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Con ojos de lector

Cuando Cuba se pronuncia Kiuba (II)

La crisis de los misiles y las operaciones secretas contra Cuba del gobierno norteamericano, temas de varios libros recientes publicados en Estados Unidos.

Aunque son muchos los libros que se centran en el análisis de la situación actual de Cuba y en lo que presumiblemente puede ocurrir en el futuro inmediato, hay otros autores norteamericanos que prefieren investigar acontecimientos de décadas e incluso etapas anteriores de nuestra historia. Así, dos textos recientes coinciden en abordar la crisis de los misiles de 1962, que estuvo a punto de desencadenar un conflicto bélico nuclear en el cual estarían involucrados Estados Unidos, la Unión Soviética y Cuba.

A ello alude Sheldon M. Stern en el título que dio a su libro, The Week the World Stood Stills: Inside the Secret Cuban Missile Crisis (Stanford University Press, 2005), que a su vez retoma el de una popular película de ciencia ficción de los cincuenta (si no recuerdo mal, en Cuba se llamaba El día que paralizaron la tierra). Stern trabaja como historiador en la Biblioteca John F. Kennedy, y hace un par de años publicó otra obra sobre este mismo asunto, Averting the Final Failure: John F. Kennedy and the Secret Cuban Missile Crisis Meetings. A diferencia de otros autores, Stern ha apostado por una obra más asequible para cualquier lector, y se preocupó de que se pueda seguir con el mismo interés con que se lee una novela de suspenso. Eso no significa, sin embargo, que haya descuidado el rigor de la documentación y que no avale convenientemente sus opiniones y juicios. Éstos están sustentados mediante informaciones y datos provenientes de fuentes bibliográficas y archivos, entre los cuales se hallan las transcripciones de grabaciones que hasta hace poco estaban clasificadas como secretas.

Max Frankel, uno de los más famosos periodistas norteamericanos y ganador de un Premio Pulitzer, también tuvo acceso a papeles de los archivos de Estados Unidos y la antigua Unión Soviética. Estuvo encargado además de cubrir en su momento la crisis de los misiles para el diario The New York Times, por lo cual posee un conocimiento directo del que fue uno de los momentos más peligrosos de la Guerra Fría. A partir de toda esa información redactó High Noon in the Cold War: Kennedy, Krushev, and the Cuban Missile Crisis (Presidio Press, 2004), que por su claridad y concisión y su falta de pretensiones de exhaustividad, proporciona una buena introducción a quienes no estén familiarizados con el tema. Como novedad, Frankel sostiene que entonces el mundo no estuvo tan cerca de la catástrofe nuclear como generalmente se piensa. De acuerdo a su criterio, tanto Kennedy como Krushev eran hombres responsables e inteligentes, y ambos estaban firmemente decididos a evitar un enfrentamiento armado entre las dos potencias.

Por su parte, Don Bohning y Bradley E. Ayers coinciden en la preocupación por sacar a la luz las operaciones contra la revolución cubana que el gobierno norteamericano promovió y financió en la primera mitad de la década de los sesenta. Bohning, quien es periodista y editor para América Latina de The Miami Herald, ofrece un amplio panorama de esas actividades secretas en T he Castro Obsession: U.S. Covert Operations Against Cuba 1959-1965 (Potomac Books, 2005). Como fuentes, utilizó entrevistas a oficiales de la CIA que trabajaban en el nivel operativo, así como documentos que irónicamente fueron desclasificados para facilitar las investigaciones relacionadas con el asesinato del presidente Kennedy. Bohning hace un inteligente uso de la información suministrada por los testimoniantes, y aporta además nuevas interpretaciones de los hechos basadas en las últimas pruebas y evidencias. Una de ellas es su refutación del tópico de hablar de una venganza de Kennedy contra Cuba. Asimismo dedica un considerable número de páginas a la operación JMWAVE (1962-1963), con base en Miami, que contó con un presupuesto de 50 millones de dólares y a la cual estuvieron vinculados más de 15 mil exiliados cubanos.

JMWAVE, de acuerdo a la opinión de algunos especialistas, fue la operación clandestina peor concebida anterior al Irangate. Bajo ese código funcionó un grupo de élite cuyos miembros tenían la misión de entrenar espías que luego serían infiltrados en la Isla. Uno de los seleccionados para servir como entrenador fue el hoy septuagenario Bradley E. Ayers, quien recoge su participación en ese proyecto en The Zenith Secret: A CIA Insider exposes Secret War against Cuba and the Assassins of President Kennedy (Vox Pop, 2005). Cuenta que allí laboró directamente bajo las órdenes de Ted Schackley, jefe de JMWAVE, quien dirigió varios intentos de la CIA para asesinar al Innombrable. Trabajó también con David Morales y Orlando Bosch, considerados hoy como implicados en el asesinato de Kennedy. La tapadera de JMWAVE era la corporación Zenith Technical Enterprises, que servía para enmascarar lo que Ayers llama "la sementera de la tragedia nacional".

