Con ojos de lector
Cuando Cuba se pronuncia Kiuba (I)
La publicación de varios libros en inglés demuestra el interés de profesores y especialistas por la realidad cubana contemporánea.
Es impresionante la cantidad de libros sobre Cuba que se han escrito y publicado en inglés en las dos últimas décadas. Un interés por nuestra realidad que, de momento, no parece haberse agotado, a juzgar por el ritmo con que este aluvión editorial se mantiene. Tantos son los títulos nuevos que periódicamente pasan a engrosar los estantes y mesas de las librerías. Ante la imposibilidad de poder reseñar siquiera una parte de esas obras, algunas de las cuales considero de muchísimo interés, he optado por la solución salomónica de dar breve noticia sobre la salida de unas cuantas, de manera que los interesados tomen nota de su existencia.
El tema político es, inevitablemente, el que acapara la atención de muchos de los autores. Por ejemplo, recientemente se puso a la venta After Fidel: The Inside Story of Castro’s Regime and Cuba’s Next Leader (Palgrave Macmillan, 2005), escrito por Brian Latell, un analista de la CIA que ha seguido el desarrollo de la revolución cubana desde los años sesenta y estudiado la personalidad de los hermanos Castro. El autor presenta un aspecto desconocido de la relación entre los dos dirigentes: revela cómo a lo largo de cuatro décadas han colaborado en cuestiones de índole política, cómo han compartido responsabilidades e incluso cómo resolvieron discrepancias y desacuerdos. De ese modo, Latell desmiente la opinión generalizada de que el Innombrable siempre ha actuado y tomado las decisiones unilateralmente. Asimismo y a partir de su conocimiento de la personalidad de Raúl, para él mucho más compleja de lo que comúnmente se cree, se atreve a hacer predicciones sobre qué clase de líder será éste y cómo esto va a influir en las relaciones con Estados Unidos.
A esa hipotética Cuba de pasado mañana también se acerca Mark Falcoff, periodista, profesor y miembro del Foreign Relations Task Force on U.S.-Cuba Relations. Su contribución a ese debate es Cuba: The Morning After. Confronting Castro’s Legacy (American Enterprise Institute Press, 2003), en donde parte de la tesis de que a lo que Cuba tendrá que sobrevivir es al legado del Innombrable. Parte de la encendida discusión que siempre ha suscitado entre los norteamericanos el asunto del embargo, y sostiene que tal controversia es una soberana pérdida de tiempo: Cuba es un país económicamente liquidado, y esa situación no cambiará con o sin el embargo. Falcoff centra su análisis no tanto en lo que eso va a representar para la Isla, sino en los imprevisibles problemas que ese empobrecimiento permanente implicará para Estados Unidos. Una Cuba incapaz de contar con un sitio en el mercado mundial, afirma, será un candidato seguro para exportar su crisis interna al país vecino, empezando por un incontrolable flujo de inmigrantes y terminando por criminalidad y drogas. En ese sentido, Falcoff alerta tanto a los críticos como a los defensores de la política norteamericana respecto a Cuba, a que consideren todo eso antes de que sea demasiado tarde.
Cuba After Castro: Legacies, Challenges, and Impediments (Rand Corp., National Defense Research Institute, 2004) también incide en esa temática. Sus autores, Edward González y Kevin F. McCarthy, examinan el legado sociopolítico y los retos económicos que deberán enfrentar el pueblo cubano y el gobierno post-Innombrable. Asimismo estudian cuestiones como el papel que tocará desempeñar a los jóvenes y el incremento que van a experimentar las divisiones raciales, y exponen las dificultades que implicará la debilidad de la economía y del sector industrial. Finalmente, repasan las implicaciones que ese proceso de cambio tendrá para Estados Unidos y sugieren alternativas que, según su criterio, podrán ayudar a construir una Cuba estable, próspera y democrática.
Los cambios que se han producido en la Isla a partir de 1990, tras el colapso de la extinta Unión Soviética, es el asunto central que se aborda en la obra colectiva Capitalism, God, and a Good Cigar: Cuba enters the Twenty-first Century (Duke University Press, 2005), cuya compiladora es Lydia Chávez, profesora en la Universidad de California, Berkeley. El volumen recopila trece ensayos firmados por escritores, periodistas y cineastas norteamericanos (se incluyen además setenta fotos), quienes revelan lo que significa para la población (sobre)vivir durante más de una década en un país suspendido entre el socialismo y el capitalismo. Los autores echan una mirada a aspectos como la legalización del dólar, la entrada de capitales extranjeros, la aparición de pequeños negocios privados, el papel que ocupa la religión, la existencia de una economía sumergida que se nutre de la estatal, la apertura al turismo. Todos los trabajos —y es uno de los méritos a resaltar del libro— ponen énfasis en reflejar qué han significado esos cambios para el ciudadano de a pie: trabajadores de hoteles, maestros, estudiantes, obreros de la construcción, campesinos, jóvenes raperos, escritores, amas de casa. Es a ellos a quienes se les concede la voz, al permitirles que sean los que testimonien de manera vívida sobre la realidad y relaten a través de sus historias cómo es su existencia en esa tierra del realismo mágico (la frase es de un ingeniero que busca ingresos extras alquilando habitaciones de su casa a los turistas). En lugar de insistir sobre las razones políticas, esos textos se preocupan por iluminar áreas grises del día a día de una Cuba que, como apunta Lydia Chávez en la introducción, se halla en "una especie de parálisis, resultado de una mezcla de lealtad, miedo y adoctrinamiento, mientras de mala gana se aguarda a que Él se muera".
