Actualizado: 12/11/2019 17:36
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Fariñas, Oposición, Exilio

Por qué me agrada tanto el camarada Fariñas

Como en el caso de un castrista, un anticastrista mentiroso es ante todo un mentiroso

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Guillermo “El Coco” Fariñas, Premio Sajarov y otros, soltó ante las cámaras de America TeVe que le “ofrecieron millones” —en su primera visita a Miami— para que apoyara el levantamiento del embargo. Y apretó: “Eso ocurrió también con Oswaldo Payá; y cuando Oswado Payá no cedió, entonces ellos, dentro de Cuba, aplicaron toda una serie de medidas que al final terminó con su asesinato”.

Así, el líder de la Unión Patriótica de Cuba (UNPACU) supera con creces al komsomol Ángel Carromero, del Partido Popular español, en el rejuego desalmado con la muerte de Payá, que ahora engrana con “una persona que representa un grupo” tan poderoso que daría millones no solo a “El Coco” para que dejara de hablar a favor del embargo, sino también a Payá para que siguiera hablando en contra, pues esa era su bien conocida y explícita posición antes de visitar EEUU. (“What do Cubans want,” The Miami Herald, 14 de agosto de 2000).

El luchador de Joe

“El Coco” había demostrado ya estar por encima del absurdo al irrumpir por la televisión de Miami en anuncio político de campaña del representante demócrata Joe García por el escaño más controversial (Distrito 26) de la Florida en el Congreso de EEUU. Al armarse el revuelo por la bandería del oponente republicano Carlos Curbelo, “El Coco” se apeó en Ciudad México con una Declaración Pública de por qué “no me inmiscuyo en las campañas electorales” de EEUU, a pesar de su presencia en aquel anuncio.

“El Coco” alegó que “en ningún momento del anuncio en cuestión, aparezco solicitando el voto para ninguno de los dos candidatos”. Esta excusa pueril se vuelve insultante por simple observación: el anuncio despliega el claro mensaje que “El Coco” no tiene que proferir: “Joe Garcia for Congress”.

Para el cierre de su declaración, “El Coco” largó que “me abstengo a (sic) declarar algo sobre ese incidente”. Semejante tesitura no es accidental, sino derivada en derechura de cierta mitomanía patológica que los medios en Miami no se atreven a encarar y pudiera ilustrarse así:

