Actualizado: 21/09/2018 11:18
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Autoritarismo, Cuba, Totalitarismo

Postotalitarismo y magia doctoral

El comunismo cubano no replicó “el molde estalinista” sino que fraguó su propio molde castrista desde la teleología de la revolución inconclusa y con voluntarismo avivó el nacionalismo y el resentimiento de los más desfavorecidos

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Para sacar “otro régimen” de la chistera El cambio constitucional en Cuba (FCE, 2017), el Dr. en Ciencias Políticas Ramón Igor Centeno —quien se doctoró en la Universidad de Sheffield con “El comunismo cubano bajo Raúl Castro (2006-2014)”— enganchó un pos de Juan Linz [1] al régimen kubizhe actual y sanseacabó: “La era raulista” está pariendo un corazón postotalitario que “tiende a relajarse para obtener un grado de anuencia de la población”.

Ilusionismo político

Para el Dr. Centeno, el totalitarismo es efímero, aunque vaya para la sexta década en Cuba, y el “revisionismo raulista” propicia ya que las instituciones gobernantes se articulen de otro modo. Sólo que el nombre hace la cosa si la cosa hace al nombre. Ni postotalitarismo ni ningún otro rótulo libresco alterará el régimen totalitario kubizhe en su sentido seminal [2] de dictadura de partido único, que se conserva mutatis mutandis por entre las coyunturas históricas.

Hace dos décadas endilgaron postotalitarismo al orden político aún bajo la jefatura de Fidel Castro [3]. Incluso parte de la cohorte autoral básica de El cambio constitucional en Cuba arribó en otro libro al consenso de “autoritario para caracterizar al régimen cubano” [4]. Mientras estos y otros vendedores de artículos Ciencias SocialesTM se agarran del mero accidente, la substancia del régimen político kubizhe continúa siendo la dictadura del único partido. El “revisionismo raulista”, como indefine el Dr. Centeno, queda circunscrito, como define el propio Raúl Castro, al corralito del “carácter irrevocable del sistema político y social refrendado en la actual constitución, que incluye el papel dirigente del Partido”.

Ilusionismo histórico

El Dr. Centeno presenta “el ADN del comunismo cubano” en la perspectiva de “la larga epopeya que inició (sic) con el triunfo de Stalin en la URSS”. Aparte de que el Estado totalitario advino ya con Lenin [5], el totalitarismo es ante todo cierta forma práctica de generar poder [6]. Así fue como arraigó en ese fenómeno histórico denominado revolución cubana.

Y lo hizo sin nada que ver con Stalin. Los genes del comunismo cubano son el radicalismo y la violencia que afloraron del subsuelo político como grupos de acción revolucionaria y devendrían pandillas. El genio de Fidel Castro consistió en trasplantar la dinámica de las pandillas urbanas de La Habana a las guerrillas rurales de la Sierra Maestra y después al aparato político-estatal.

El pase mágico con que el Dr. Centeno desaparece las raíces históricas del castro-comunismo se lleva también en la golilla esta advertencia de Martí: “Una rivalidad entre dos caudillos crea dos sistemas políticos diversos. ¡Y cómo llueven las razones para apoyar aquellos sistemas recién creados! ¡El celo, y el temor de verse por encima al rival, cuán elocuentes!” [7].

Antes que aprender algo de Stalin y la URSS, Castro tomó lecciones del hábil empleo de la violencia en la pandilla Unión Insurreccional Revolucionaria (UIR). El celo y el temor de ver a cualquier rival por encima marcarían sus demás pasos hacia el totalitarismo.

A diferencia del líder de la UIR, Emilio Tró, con ideario reducido al eslogan “La justicia tarda, pero llega”, Castro echó mano al ideario de Martí, tal como venían haciendo los políticos de toda ralea. Amén de fijar la ideología junto con los pilares pandilleros de disciplina y jefatura, Castro precisó que “la jefatura es básica” y mandó a “que [se] destruya implacablemente al que trate de crear tendencias, camarillas, cismas o alzarse contra el movimiento” [8].

Comunismo tropical

Sin anclaje en ese contexto histórico, el Dr. Centeno da con varita mágica un “toque caribeño” a la revolución comunista en Cuba: el Partido Comunista no fue el productor, sino el producto de ella. No es tan así. Había un partido comunista —surgido tras “el triunfo de Stalin en la URSS” y subordinado por completo a Moscú— que no dirigió la revolución a pesar de tenerlo encargado por doctrina. Al margen y en contra de ese partido, el grupo político de Fidel Castro, sin llamarse partido, sino Movimiento Revolucionario 26 de Julio (MR-26-7), dirigió la revolución y daría pie a la dictadura de partido único sin tener que y antes de llamarse comunista [Organizaciones Revolucionarias Integradas (ORI) y Partido Unido de la Revolución Socialista (PURS)].

Al denunciar Castro el Pacto de Miami (1957), la élite guerrillera de su grupo político se propuso ya desde controlar los poderes civil y militar —nombrar al presidente del gobierno provisional y copar las fuerzas armadas y de orden público— hasta discutir la hegemonía de USA [9]. Este conflicto aceleraría, por su extensión e intensidad, “el giro hacia el Estado total” [10].

La esencia de ese Estado totalitario desovado por la revolución castrista radica en la dictadura del partido único, que campea por sus respetos con la ideología oficial definida por el líder [11] y la represión política. Ese trípode está montado sobre la base que proveen el monopolio de las armas y los medios de comunicación masiva más la dirección centralizada de la economía [12].

