Actualizado: 22/11/2017 12:21
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#Otro18, Elecciones, Cuba

Por qué me agrada tanto #Otro18

Si la oposición no puede siquiera nominar candidatos en la base y el pueblo de Cuba tiene miedo a votar a mano alzada para nominarlos, pero concede masivamente su voto secreto a los candidatos del Gobierno, nada queda por hacer

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Las elecciones no son una opción más del anticastrismo tardío. Son la única opción políticamente relevante de continuar la guerra que se perdió. Las demás son cuentos de camino, que no se hace al andar con alardes mediáticos como el ademán democratacristiano de brincar al Papamóvil o la acción plattista de salir a correr con la bandera americana. Sin embargo, la opción electoral no predetermina el avance de la oposición cívica o pacífica. Así quedó demostrado con la campaña-proyecto-iniciativa-plataforma-etcétera #Otro18.

Luego de montar un tinglado —Otro 18, Alternativa Cuba 2018, Urna Transparente, Candidatos por el Cambio, Candidatos Independientes— a todo pregón en Madrid y Miami, pasar seminarios en Panamá y Madrid, realizar talleres hasta con UNPACU, largar declaraciones y programas, proponer al Gobierno reformas de la Ley Electoral, preparar la estrategia comunicacional hasta con otro seminario más en Madrid, presentar la iniciativa a los bibliotecarios independientes en Cuba y lanzar el proyecto cívico también en Madrid —dizque con el apoyo de más de 45 organizaciones del insilio y del exilio—, mandar candidatos a las llamadas asambleas de rendición de cuentas del Poder Popular y elaborar muchos, pero muchos papeles, #Otro18 no puso un solo candidato en el cartón de las elecciones municipales. Sin tanto aspaviento, Hildebrando Chaviano y Yuniel López lograron nominarse en 2013.

Ahora se reporta que “Juicios, detenciones e intimidación: gobierno cubano aplasta aspiraciones de 175 candidatos opositores” (El Nuevo Herald, 6 de noviembre de 2017), pero nominar opositores en las condiciones dadas del Estado totalitario kubishe era precisamente la tarea electoral de #Otro18, en vez de venir a quejarse al Nuevo Herald de algo tan viejo y sabido como que hay que lidiar con la represión política.

Amén de incurrir en el despiste de que “estas elecciones son relevantes porque concluirán con elecciones generales”, como si no mediaran dos meses entre ambas y la Ley Electoral no estableciera bien claro que son dos procesos completamente distintos (Artículo 2), el Nuevo Herald aceptó sin más la explicación del coordinador de #Otro18. Manuel Cuesta Morúa sostuvo que gobierno y la policía “violaron de cabo a rabo la ley electoral de mil maneras” e intervinieron sistemáticamente en las asambleas de nominación de candidatos. Así y todo, no declaró haber pasado él mismo por “juicios exprés, detenciones e intimidación”. Se caía entonces de la mata del periodismo preguntarle si se propuso como candidato, por sí mismo o por otro, en su circunscripción electoral. Y esto me hace pensar que no ha muerto al final Perucho Figueredo con su “Al combate, corred…”

Réquiem

Al referir que “en algunos casos han detenido a los candidatos el mismo día de la asamblea”, Cuesta Morúa pone al descubierto que con tanto alarde mediático y organizacional #Otro18 pasó por alto algo tan elemental como que en las elecciones municipales no hay candidatos hasta que son nominados en la asamblea de vecinos. Nadie del Gobierno se las dio de candidato en los medios oficiales. Todos fueron escogidos en tranquilas y aburridas reuniones de núcleos del Partido. Por el contrario, la mentalidad de #Otro18 estaba en el bombo, el platillo y la corneta china, que sirvieron para vanagloriarse antes de ir a la guerra electoral en vez de, como Dios manda, hacerlo a la vuelta.

La jugada policial previsible de que candidatos pregonados de antemano fueran secuestrados, mediante detención el mismo día de la asamblea de nominación, pudo prevenirse yéndose el candidato la víspera a otra parte y reapareciendo a la hora de la asamblea, o simplemente yendo la víspera a la comisión electoral de la circunscripción para dejar constancia por escrito, al amparo del artículo 83.b de la Ley Electoral, de su conformidad con ser propuesto en la asamblea si no podía asistir. Sólo que para eso #Otro18 tendría que haber previsto opositores proponentes y hasta ahí no llegan las mañas.

Según Cuesta Morúa, cuando las autoridades “no pudiendo intimidar a la comunidad, optaron por inhabilitar a los candidatos”. Sin embargo, alega tan sólo “cuatro casos [de] juicios exprés” a tal efecto y no precisa cuántos de los 171 restantes fueron detenidos, dejaron de proponerse por intimidación o perdieron en la votación de la asamblea.

Cuesta Morúa refirió incluso un caso singular en Santiago de Cuba: “Un edificio entero de electores no fue citado” porque iba a apoyar al candidato independiente Ernesto López. Sólo que la ley no exige tal citación para ir a la asamblea de nominación. Nada más que hay que ir a ella y todo el vecindario sabe dónde, qué día y a qué hora será. El coordinador de #Otro18 añadió que, “en otros casos, apostaron a la policía y la Seguridad del Estado en torno a donde se iba a celebrar la asamblea de nominación para intimidar a los vecinos y todo esto es violatorio de la ley”. Nada dispone la Ley Electoral sobre la policía ni la Seguridad del Estado. Y las demás leyes, como todos sabemos, autorizan a una y otra para apostarse donde les venga en ganas.

Y mientras Cuesta Morúa tiene que, como siempre, ir a llorar al parque de las víctimas de la represión, en la estela de #Otro18 quedan cosas que nada tienen que ver con el Gobierno. No sabemos en qué paró Eliécer Ávila tras vocear: “Sin medirte en las elecciones, nunca sabrás cuántos hubiesen votado por ti”, pero circula por el ciberespacio kubishe que otras tierras del mundo reclamaron el concurso de sus modestos esfuerzos y se armó la gorda en Somos+. Otro guirigay sobrevino entre Cuesta Morúa y los Ciudadanos Observadores de Procesos Electorales (COPE) por la cuestión existencial de si este tinglado era “independiente en #Otro18, no de #Otro18”. Y así por el estilo, más disensiones y deserciones.

Me agrada #Otro18 porque confirma que la oposición farandulera no se ganará jamás al pueblo. En acción política tan pedestre como nominarse en asamblea de barrio, #Otro18 montó campaña con mucho ruido afuera, pocas nueces dentro e irracionalidad comparable a que Fidel Castro hubiera anunciado que atacaría el cuartel Moncada, en vez de escapársele a Tamacún, digo: al Servicio de Inteligencia Militar (SIM) de Batista, por debajo de la capa con 160 hombres y sus armas.

Coda

Y si la oposición no puede siquiera nominar candidatos en la base y el pueblo de Cuba tiene miedo a votar a mano alzada para nominarlos, pero concede masivamente su voto secreto a los candidatos del Gobierno, nada queda por hacer, pues ninguno de los líderes de la farsa de tachar las elecciones de farsa —para no tener que pasar la prueba política del voto— se irá como Mambrú a la guerra ni saldrá a la calle con algo más que griterías y cartelitos. Todos seguirán tupiendo con que se legitima al régimen tratando de aprovechar su ley electoral dentro, mientras ellos sí que deslegitiman al régimen aprovechando su ley migratoria para viajar afuera.


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