Opinión

Los factores del país (II)

La destrucción de la República consumó la tradición histórica de la resistencia a la democracia y el liberalismo.


Los factores del país (I) no intentaba responder a las grandes preguntas que suscita la conmemoración del aniversario de la República. Mi modesto propósito era recordar un poco la obra de Francisco Figueras, tan en las antípodas ideológicas —y estilísticas— de José Martí. Motivado por las interrogantes de algunos comentaristas de dicho artículo, intentaré, ahora sí, plantear el asunto desde una perspectiva más contemporánea. Se trataría, sobre todo, de sopesar la vigencia de aquellos debates, o la medida en que pueden echar alguna luz sobre la actual coyuntura histórica, marcada por la agonía del castrismo.

Ante todo, creo que la cuestión de ser o no anexionista carece de sentido, pues aquella posibilidad histórica ya no existe. De hecho, en el folleto político Cuba. Anexión o independencia, Figueras replanteó el dilema en el último momento de su historia, cuando tocaba a su fin una tradición comenzada antes de la Guerra Grande, con autores fundamentales para la prosa narrativa cubana como Cirilo Villaverde y El Lugareño.

Tampoco la autonomía es ya posible —de hecho, la anexión se planteó de nuevo en 1898, una vez que aquella había sido del todo frustrada por la guerra—, pero creo que más vigencia tiene el debate entre independentismo y autonomismo, puesto que en su centro está la cuestión de la revolución. El 20 de mayo, día de la fundación de la República, nos remite a esas dos revoluciones: la organizada por Martí contra el coloniaje español y la de 1959, encabezada por Fidel Castro, que han provocado los dos grandes parteaguas de nuestra historia.

Si el castrismo se ha legitimado en una doctrina de la historia de Cuba, que celebra uno de los polos mientras sataniza el otro —los autonomistas, según la Vulgata que aprendimos en las clases de Historia de Cuba, eran sencillamente "anticubanos"—, Figueras representa muy bien a ese autonomismo cuya discrepancia con Martí no es sólo de fondo, sino también de forma. Su estilo seco, con pretensiones científicas, pródigo en autoridades sociológicas, se sitúa decididamente en las antípodas de la "salida de bramidos" de Martí.

Si Martí dijo que "no hay razas", Figueras replica no sólo que sí las hay, sino que ello está en el centro del "problema cubano". Si Martí, preguntado sobre a qué Cuba se refería en sus optimistas discursos sobre la futura guerra, aclara que habla "del subsuelo", Figueras observa siempre a ras de suelo; a la "reivindicación de Cuba" de uno, responde la crítica de Cuba del otro.

El debate entre autonomismo e independentismo no era sólo sobre la posibilidad o conveniencia de Cuba como nación independiente —al fin y al cabo, para los autonomistas, la autonomía no era sino un momento necesario antes de la inevitable independencia—, sino también sobre la posibilidad de una Cuba nueva. La revolución era, tanto para Martí como para Manuel de la Cruz, la superación radical del orden colonial, de ahí que ambos celebren la guerra redentora como origen de una comunidad nacional.

La violencia revolucionaria viene a ser una purificación del pecado de la esclavitud y de las lacras de aquel sistema opresivo: la tea incendiaria no fue sólo la ultima ratio de los mambises, sino también una emblemática expresión de ese sentido profundo de la revolución como tábula rasa. Más realistas, los autonomistas percibían el otro lado de la guerra: el desastre económico, la ruina que al cabo provocó, el que no había razón alguna para creer que sería "breve y necesaria".

La opción por lo simbólico sobre lo material ha caracterizado, ciertamente, al castrismo, y lo distingue de un "raulismo" más centrado en la oikonomía. "Fidel es la luz", decía hace más de un año Celia Hart en Rebelión, y añadía:

"No dudo que muchos de los que sustituyan a Fidel sabrán administrar mejor 'la casa', pero con Fidel pudimos ser protagonistas del mundo. Sólo un por ciento ínfimo de la humanidad ha participado activamente como el pueblo de Cuba en la Historia reciente de la humanidad. Hemos sido actores de mil hazañas. Las historias de Girón, la Crisis de Octubre, la alfabetización, Angola… en todos esos casos estuvimos los cubanos por encima de la URSS y del socialismo establecido, de sus temores y sus conceptos".

El mito de la Revolución Cubana, encarnado en la figura de Castro, se identifica, al cabo, con el mito de la excepcionalidad de Cuba.

Reivindicación del autonomismo

La toma de partido por el independentismo sobre el autonomismo alcanzó su punto culminante hace cuarenta años. 1968 no fue sólo el año de la "ofensiva revolucionaria", sino también el de los "Cien años de lucha": ambos momentos, uno de carácter práctico, simbólico el otro, expresaban, en el fondo, una misma radicalidad. Si no era ya posible que hubieran timbiriches ni bares fuera del Estado revolucionario, tampoco había ya espacio para la nación fuera de aquella única revolución que había culminado Fidel Castro.