Nuestra historia según Richard Gott

A esos títulos hay que incorporar Cuba: A New History (Yale University Press, 2004), que firma el periodista e historiador inglés Richard Gott. A éste pertenecen también Guerrilla Movement in Latin American (1972), considerado un clásico, y el mucho más reciente Hugo Chávez: The Bolivarian Revolution in Venezuela (2005). Gott visitó la Isla por primera vez en 1963 y desde entonces ha vuelto en total en treinta ocasiones, según confiesa él mismo. En su último libro hace un conciso repaso de nuestra historia, desde el arribo de los españoles hasta nuestros días. El contenido está distribuido en una introducción, ocho capítulos, un epílogo y un apéndice donde se reproducen tres documentos (una carta de John Quincey Adams al ministro norteamericano en Madrid, la Enmienda Platt y un extracto de la Ley Helms-Burton).

En lo que se refiere al espacio, el período revolucionario resulta especialmente favorecido por Gott, quien le dedica más de la mitad de las cuatrocientas páginas. Su argumento es que la revolución creó "the Cuban nation, living meaning to the struggles of the past and transforming a troubled but essentially peripheral Caribbean island into a place on the World stage". Pone énfasis en que el cubano es un pueblo de reciente creación, que no empezó a unificarse como nación hasta 1959. En una reseña del libro, Louis A. Pérez se refiere a esa opinión de Gott y apunta que, por el contrario, fue un pueblo consciente de sí mismo como nación el que llevó a cabo la revolución. Es además en ese contexto, afirma, que puede entenderse la capacidad demostrada por Cuba para sobrevivir a las más de cuatro décadas de política hostil de Estados Unidos.

Pero más allá de que uno acepte o no el criterio aplicado por Gott, lo cierto es que crea un desequilibrio notorio en el repaso de nuestra historia, y eso va en detrimento del rigor y la seriedad de su libro. Para ilustrar con un ejemplo, una figura como la de Fulgencio Batista, la segunda en importancia en nuestro siglo XX ("he made himself the arbiter of Cuban politics, and he was to dominate the country for the next 25 years", expresa el propio Gott), no tiene un tratamiento adecuado a esa relevancia: el análisis de su etapa de 1934 a 1952 sólo ocupa cinco páginas; y en cuanto a la correspondiente a la posterior, el autor se concentra fundamentalmente en las fuerzas insurgentes. Igual tratamiento concede Gott a José Martí, Antonio Maceo, Carlos Manuel de Céspedes, por citar algunos nombres imprescindibles para comprender la evolución histórica de Cuba.

Gott se ocupa de aspectos poco conocidos: la tradición de violencia y racismo, el efecto perdurable de la influencia española, entre otros. Asimismo demuestra mediante datos que virtualmente todos los actos de interferencia, agresiones y asfixia económica realizados por Estados Unidos se han hecho bajo gobiernos demócratas: cita casos como los del desembarco de marines de 1917, la intervención militar durante la revolución del 33, la invasión de Playa Girón y la aprobación de las leyes Torricelli y Helms-Burton. Ofrece también aproximaciones originales a temas como los de las relaciones del Innombrable con la Unión Soviética y sus esfuerzos por promover la revolución en América Latina y en la comunidad afroamericana. Se detiene asimismo en las misiones militares en África, sobre las cuales ofrece una imagen heroica. En ese sentido, opina que, al igual que ocurrió con las intervenciones que tuvieron lugar entre 1960 y 1966, la participación de tropas cubanas en la guerra de Angola contribuyó a cambiar el curso de la historia de aquel continente y abonó el terreno que llevó al fin del apartheid en Sudáfrica.

Respecto al carácter marxista que adoptó la revolución, Gott sostiene que fue algo que se vio forzado a hacer tras ver frustrado su sueño de independencia y justicia social a causa del intervencionismo norteamericano. Explica que ese marxismo se fue radicalizando en la misma medida en que la política de Estados Unidos fue adquiriendo mayor agresividad. Opina que, pese a ello y en contraste con otras revoluciones, la cubana ha sido admirablemente pacífica y no devoró a sus hijos.

Finalmente, en cuanto al futuro que aguarda a la Isla, dice que ve pocos cambios, incluso después que el Innombrable se muera. Su explicación es que hay una nueva y muy competente generación que ha alcanzado posiciones en el poder, y que se interesa en mantener el actual sistema político. El Innombrable mismo, expresa Gott, "has become an emeritus president, an elder statesman, and the machinery of government runs without his hand on the tiller. He remains a figure from all our yesterdays, grey-bearded but eternally youthful like an ageing rock star. He does not run the country, but he presides over a government that is his creation (…) When he dies, there will be little change in Cuba. While few people have been looking, the change has already taken place".

© cubaencuentro

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