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Sociedad

Sexo para ángeles

En materia de educación sexual, los medios cubanos sueltan lastre y avivan el escándalo.

Un programa con el nombre de Solecito mañanero no debería estropearle el día a nadie, y menos a Alfonso Borges. Pero la inocencia del espacio fue, tal vez, la causa de todo.

Borges, jefe del Departamento Ideológico del Comité Central del Partido Comunista, recibió más de un llamada el día en que tal segmento radial rompió todos los esquemas: abordó el lesbianismo familiar para una audiencia que a esa hora de la mañana se abrocha los zapatos para acudir a la escuela primaria y que sabe tanto de sexo como de física cuántica.

"¡Qué bárbaros! Son niños que están entre seis y once años, ¿cómo van a tratar un asunto que debería estar en manos de psicólogos?".

La queja es de Mayda González, madre de un varón de siete años. Su tono fue el de muchos padres que llamaron ofendidos a Radio Rebelde, la estación "insigne" de la Revolución, para quejarse del contenido del programa. El escándalo saltó del estudio.

La historia era simple como escabrosa: una niña a la que sus compañeros de aula rechazan porque saben que su madre duerme con otra mujer, que a su vez no es la tía de la menor.

En el ánimo de los autores del espacio estaba inculcar valores de respeto y tolerancia y acercar a los menores a los conflictos derivados de las elecciones sexuales.

Escándalo

"Se están excediendo. No soy mojigata y creo en la libre expresión de las ideas, pero esos problemas se resuelven de otro modo. ¿Qué saben esos angelitos de sexo, señores?", consideró otra de las madres que entraron en la protesta.

Alguien fue más lejos: "Lo estamos confundiendo todo y en aras de qué. Ahorita tendremos a Cristina (Saláregui) dirigiendo programas aquí".

La mayoría piensa que el desliz se debió a dos factores: la negligencia campante en la radiodifusión, en la que prima el axioma de "a nadie le importa nada", y el manejo libérrimo del tema sexual, tan caro a la psicología nacional.

Tras el escándalo, Radio Rebelde ordenó congelar una entrevista con el primer y único transexual cubano. Un hombre que fue sometido a un cambio genital a fines de los años ochenta y cuyas experiencias con la nueva identidad lo condenaron a no pocas realidades infelices.

Los temas relativos al sexo y la conducta humana han dejado de ser tabú en los medios cubanos. Los hay dirigidos a espectadores adolescentes y adultos, de corte académico o preñados de didactismo. Para algunos se peca por exceso.

"Eso hay que agradecerlo", considera un profesor de secundaria básica. "Mientras más sepas menos te engañan y también menos riesgos corres", argumenta y observa que en lo personal ahora detecta muchos menos embarazos precoces que hace diez o quince años.

Todos los martes, en la hora de mayor audiencia, uno de los cuatro canales televisivos de cobertura nacional pasa Punto G, espacio que con tintes de humor dramatiza las mil y una situaciones de pareja con un lenguaje que va desde lo freudiano hasta lo vernáculo.

Punto G, que ya mereció premios en festivales nacionales, aprovecha la embriaguez momentánea de los gags para colocar ramalazos de crítica social.

"¿Por qué será que siempre se termina hablando de los precios?", dice Beto, uno los personajes permanentes del show, en cuya boca no faltan los bocadillos alusivos al actual estado de cosas.

Es difícil tomar tales episodios como agujas de cambios que apuntan en una u otra dirección. En cualquier caso, el reloj se mueve con la ayuda de un mecanismo dialéctico herrumbrado de metafísica.

El helado y el congelador

En una reciente entrevista concedida en España al periódico El País, Mariela Castro dijo que ve que "las cosas van cambiando en algunos aspectos" e incluso no logra ser sutil cuando sugiere que los cambios coinciden con la ausencia del líder Fidel Castro.

Sexóloga y directora del Centro Nacional de Educación Sexual, la hija del general Raúl Castro, interinamente al frente del gobierno, es una defensora de las minorías sexuales en la Isla y llegó a decir en la entrevista con El País que hasta el propio Fidel ahora defiende a los transexuales.

Las consideraciones de la Castro, que no fueron publicadas en la Isla, llegan cuando finalmente Fresa y Chocolate forzó la censura televisiva, catorce años después de ser exhibida en los cines y conseguir importantes premios en festivales y una candidatura al Oscar.

Dirigida por Tomás Gutiérrez Alea y Juan Carlos Tabío, la película resultó una cinta de culto que como ninguna otra trasvasó influencias hacia la política, abriendo un poco más las rígidas puertas de la tolerancia oficial y social.

Narra la problemática amistad entre un homosexual ilustrado y un estudiante universitario heterosexual en la Cuba de los años ochenta, cuando la homofobia oficial estigmatizaba como enemigos públicos a los gays y los condenaba a una vida de parias.

Algunos críticos han visto en el filme intenciones más profundas, la advertencia sobre algunas de las fallas dramáticas del sistema: la falta de libertad de pensamiento y el respeto a la diferencia.

"Pensé que podía decir cosas, pero no. Lo bueno y lo revolucionario es lo que dicen ustedes y se acabó", reprocha el personaje homosexual —Diego— en una discusión con su amigo de la juventud comunista, David.

Marca con hierro

Es casi seguro que quedará como enigma la audiencia generacional que tuvo la puesta televisiva de Fresa y Chocolate; quiénes se enteraron y quiénes recordaron. Entre los segundos está Africana, un fornido negro que en los años setenta era una promesa del atletismo nacional, pero que terminó de cocinero al no permitírsele continuar en la escuela deportiva: "Porque sospechaban de mi inclinación gay".

"Muchos, que eran unos chamaquitos cuando la estrenaron —1993—, han visto ahora la que pasamos aquí, que muchas veces fue peor que lo que cuenta la película. Ahora estamos mejor en ciertas cosas".

Con 52 años y una miopía que le hace escrutar más que mirar, Bombón no es un resentido a estas alturas. Habla con pausa, como si reaprendiera con su retórica: "Esa película es como un himno para nosotros, las locas, y marca con hierro también a mucha gente que ha hecho tremendo daño poniendo por delante a una revolución en la que ni creen ni defienden".

Toma aire, fuma un cigarrillo y revisa los mariscos que prepara para una pareja de alemanes. Huelen de maravilla.

"Está bien que la pusieran, aunque fuera un siglo después. De todas formas el helado ya se derritió", dice soltando una carcajada.

La frase es una parábola que hace la diferencia de los tiempos. Fresa y chocolate, los sabores más apetecidos en Coppelia, la más famosa heladería de La Habana, ya apenas se venden en la que alguien llamó, desde la literatura, la catedral del helado.

© cubaencuentro

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