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Con ojos de lector

Guerrillero, santo, mártir y cartel (I)

Una exposición parte de la emblemática foto de Alberto Korda, para analizar la formación, transformación y deformación del Che como icono y como figura simbólica.

Hace cuarenta y cinco años, el fotógrafo cubano Alberto Korda (1928-2001) captó con su Leica M2 una imagen a la cual tituló Guerrillero Heroico, y que después ha circulado por prácticamente todo el planeta. Quienes saben de ello, afirman que ostenta el récord de ser la que más se ha reproducido en la historia del arte fotográfico. Ahora aquella emblemática obra vuelve a cobrar actualidad gracias a una exposición, Che! Revolution and Commerce, que se puede ver, hasta el 26 de febrero, en el Internacional Center of Photography (1114 Avenue of the Ameritas at 43 Street, Nueva York). A la Gran Manzana llega tras haberse presentado en el California Museum of Photography, Riverside, y en la primavera viajará al Centro de la Imagen, de la capital mexicana.

La exposición, cuya curadora es Trisha Ziff, se inicia, como es de rigor, por lo que fue el principio de todo lo que vino después. Lo primero que uno puede apreciar cuando la recorre es la impresión de la prueba de contacto de las fotos tomadas por Korda el 5 de marzo de 1960, durante el entierro de las personas que murieron cuando el buque francés La Coubre explotó en el puerto habanero. Como él mismo recordó en varias ocasiones, se hallaba a unos ocho o diez metros de la tribuna presidencial, tratando de recoger imágenes de Jean Paul Sartre, Simone de Beauvoir y otras personalidades que allí estaban. Fue en ese momento cuando el Che Guevara abandonó su asiento y se aproximó a la baranda, para mirar el mar humano que cubría la calle 23. Apenas le dio tiempo para tirar un par de negativos, pues medio minuto después el Che había desaparecido. En la primera de las tomas aparecen dos detalles: el perfil de uno de sus colaboradores en el Banco Nacional de Cuba (izquierda) y la hoja de una palma (derecha). En la segunda toma Korda pudo eliminarlos y captar sólo al Che, en esa imagen de la cual se han hecho innumerables versiones y variaciones y que ha se ha convertido en una figura icónica que de inmediato identificamos.

Muchos se han preguntado acerca de por qué, entre todas las fotografías que existen del Che, la que más amplia e insistentemente se ha divulgado ha sido ésta, que se centra casi por completo en el rostro. Hay que decir, en primer lugar, que se trata de una buena foto, en la que de manera fortuita Korda consiguió captar una insólita expresividad. Sorprende que en medio de una situación como aquélla, en la cual se mezclaban el dolor y la rabia, la imagen del Che proyecte tanta serenidad. Asimismo su barba y su pelo largo, flotando al viento, le dan un aire de Cristo moderno. Precisamente, ese detalle de la barba y el pelo largo hizo que la figura del Che fuera asumida por los hippies y la contracultura norteamericana de los sesenta y los setenta, que usaban esos atributos como un símbolo de rebeldía.

Tampoco hay que olvidar que el Che era muy fotogénico, y sus características físicas coinciden además con el concepto de la belleza masculina impuesto por la cultura occidental. Fue un hombre bien parecido, al igual que lo son el egipcio Omar Sharif y el español Antonio Banderas, actores que lo caracterizaron en el cine en Che! y Evita, respectivamente. Eso ha llevado a David Kunzle, autor del libro Che Guevara. Icon, Myth, and Message, a preguntarse: ¿qué hubiera ocurrido si el Che hubiese sido menos guapo, si no hubiera llevado barba? ¿Qué si no hubiera sido personalmente encantador, fotogénico, carismático? Y luego apunta: "Es digno de señalar que históricamente los artistas han cumplido su tarea de embellecimiento del poder, dando sustancia estética a sus ideales. En el caso del Che, la naturaleza se los puso fácil".

Pero volviendo a la imagen de Korda, posee una claridad y una sencillez de los contornos de la figura que hacen de ella una matriz fotográfica fácilmente adaptable para ser impresa en cualquier superficie, ya sea un cartel, una pared, una camiseta o la cubierta de un libro. Todos esos factores permitieron que Guerrillero Heroico haya devenido la imagen serializada de un hombre en torno al cual se creó una devoción, un culto. Como comenta Vicki Goldberg en The Power of Photography, la vida del Che, sus ideales y su muerte parecen haberse concentrado en esa fotografía.

Icono cultural de la izquierda

Sin embargo, la foto de Korda no empezó a ser reproducida y diseminada hasta varios años después. De hecho, la primera vez que se publicó fue en un anuncio, aparecido en el diario Revolución (abril 28 de 1961), sobre la conferencia "La industrialización en Cuba", que el Che iba a pronunciar en televisión. Seis años después fue usada para ilustrar el artículo de Jean Lartéguy Los guerrilleros, publicado en agosto de 1967 en la revista francesa Paris Match. Allí se le presentaba como "la foto oficial del Che", y entonces nadie imaginaba que diez semanas después la prensa radial y escrita de todo el mundo estaría divulgando la información de su muerte en Bolivia.

Fue a partir de su desaparición física, cuando Guerrillero Heroico empezó a reproducirse y difundirse, sin que durante varios años se conociera el nombre de quien la había tomado. Al irlandés Jim Fitzpatrick se debe Viva Che! (1968), una de las primeras representaciones gráficas que contribuyó a que la imagen de Korda comenzara a adquirir su valor como icono cultural de la izquierda y los movimientos progresistas. Ese mismo año la revista norteamericana Evergreen Review incluyó en la cubierta del número de febrero una recreación de la foto, hecha por Kenneth Dearoff a partir de un cuadro de Paul Davis.

