CON OJOS DE LECTOR
Con la errata hemos topado (una vez más)
Algunos lectores aportan sus propias experiencias acerca de la pandemia que desde épocas inmemoriales azota a libros e impresos.
Usualmente, he adoptado como norma no volver sobre trabajos ya publicados. Me refiero a volver en el sentido de agregar nuevas ideas, opiniones o argumentos que en su momento se me quedaron fuera, bien por problemas de espacio o bien porque entonces no los manejaba. Algo así como esas secuelas que tanto abundan en el cine de hoy. En esta ocasión, no obstante, voy a violar esa regla y dedicaré lo que viene a ser la tercera entrega sobre el tema de las erratas, que para mí constituía un capítulo ya cerrado. Las razones que me han llevado a hacerlo tienen que ver con varios mensajes que recibí tras la salida en este diario de los dos primeros artículos (septiembre 21 y 25). De ellos he escogido algunos fragmentos que bien merecen ser divulgados, por los datos que aportan.
Desde Atlanta, llegó un texto firmado por Manuel Sosa. En el mismo expresa, a propósito de la primera parte de mi artículo: "Me habría gustado que en su artículo que leí hoy en Encuentro en la Red sobre las erratas, hubiese usado ejemplos cercanos a los escritores cubanos (N. del A.: es exactamente lo que hice en la segunda parte). Sobre todo, después del establecimiento de casas editoriales en cada provincia. Este hecho causó la avalancha de erratas más grande de la historia de Cuba. Fueron tantas, tantas, que no cabrían en una enciclopedia del tema. Una que me mató en lo personal, cuando era un jovencito: habían sacado una revistilla con uno de mis poemas. Era mi tercera publicación, y yo había comprado como diez ejemplares para regalar. Y cuando leí aquello, por poco me muero. En lugar de 'me oyes rechinando en cada verso' (un verso fatal, por cierto) decía: 'me oyes relinchando en cada verso'. De más está decir que destruí cuantos ejemplares pude". Sosa cita además otro caso: "Mi amigo, el poeta Heriberto Hernández, me cuenta que desautorizó su último libro publicado en Cuba, por tener tantas erratas. Había obtenido el Premio David, y fue publicado por Letras Cubanas. A mí me pasó lo mismo con mi premio David, mi libro tenía tantas pifias, que decidí destruir cuantos ejemplares pudiese".
También el poeta Germán Guerra remitió desde Miami esta nota a la redacción de Encuentro en la Red: "Felicito a Carlos por Un duende maligno y solapado, segunda parte de su refrescante artículo sobre la pandemia que entraman las erratas sobre nuestra literatura, y para comunicarle que en esa segunda parte en su ensayito ejemplar, ¡encontré una etarra! Sobre el final del opúsculo (se escribe junto y con acento) Norge Espinosa salta a la cancha y nos dice sus venturas y desventuras con tales alimañas, y en el último párrafo de su noticia nos da cuenta de que 'en una cartelera teatral que tuve en mis menos se anunciaba el estreno de una pieza de Abelardo Estorino…' y cabría ahora preguntarle a nuestro querido Norge que nos aclare, que nos alumbre el camino, que nos saque de esta enorme duda de una vez y por todas, porque realmente no sabemos con qué parte de su cuerpo sostenía tan dichosa cartelera teatral".
Se trata, en efecto, de una errata, sólo que incorporada deliberadamente por Norge Espinosa. Al final de su libro Vituperio (y algún elogio) de la errata, que yo cito en mi trabajo, el español José Esteban llama a los autores a vengarse de estos molestos errores, y él mismo da el ejemplo al escribir herrata. Por supuesto, Norge no podía hacer exactamente eso mismo, pues se trata de una de esas ideas ingeniosas que, al igual que el cianuro, sólo pueden usarse una vez. Optó entonces por deslizar este otro cambio, menos en lugar de manos, tomándole así la delantera a la errata, por si ésta albergaba las malvadas intenciones de afear su texto.
Por si me animaba a escribir la tercera parte del trabajo de marras, Germán Guerra me anota un breve texto del poeta José Kozer. Pertenece a su libro Mezcla para dos tiempos (Editorial Aldus, México, 1999) y se titula Ezratas: "La edición al baratillo del Quijote que obra en mi poder tiene 850 páginas, letra prieta. Número de erratas: 4. // El Finnegans Wake en versión española que poseo tiene 628 páginas. Erratas: 0. // Canto octogonal del poeta argentino Pablo Filiberti llegó en correos, gentileza del reconocido autor, hace unas tres semanas. La edición, en pasta, tiene 64 páginas. Erratas: 64".
