Actualizado: 26/01/2021 0:24
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Miguel Barnet, Represión, UNEAC

¿Quién es el mercenario?

La conducta antipatriótica de seres como Miguel Barnet es retribuida con prebendas por el régimen cubano, mientras el pueblo se hunde en la miseria

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“No acepto dar el mismo derecho de los académicos a los mercenarios” proclamó el escritor Miguel Barnet, presidente de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) y miembro del Comité Central del Partido Comunista, en el marco de la XXX Conferencia de la Asociación de Estudios Latinoamericanos (LASA), efectuada en San Francisco, California, en mayo.

El exabrupto de Barnet respondió a una intervención del sociólogo Ted Henken, profesor del Baruch Collage University de Nueva York (CUNY), quien demandó otorgar el mismo derecho a los cubanos para participar en un evento de LASA, mencionando los casos de la bloguera Yoani Sánchez y Oscar Espinosa Chepe, a quienes el Gobierno cubano ha impedido participar en conferencias previas de la organización.

Esto sucedió durante un encuentro de la Sección Cuba de LASA, que elaboraba una resolución de condena al Gobierno de Estados Unidos por negar visas a 10 académicos e intelectuales, aunque se concedió a 65 que participaron, incluidos la Dra. Mariela Castro Espín y Eusebio Leal, historiador de La Habana. El profesor Henken había planteado: “Si nosotros, como una organización que existe para promover las relaciones científicas y culturales con Cuba, tomamos una posición pública a favor del intercambio académico bilateral y contra una manipulación política de ese tipo de viajes, entonces debemos hacerlo en ambas direcciones y para todas la personas”.

Resulta insólito que el Sr. Barnet acusara de “mercenarios” a personas pacificas que durante años se han dedicado a analizar —a pesar de la represión— la situación nacional y que con sólidos argumentos, en la mayoría de las veces basados en informaciones y estadísticas oficiales, han advertido y demostrado que el país ha sido conducido “al borde del precipicio”, como ha reconocido el presidente Raúl Castro.

¿Pero qué puede esperarse de una persona firmante el 19 de abril de 2003 de un mensaje a personalidades del mundo para legitimar la brutal represión desatada en marzo de ese año contra 75 pacíficos disidentes y activistas de derechos humanos, condenados hasta a 28 años de cárcel, así como el fusilamiento de tres jóvenes por erróneamente intentar el secuestro de un barco para huir de Cuba, sin ocasionar hechos de sangre? Sobre el escritor y quienes además firmaron ese mensaje siempre pesarán las injusticias cometidas, los asesinados y los sufrimientos de muchas familias. Ese documento fue respondido por relevantes intelectuales y artistas en “A los queridos amigos cubanos (dentro y fuera de Cuba)”, del 28 de abril, que puso de relieve la maldad e hipocresía de los secuaces del gobierno cubano, con una definición lapidaria: “Basta ya de escudarse en las atrocidades del enemigo para cometer impunemente las propias. Las injusticias y los crímenes contra la humanidad han de ser denunciados por los ciudadanos, vengan de donde vengan y los cometan quienes los cometan.”

Durante muchos años apoyamos el proceso que tantas esperanzas creo al pueblo cubano, pero con igual intensidad, cuando comprendimos que había torcido el camino y convirtió Cuba en un verdadero infierno, nos hemos esforzado por contribuir a forjar un derrotero de oportunidades para todos los cubanos y prosperidad para nuestro país. Siempre hemos defendido su independencia y soberanía, así como rechazado cualquier interferencia extranjera. Barnet y, lamentablemente, otros intelectuales y artistas cubanos, se convirtieron en servidores de un régimen represivo, encabezado por personas solamente interesadas en mantener el poder a toda costa y a todo costo, bajo la falsa bandera de un socialismo apócrifo. Barnet posee la misma naturaleza que los servidores de Hitler, Stalin, Mussolini y Batista, quienes con halagos y mansedumbre pusieron sus talentos al servicio del poder para escalar posiciones, por encima de los sufrimientos de los pueblos.

Todos conocemos cómo el totalitarismo paga esos “valiosos servicios”. Esas conductas antipatrióticas son retribuidas con status especiales, sin la menor carencia, autos, prebendas y viajes al extranjero, mientras se cercenan los derechos fundamentales y el pueblo se hunde en la miseria. Cuando los trabajadores perciben el equivalente a 18 dólares de promedio mensuales de salarios y los pensionados no llegan a 12 dólares, pagados en una moneda que el Estado no acepta en la mayoría de sus tiendas; en un escenario donde la situación económica, política, social, medio ambiental, demográfica y espiritual es cada vez más caótica y amenaza hasta los fundamentos de la nación. Por supuesto sobre esos problemas básicos no se pronuncia ni escribe el Presidente de la UNEAC, únicamente interesado en mantener sus privilegios, entramado fraguado en épocas de persecución a verdaderas glorias intelectuales y artísticas de Cuba. Entonces, ¿Quién es el mercenario?


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