Otro que ha querido plasmar sus puntos de vista sobre la etapa más reciente de nuestra historia es el profesor canadiense Isaac Saney. A él pertenece Cuba: A Revolution in Motion (Zed Books, 2004), en donde da cuenta de la dinámica de sobrevivencia y cambio experimentada por la sociedad cubana a partir de los años noventa. Parte de la idea de que la revolución ha sido siempre un proceso en movimiento, y a partir de ella trata de entender (y hacernos entender) cómo el país ha logrado mantener su estatus especial como "isla solitaria del antiimperialismo, el anticapitalismo y el socialismo, en la llamada era de la globalización". Esa flexibilidad y creatividad de la revolución, argumenta, dimana de la vitalidad de sus instituciones democráticas. Asimismo según Saney, fue gracias a las creativas medidas del gobierno y el pueblo para enfrentar las extraordinarias dificultades, que la economía comenzó a dar síntomas de mejoría en 1994, y desde entonces sigue recuperándose a un ritmo lento pero estable. También expone que ese tremendo esfuerzo no se ha realizado, como en otros países del continente, al costo de la prosperidad de unos pocos y la miseria para la mayoría.
Saney destaca además que en esa crisis, que en otros países hubiera conducido al caos y al totalitarismo más reaccionario, la sociedad cubana se ha democratizado más. Ejemplos de ello, según él, son la descentralización del poder, la reducción del aparato burocrático y las iniciativas destinadas a promover la participación del pueblo. Insiste en que en la Isla existe una democracia única, cuyo gobierno descansa en los órganos del Poder Popular; y refuta como carente de fundamento la imagen de un verdadero gulag controlado por un solo hombre, que invariablemente se da. Contrasta ese modelo con la democracia capitalista, cuya soberanía descansa no en el pueblo sino en los poderosos intereses que se valen de su control sobre los gobernantes para perpetuar su dominio. Reconoce que los negros han pasado a ser más valorados, y señala que en cuanto a la representación política que tiene la mujer, Cuba ocupa el primer lugar en Latinoamérica. Finalmente, Saney concluye que los críticos de la revolución deberían reconocer por lo menos que el actual sistema es el más democrático que ha tenido la Isla en toda su historia.
Confluyen en su temática un par de títulos, The Real Fidel Castro (Yale University Press, 2003) y Fidel: Hollywood’s Favorite Tyrant (Regnery Publishing inc., 2005), aunque a partir de ahí ambos difieren radicalmente. Firma el primero Leycester Coltman, quien en los años ochenta dirigió el Latin American Department de la British Foreign Office y se desempeñó como embajador en La Habana de 1991 a 1994. Durante su estancia en la Isla, llegó a ser amigo personal del Innombrable, con quien mantuvo contactos y conversaciones regulares. Eso le dio la oportunidad privilegiada de observarlo tanto en eventos públicos como en situaciones privadas. Su propósito ha sido el de aportar una biografía equilibrada e iluminadora, y para redactarla se basó, además de sus observaciones personales y vivencias, en fuentes documentales y archivos de Cuba y el extranjero.
Coltman trata de ofrecer un retrato intimista y desapasionado, que elude las imágenes contrapuestas del biografiado que se suelen dar, esto es, el revolucionario emblemático e idealista y el dictador despiadado. Asimismo no insiste en presentarlo como un títere de la Unión Soviética, con la cual, según Coltman, tuvo unas relaciones muchas veces complicadas. Eso se ejemplifica, afirma, con el cuestionamiento que en ocasiones hizo de la línea política del Kremlin y con su oposición a las ideas reformistas de Mijaíl Gorbachov. No se cohíbe, sin embargo, de señalarle profundas inconsistencias ideológicas (temprano opositor del imperialismo soviético, se metamorfoseó después en su aliado incondicional). Y como posee buen ojo para los detalles, advierte su preferencia por los políticos conservadores, como son los casos de Manuel Fraga, una reliquia de la España franquista, y del propio Coltman, declaradamente thatcheriano.
Humberto Fontova, el autor de Fidel: Hollywood’s Favorite Tyrant, es un cubanoamericano hijo de exiliados. Anoto el dato porque es importante para comprender el tono apasionado con que escribió su libro, una durísima crítica a la prensa y los intelectuales de Estados Unidos que apoyan a la revolución. Fontova, quien estudió una maestría en Tulane University, argumenta su discurso mediante evidencias, estadísticas y citas de fuentes autorizadas (el veinticinco por ciento de las páginas corresponde a las notas). Expone la hipocresía del club de fans del innombrable, al cual pertenecen, entre otras celebridades, Oliver Stone, Jesse Jackson, Michael Moore, Danny Glover, Steven Spielberg y Ted Turner, a quienes acusa de practicar una ignorancia y una irresponsabilidad inexcusables. Explica su actitud recordando que ser antinorteamericano resulta muy cool en los círculos de izquierda, por lo que es lógico entonces que adoren al hombre que ha personificado el antinorteamericanismo en las últimas cinco décadas. David Horowitz reseñó la obra de Fontova desde las páginas del diario The New York Times, y allí comentó: "Por fin un libro acerca del monstruo del Caribe y de los liberales de Hollywood y los norteamericanos progresistas que lo aman y protegen. Éste es el Abu Ghraib de la izquierda norteamericana, mil veces peor que el escándalo de ese nombre. Humberto Fontova ha prestado un gran servicio a la causa de la decencia y la libertad humana, y todos los norteamericanos deberían leer su libro".
© cubaencuentro
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