Al etiquetar este régimen como estalinista, el Dr. Centeno sigue la rima de tachar [13] tal y como el régimen cubano tacha de fascista a Bush, Aznar y demás blancos de su agitptop [14]. Ni Raúl Castro es “discípulo ilustrado” de Stalin, sino del propio Fidel Castro, ni el comunismo cubano replicó “el molde estalinista”, sino que fraguó su propio molde castrista desde la teleología de la revolución inconclusa y con extremo voluntarismo avivó el nacionalismo de corte exclusivista y el resentimiento de los más desfavorecidos. El celo y temor de ver a tal o cual rival por encima engendraría desde la sustitución del adversario político por el enemigo hasta la inflexión del patriotismo anti-batistiano al nacionalismo totalitario.

Coda

Si el problema cardinal en Cuba es “la ausencia de democracia”, como plantea el Dr. Centeno, ningún postotalitarismo contribuye a resolverlo. Mientras perviva el único partido ni siquiera será útil prestidigitar con que la legitimidad asociada al liderazgo carismático de Fidel Castro ha sido remplazada, como se cae de la mata sociopolítica plantada por Habermas desde 1975 [15], por la legitimidad asociada al desempeño económico.

Notas

[1] Linz, Juan J. y Alfred Stepan, Problems of Democratic Transition and Consolidation (JHU Press, 1996). Al discernir entre autoritarismo, totalitarismo, postotalitarismo y aun sultanismo, dejaron fuera a Castro y carimbaron a Batista como sultán y autoritario.

[2] En “Maggioranza e minoranza” [Mayoría y minoría] (La Rivoluzione Liberale, 12 de mayo de 1923), el político liberal italiano Giovanni Amendola acuñó el término totalitario para el régimen político sin oposición parlamentaria implantado por Mussolini. A chapotear con esta noción originaria se dedican intelectuales de todas las banderías.

[3] Mujal Jr., Eusebio y Jorge Saavedra, “El postotalitarismo carismático y el cambio de régimen: Cuba y España en perspectiva comparada”, América Latina Hoy, Vol. 18, 1998, 35-40.

[4] Cuba: ¿Ajuste o transición? (FLACSO, 2015). Prevaleció la etiqueta de la Dra. en Ciencias Políticas Marie Geoffray sobre la otra de postotalitarismo promovida por el Dr. en Historia y Estudios Regionales Armando Chaguaceda.

[5] Todorov, Tzvetan, Memoria del mal, tentación del bien. Indagación sobre el siglo XX, Península, 2002, 78.

[6] Hannah Arendt, Los orígenes del totalitarismo [1951], Taurus, 1998, 134.

[7] Cuadernos de apuntes, Obras Completas, Editora Nacional de Cuba, 1965, XXI:260

[8] Cartas del presidio, Editorial Lex, 1959, 61.

[9] Carta y mensaje a los “Señores Dirigentes del Partido Revolucionario Cubano, Partido del Pueblo Cubano, Organización Auténtica, Federación Estudiantil Universitaria, Directorio Revolucionario y Directorio Obrero Revolucionario”, Sierra Maestra, 14 de diciembre de 1957.

[10] Carl, Schmitt, “Enemigo Total, Guerra Total, Estado Total” [1937], en Carl Schmitt, teólogo de la política, Fondo de Cultura Económica, 2001, 141-46.

[11] Tras la desunión postsoviética, Castro cambió la ideología oficial mediante la transición anti-doctrinal y constitucional del único partido a “vanguardia organizada de la nación cubana” con talante “martiano y marxista- leninista” (1992) desde la posición doctrinal originaria de “vanguardia organizada marxista-leninista de la clase obrera” (1976).

[12] A estos rasgos pueden sumarse control administrativo del aparato judicial y política exterior expansionista —desde exportar la revolución hasta misiones internacionalistas tanto en la guerra como en la paz— para encajar mejor en la quidditas del totalitarismo especificada por Carl Friedrich y Zbigniew Brzezinski (Totalitarian Dictatorship and Autocracy, HU Press, 1956).

[13] Además de Stalin, la rima comparativa derogatoria de El Avance Criollo [Miami], órgano del Frente Revolucionario Democrático (FRD), y otros periódicos exiliares contra Castro incluyó a Hitler, Mussolini, Mao y hasta Perón.

[14] Al adornar la etiqueta con que La Habana “llegaría a imponer políticas a Moscú, como su involucramiento en la guerra de Angola”, el Dr. Centeno queda desmentido por Oleg Nazhestkin, Jefe del Buró Angola en la KGB. Castro apeló personalmente a Brezhnev hacia el otoño de 1975, pero no con escopeta. El favor del Kremlin venía perfilándose desde diciembre de 1974 con la aprobación de suministros al MPLA por el Politburó del PCUS, a instancia del líder comunista portugués Alvaro Cunhal y antes de la primera movida de Castro, que sobrevino en la primavera de 1975 con el envío de asesores militares. Nazhestkin aterrizó en Luanda el 2 de noviembre de 1975 y confirmó a Neto que Moscú respaldaría a su gobierno. Cf.: Andrew, Christopher y Vasili Mitrokhin, The World Was Going Our Way, Basic Books, 2005, 450 ss.

[15] Ponencia sobre los problemas de legitimación en el Estado moderno [Congreso de la Asociación Alemana de Ciencia Positiva, Duisburg, octubre de 1975]. Versión al español en La reconstrucción del materialismo histórico, Taurus, 1981, 243-72.


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