evidente y constante. Amnistía Internacional y otras organizaciones llegan a ver un cierto recrudecimiento de la represión.

-La política exterior cubana, después de una breve pausa en la etapa de mayor agudeza de la enfermedad del caudillo, profundizó su dependencia de Venezuela y reanudó su concertación con Irán y otros países comprometidos en una estrategia a largo plazo de confrontación con EE UU.

-La población ha esperado la muerte de Fidel Castro con la ansiedad de quien necesita cambios urgentes y la incertidumbre de desconocer qué es lo que realmente se proponen los sucesores o les depara el futuro. Pero han esperado ya un año, no ven cambios, salvo el ejercicio renovado de mano dura al intentar imponer disciplina social por vía coercitiva, en lugar de promoverla con reformas.

Les inquieta un Fidel Castro que parece prolongar su vida, y con ella su capacidad de vetar e interferir en los cambios necesarios, mientras perciben que Raúl Castro y sus asesores —sin haber ganado aún credibilidad ante la población— parecen dados a la peligrosa tarea de tensionar aún más la cuerda social al exigir disciplina laboral en un país sin transporte ni incentivos salariales, y al perseguir el mercado negro cuando el formal todavía no permite sobrevivir.