Pero sin duda el impulso más significativo corresponde al editor izquierdista italiano Giangiacomo Feltrinelli. En 1967 había viajado a Bolivia para interceder ante el gobierno por el ensayista francés Regis Debray, quien se hallaba en la cárcel. A su regreso pasó por la Isla, y aprovechó para solicitar a Haydée Santamaría a que le ayudase a conseguir una foto del Che. Ésta lo envió a ver de parte suya a Korda, quien, a solicitud de Feltrinelli, le imprimió una copia de su Guerrillero Heroico. Ya en Italia y al conocerse la noticia de la muerte del Che, el editor decidió usar el retrato para diseñar un cartel de gran tamaño, del cual hizo imprimir un millón de ejemplares. Por más izquierdista y simpatizante de la revolución cubana que fuese, Feltrinelli también figura en la nómina de los tantos que utilizaron la matriz de Korda sin ni siquiera darle crédito. Tampoco compartió con él ni un solo centavo de los varios millones de dólares que ganó con el cartel, que figura entre las piezas que se pueden ver en Che! Revolution and Commerce.

En Cuba, la foto fue utilizada durante el homenaje póstumo que se rindió al Che el 18 de octubre de 1967. Una reproducción a tamaño monumental fue desplegada en la fachada del Ministerio de Industria, cuya dirección había ocupado el Che. Desde entonces, ese espacio ha sido dedicado a acoger diferentes versiones de la imagen de Korda, hasta que por último se instaló allí una silueta metálica realizada por el escultor Enrique Ávila González. Es poco recordado, no obstante, que pocos meses antes una impresión del retrato se había empleado en otro acto masivo celebrado también en la Plaza de la Revolución, en esa oportunidad para dar a conocer la carta enviada por el Che a la Conferencia Tricontinental.

Por los mismos días cuando se supo su caída en Bolivia, se imprimieron en la Isla los primeros afiches que tomaban como pie forzado el original de Korda. El primero fue obra de Frémez, y en el mismo el rostro del Che se disuelve y reaparece dentro de un espacio monocromático rojo. Se conoce más a través de catálogos y libros, pues sólo se imprimieron unas pocas copias. Sí contó con una gran tirada el que diseñó Ñiko (Antonio Pérez González), quien repite la imagen en diferentes tamaños. Alfredo Rostgaard también se inspiró en la foto de Korda para crear el afiche del documental Hasta la victoria siempre, realizado por Santiago Álvarez en 1967. Otros artistas cubanos que también aportaron a que ese retrato se convirtiera en una imagen omnipresente fueron Fayad Jamís, Enrique Agramonte, Mario Gallardo, Raúl Martínez, Félix Beltrán y René Mederos, quien a comienzos de los años noventa recreó en una serie de veinticinco acrílicos la vida del revolucionario argentino.

La Organización de Solidaridad con los Pueblos de Asia, África y América Latina (OSPAAL) fue el organismo que llevó a cabo una activa labor de difusión internacional de la figura del Che. A través de la revista Tricontinental, de la que llegaron a imprimirse cincuenta mil ejemplares, circularon obras gráficas en formato de carteles, que al inicio eran de pequeño formato, pero que a mediados de los setenta, cuando pasaron a distribuirse separados del cuerpo de la revista, llegaron a tener dimensiones de 51 por 72 centímetros. Según David Kunzle, un buen número de esos afiches políticos lograron llegar a Estados Unidos, y aún se pueden encontrar copias en librerías progresistas y de izquierda.

Si se comparan con los que circularon en países como China o la extinta Unión Soviética, los carteles de la OSPAAL (también la OCLAE distribuyó algunos) poseen un buen nivel de calidad estética, lo cual ayudó a la diseminación de su mensaje ideológico. El empleo de un amplio colorido y la preferencia por estilos entonces de moda como el op y el pop, distinguen a muchas de esas obras. Ejemplos ilustrativos son los afiches creados por Rafael Enríquez ( Che vive), Víctor Manuel Navarrete ( ¡Hasta la victoria siempre!), Elena Serrano ( Día del Guerrillero Heroico, 1968), Lázaro Abreu ( Día del Guerrillero Heroico, 1970), Olivio Martínez ( Día del Guerrilero Heroico, 1973), Rafael Morante ( Ernesto CHE Guevara, 1983), así como la cubierta de Rotsgaard para el número de septiembre-octubre de 1969 de Tricontinental.

Aparte de esas recreaciones hechas por artistas profesionales, la foto de Korda se reprodujo con un estilo más guerrillero, ingenuo e inmediato en paredes, pancartas y panfletos. Se usó en las manifestaciones callejeras del Mayo del 68 francés; en movimientos como el de el de los derechos civiles en Estados Unidos y la Primavera de Praga; y más recientemente, en las luchas de reivindicaciones sociales de los campesinos mexicanos de Chiapas. Otras figuras se han popularizado después (Rigoberto Menchú, el subcomandante Marcos, Nelson Mandela, Mumia Abu-Jamal), pero la del Che sigue ejerciendo en América Latina, Asia y el Medio Oriente su fascinación, como emblema de la revolución. Pero junto a su continuidad, el uso de su imagen también se caracteriza, como señala la curadora de Che! Revolution and Commerce, por su infinita maleabilidad. A punto de cumplirse cuatro décadas de su muerte, el Guerrillero Heroico ha venido a parar en una mitificación que va en detrimento de su ideología. El itinerario de esa evolución se resume muy bien en una frase que figura en la contraportada del libro de Jean Cau A Passion for Che Guevara: "guerrillero, santo, aventurero, héroe, mártir y cartel".

© cubaencuentro

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