Desastres en los textos poéticos
Y como en el asunto que aquí nos ocupa el artículo del español Jesús Sáiz, también citado por mí, recoge ejemplos comentados por él con mucha gracia, quiero compartir un par más con los lectores. He aquí el primero: "En la página de sucesos del Diario del Suroeste de Badajoz, se leía el 21 de enero pasado que en una apartada callejuela de la ciudad, un hombre había aparecido inconsciente y con una brecha en la cabeza. Cuando los servicios de urgencia lo reanimaron, el ciudadano relató que había sido atracado y golpeado con un falo. // Ya es triste que la gente sufra atracos en plena calle, pero si encima se la golpea con un falo resulta además humillante. Y sorprendente, si reparamos en las proporciones que el citado objeto contundente debe tener para asestar semejante golpe, por no hablar de la pericia necesaria para su manejo. Es obvio que se trataba de una errata: el objeto en cuestión era un palo".
También reproduce este otro: "Un conocido torero, habituado a mostrar su malhumor en los medios de comunicación, manifestaba en un semanario que él cuando realmente disfruta es cuando no lo acosan los periodistas y, sobre todo, cuando se retira a su finca de Jerez, y añadía: 'Allí me siento en libertad y cago siempre lo que me da la gana'. // Hombre, si es por defecar, tampoco hace falta irse tan lejos. Simplemente teniendo un inodoro en condiciones y una revista en las manos, sobra. Lo que el diestro quería decir era que en su finca de Jerez hacía lo que le daba la gana y estaba tan a gustico".
Una modalidad especial de los errores tipográficos es el empastelamiento, nombre con que se conoce el intercambio o confusión de los renglones. En una reciente conversación telefónica, el periodista y crítico de cine José Antonio Évora me reveló un error debido a ese origen que se publicó en el diario habanero Juventud Rebelde, alrededor de 1979. En la página 2 coincidían las secciones de Opinión y Educación Sexual, cada una de las cuales contaba con un logotipo propio. El linotipista los confundió, y eso hizo que un texto destinado a la primera y referido al poco uso de las instalaciones deportivas por los jóvenes apareciese en la segunda. El trabajo, titulado Mayor bienestar, salud y abundantes campeones, se publicó así en la sección de Educación Sexual y su primer párrafo decía: "Todavía los jóvenes no utilizan plenamente las instalaciones que el Estado dedica a estos fines, sobre todo los fines de semana y los días festivos".
Como muestra de los auténticos desastres que un linotipista puede ocasionar en un texto poético, José Esteban reproduce en su libro una estrofa publicada en la revista El Gráfico Moderno. El texto escrito original era el siguiente: "Aunque me encuentro de tu vista lejos / Jamás en mi alma tu memoria muere, / Guarda, hijo mío, siempre mis consejos, / No olvides a tu padre que te quiere; / Yo sé que tú te portas como debes,/ Sigue aparte del mal, sigue el sendero / De la inmortalidad, que es lo primero, / Las horas de la vida son muy breves / Y todo en este mundo es pasajero". En cambio, lo que hallaron impreso los lectores de la revista fue: "Aunque me encuentro de tu vista lejos / Tomás, en mi alma tu memoria muere, / Guarda, hijo mío, siempre mis conejos, / No mires a tu padre que te quiere; / Ya sé como te portas, que tú bebes, / Sigue, parte del mal, sigue el sendero / De la inmoralidad, que es lo primero, / Las horas de la viuda son muy breves / Y todo en este mundo es pasagero".
En justa venganza, el uruguayo Emilio Frugoni (1880-1969) escribió un poema, La errata, con el cual voy a dar por cerrado —prometo que esta vez definitivamente— mi ojeada al asunto de los errores tipográficos: "Es un duende maligno y solapado. Salta / en medio de las frases que el ingenio combina / y con una terrible voluntad asesina / hunde en plena belleza el puñal de una falta. // La construcción magnífica del pensador asalta. / Al globo del estilo clava traidora espina. / Y en concierto mágico del verbo desafina / emitiendo una nota perturbadora y alta. // Es incansable artífice a golpes de martillo / y de cincel ilustra su castillo encantado, / y él de un papirotazo desbarata el castillo. // En el cáliz del numen su ponzoña deslié, / y en el templo de Apolo, tras el dios colocado, / con una mueca infame, grotescamente, ríe".
© cubaencuentro
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