  1. En su primera visita a Miami, “El Coco” dijo a los heraldos anglo e hispano que el sucesor designado de Raúl Castro, Miguel Díaz-Canel, había sido “compañero de clase en la escuela militar” (The Miami Herald, 28 de mayo de 2012). En su autobiografía, “El Coco” cuenta que hizo el preuniversitario “en la escuela militar Camilo Cienfuegos” y terminó “en 1980”. Aparte de no haber cursado el pre allí, como saben todos en Santa Clara, Díaz-Canel se graduó en 1982 de ingeniería electrónica, ergo: entró a la Universidad Central cuando “El Coco” ingresaba en el pre como “camilito”.
  2. En entrevista con Jaime Bayly [MegaTV, 15 de mayo de 2013], “El Coco” agregó a su experiencia camilita cumplir la misión de esperar, en la terminal de trenes de La Habana, a quienes venían del interior con ánimo de asilarse, para “montarlos en una guagua” y trasladarlos a la embajada del Perú. Las crónicas de la invasión demográfica del Mariel no recogen este curioso episodio ni hay quien se trague que Castro empleara a “camilitos” de Santa Clara para semejante misión.
  3. “El Coco” relata en su autobiografía otra misión asombrosa: salió pa´Angola en noviembre de 1980, luego de adiestrarse en el polígono “El Cacho” (Pinar del Río) con entrenadores “chinos, coreanos y vietnamitas”. Castro habría logrado entonces conciliar a militares chinos y vietnamitas, a pesar de que la guerra entre China y Vietnam estalló en 1979 y perduró hasta 1989.
  4. Así mismo relata “El Coco” que se apostó cerca de Huambo (Angola Central) “bajo las órdenes del coronel Antonio Enrique Luzón Battle (sic) [y] regresé a Cuba en 1981”. Siendo ya brigadier, Lussón Battle puntualizó que había ido por primera vez a Angola “en 1982” (Secretos de generales, 1996, p. 161).
  5. En agosto de 1982, “El Coco” pasó a la “Academia de Desembarco Aéreo” en Tambov, donde también había “vietnamitas, coreanos y chinos, además de entrenadores rusos”. Y causó baja tras quedar “contaminado por un gas neuroparalizante, el cual me produjo crisis de epilepsia”. Solo que su propia madre aseguró al disidente Héctor Maceda, quien así lo publicó en el sitio Payo Libre, que su hijo sufría “de epilepsia, por una intoxicación accidental al tener contacto con sustancias neuroparalizantes cuando estudiaba ingeniería química.” Cabe apuntar que no hay rastro de “El Coco” intoxicado en los archivos desclasificados hace rato de las academias militares soviéticas.
  6. La autobiografía de “El Coco” tiene al menos dos pasajes significativos a su paso por el Hospital Pedro Borras (La Habana): “En 1993, emplacé al Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, ante la prensa extranjera”, [y] en 1995, ante la corrupción de la directora del hospital y miembro del Comité Central en ese momento, (…) la denuncié ante la unidad de la PNR de L y Malecón”. Ningún corresponsal de la prensa extranjera en Cuba reportó aquel emplazamiento a Castro en 1993 y la directora del hospital en 1995, Dra. Lourdes Goire-Wilson, no aparece en ninguna lista del Comité Central desde 1965 hasta el día de hoy.

La huelga y el hambre

Vamos a dejar ahí la lista de forros para ir al quid de por qué no tenemos que asustarnos si “El Coco” nos sale por la noche. El 27 de febrero de 2010 declaró al corresponsal de la BBB en La Habana: “He estado en huelga de hambre 24 veces, en ocasiones por días y otras veces por 18 meses”. ¿Cómo impuso tal plusmarca? El 3 de julio de 2010, el Dr. Armando Caballero, Jefe de los Servicios de Terapia Intensiva del Hospital Arnaldo Milián (Santa Clara), explicó:

“Él aceptó, estaba consciente de que le aplicáramos nutrientes, alimentación por vía parenteral, o sea, por las venas, [con] todo lo que requiere una dieta balanceada para cualquier ser humano (…) a tal extremo que Fariñas llegó a nuestra sala con 63 kilos de peso y en la actualidad está oscilando entre los 67 y 69 kilos (…) En los 110 días que lleva en nuestra sala hemos tenido necesidad de cambiarle el catéter diez veces. Durante su ayuno de 251 días en el 2006 —cuando también estuvo ingresado en este servicio— hubo que pasarle 37 catéteres”.

Está claro que arriesgaba su vida, pero ya no sorprende que América TeVé haya noticiado en Miami, una hora antes que los demás, el estado de gravedad de “El Coco” y unas horas después lo presentara en vivo conversando por teléfono con Oscar Haza. La claque patriotera de Miami se traga eso y mucho más.

Coda

Resulta en extremo agradable que “El Coco” haya dejado atrás a la picaresca española en la recreación de la muerte de Payá como asesinato. Así queda sentada la primacía cubiche, que es una de las claves del orgullo nacional.

También queda sentado que vale todo, hasta desmentirse a sí mismo en una y la misma declaración, si tenemos que engolfarnos en ese trajín existencial que el trovador Ray(mundo) Fernández definió como “lucha tu yuca, taíno”.

Pero más agradable aún es la lección magistral que imparte “El Coco” de que la oposición anticastrista y la verdad no vienen convoyadas. Así como en el caso de un castrista, un anticastrista mentiroso es ante todo un mentiroso, aunque lo vistan de Premio Sajarov y otros.


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