Actualizado: 18/01/2022 16:22
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Traficantes de patriotismo

El grupúsculo gobernante busca una 'transición' que le permita sobrevivir. ¿Desperdiciarán el 'milagro' de la Venezuela de Chávez?

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La frase es del padre Félix Varela. La antigua acusación acaba de reencarnarla en sí mismo el canciller Felipe Pérez Roque en Naciones Unidas, tras otra votación que —con sagaz inteligencia— vuelve a condenar la torpeza arrogante del embargo o bloqueo.

Se vuelve en la retórica política de la dictadura al ideal bolivariano, para nada despreciable. La antigua y depredada mitología criolla —patrioterismo recodificado— se disfraza de continentalismo latinoamericano, aunque sepamos que se trata de un "tráfico", es decir, de un movimiento comercial, para mayor seña ilícito.

Sin embargo, la paradoja que suscita la afirmación de Pérez Roque tiene su gancho: podría enunciarse como solución estratégica para Cuba y otros países de la América Latina, y de paso —paso en el abismo— solucionar como táctica la transición cubana hacia la democracia.

Supongamos que Venezuela y Cuba —Bolivia y Ecuador en remojo— formen una confederación, comiencen a deconstruir el balcanismo heredado de las precarias independencias del colonialismo español y de aquellos otros tráficos de patriotismo incitados por lo que sí fuera el imperialismo yanqui, sobre todo a fines del siglo XIX y hasta las tres cuartas partes del pasado siglo.

¿Quién con sensatez y cultura podría oponerse, tras ver los progresivos resultados de la Unión Europea y constatar las realidades globalizantes en 2007, al sueño bolivariano de unión continental? ¿Cuántas debilidades no quedarían como malos recuerdos de una división artificial, inducida y sostenida por élites depredadoras de los recursos naturales y de los erarios públicos?

La ilusión integracionista

Como se sabe —y muy bien— no hay país latinoamericano donde no se haya apelado al nacionalismo para desviar la atención de una crisis o de un fraude, del derrumbe de una ilusión o de la bestial represión del pensamiento distinto. El "patria o muerte" del castrismo casi es emblemático de la sinvergüencería, de la falta de escrúpulos, que las élites de poder acostumbran a regalar del río Bravo a la Patagonia.

Ni Bolívar ni Martí estaban errados en la ilusión integracionista, que no excluía peculiaridades regionales, respeto irrestricto al Estado de derecho, complementariedad de lo diverso. Propiciar ese proyecto no es ni un icono extemporáneo —todo lo contrario— ni una ilusión sin base real, global con China e India incluidas en el nuevo orden intereconómico y cultural.

El grupúsculo gobernante en Cuba —cuya astucia hipócrita ha enseñado a no pocos políticos del hemisferio latinoamericano— busca la mejor transición, la que le permita sobrevivir como a las familias de la "revolución mexicana", tras la muerte de los Artemio Cruz, tras el fin biológico de los "guerrilleros".

El ejemplo de la Unión Soviética y del antiguo campo socialista le ilumina. Ahora mismo estoy seguro de que no pocos altos oficiales del MINFAR y el MININT ven en el antiguo teniente coronel del KGB, Vladimir Putin, la encarnación de sus ideales. La aparición en el horizonte de la Venezuela de Chávez fue —es— un milagro que ellos no van a desperdiciar, no sólo como tangible vía para perder el miedo a la debacle, sino para hacerse más poderosos e intocables.

Una suerte de federalismo con Venezuela sólo institucionalizaría la dependencia, similar a la que la mayoría de los estados venezolanos tienen del estado Zulia o de la zona que rodea al Orinoco. Cuba podría convertirse —desde luego que dirigida por la misma élite que ahora padece— en otro estado de la República Bolivariana, guardando las formas del siempre zarandeado sustantivo "patria", que nunca ha sido "humanidad".

Y las evidencias son contundentes: ¿Cómo encararía una Cuba democrática el precio actual del barril de petróleo, pronto a rebasar los 100 dólares? ¿Con la ayuda de quién y en cuál magnitud que no perpetúe —al menos una generación— la vigente miseria, la ruina de la infraestructura, la escasez de empleos y un etcétera tan grande como el planeta internáutico y calientico?

La transición 'factible'

Puestos a fraguar hipótesis, quizás el oportunismo federalista que acaba de enunciar Pérez Roque en Nueva York —bajo órdenes estrictas de los Castro Ruz y su anciana camarilla— sea la esperada transición, no la ideal —claro está— sino la factible, por lo menos tan real como la que esperan algunos de las administraciones estadounidenses, de una victoria de los demócratas en las elecciones de 2008.

El tema —por supuesto— exige algo más que reflexiones de sobremesa o aventuras ajedrecísticas… México podría modificar las expectativas geopolíticas, y algo comienza a hacer. La Unión Europea parece más activa. También un desconocido grupo disidente en las llamadas altas esferas del gobierno cubano… El insostenible "estado de cosas" clama por respuestas.

¿Quién sabe? Tal vez Venezuela abra para Cuba —según la actual situación política en un país tan cercano y querido— ciertos cambios por vía pacífica: una leve democratización junto a la apertura en la economía mediana y pequeña, en la agricultura, en los controles estatales. Lo mismo —al revés— que para Venezuela, ante el espejo "revolucionario" cubano. Quizás entonces los Chávez lejos de fortalecerse sucumban, junto a los traficantes de patrias.


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