El antintelectualismo de semejante radicalismo revolucionario se solapó, entonces, con el antiautonomismo alimentado por la tradición marxista cubana desde los años treinta. Es significativo que en el discurso pronunciado en el acto de entrega de premios a los ganadores del concurso literario de la UNEAC en 1969, Guillén no sólo recordara la bifurcación del campo intelectual en la segunda mitad del siglo XIX en dos "grupos irreconciliables", sino que afirmó que mientras los revolucionarios se reunían para "conspirar", los autonomistas lo hacían para "formular teorías, cohonestar su miedo, intelectualizar en presuntuosas capillas y apretados manifiestos todo argumento que sirviera para desacreditar una buena carga al machete".

Dualidad aparecida nuevamente, al decir del presidente de la Unión de Escritores, a comienzos de la década del treinta, entre los comunistas, liderados por Martínez Villena, y la "clique pequeñoburguesa" del ABC, encabezada por Mañach, grupo de "teorizantes y definidores" que se "hundió naturalmente", como antes los que sostenían la política de compromiso con España. ("Acrecentar la obra propia en mensaje artístico, revolucionario y popular", Verde Olivo, 30 de noviembre de 1969).

Y si en Ese sol del mundo moral (1975, 1995), el escritor Cintio Vitier retoma tanto aquella dicotomía de Guillén y como la teleología nacionalista de los "cien años de lucha", traduciéndolas en una axiología donde la revolución encarnaba la poesía y el autonomismo la crítica, no se trata sólo de una súbita conversión suya: las mitologías origenistas de la "Cuba secreta", la "pobreza irradiante" y la "posibilidad infinita", herederas en alguna medida del discurso martiano, contribuyeron, primero, al aggiornamento "revolucionario" de algunos origenistas católicos, y finalmente prestaron argumentos a la hoguera nacionalista que hubo que avivar una vez que el petróleo marxista-leninista se agotó en 1990.

Frente a todo lo representado por Guillén y Vitier, la oposición intelectual al régimen de Castro se ha basado, entonces, en una reivindicación de la tradición autonomista. No es casual que la primera polémica entre el historiador Rafael Rojas y Vitier, en 1994, pasara justo por esa cuestión fundamental. En Nacionalismo y revolución en Cuba. 1825-1998, Julián B. Sorel se remonta, por su parte, a los orígenes mismos de la nacionalidad, cuando los mitos de la revolución y del nacionalismo emergen como principales animadores de las guerras de independencia.

Sorel explica cómo estas producen un nuevo mito, el de la "revolución inconclusa", que enriquecido con las nuevas ideas marxistas y estatistas en boga en Occidente en los años veinte, dominan el escenario político-social cubano posterior a la caída de Machado: ese caldo de cultivo de batistianos, auténticos y ortodoxos del que emergió Castro.

Muy parecida es la tesis de Carlos Alberto Montaner en su conocida conferencia Cómo y por qué la historia de Cuba desembocó en Fidel Castro. Un personaje tan estrafalario e inexperto como Castro pudo contar con el apoyo de todo un pueblo gracias a un sistema de valores y creencias que se habían ido sedimentando en la conciencia colectiva desde mucho tiempo atrás: el mesianismo, ligado a la debilidad institucional; "una cultura revolucionaria, violenta y guerrera"; la idea de que el bienestar social tenía que provenir de la acción niveladora del Estado.

Formado en esos valores tan poco democráticos, el pueblo cubano fue incapaz de oponer resistencia y el andamiaje institucional del país se desmoronó de un soplo. "Castro era, y hacía, en suma, lo que triste e insensiblemente se había inculcado en el país a lo largo de muchísimo tiempo. La sociedad plantó la semilla y abonó la tierra. Un día, esta dio su fruto".

Una cura de caballo

Más recientemente, también Rolando Sánchez Mejías ha visto el castrismo como la consecuencia de la historia de Cuba, insistiendo en la precariedad de un Estado donde la institucionalidad democrática fue crónicamente violada por estallidos de violencia: guerra de los negros, alzamiento de la Chambelona, terror del 33, dictadura de Batista:

"El totalitarismo no es entonces, como se ha querido ver, sólo un engendro venido desde afuera para desviar al país hacia un modelo extemporáneo: tal vez sea mejor observarlo como el animal que llevamos dentro, seres aún coloniales, instituciones nunca maduras, que cualquier cazurro, sea o no oriental, puede mancomunar bajo éste o aquél pretexto redentor, bajo la 'sed de patriotismo'. Y si el totalitarismo ha prendido, no ha sido sólo por 'marco histórico', sino también debido a razones 'emocionales': necesidad de hallar asidero en la vida nacional, de vincularnos a un proyecto político estable con determinado capital de 'redención' (…) Quizás tengamos que ver el totalitarismo cubano como culminación de la Colonia". ( La utopía vacía)

No cuesta trabajo ver aquí el fantasma de aquellos discursos que, como el de Figueras, veían en ciertos defectos del ser cubano una imposibilidad para la democracia. No hay, desde luego, una episteme positivista que la atribuya al clima y la raza, sino más bien una lectura del castrismo a la luz de la historia de Cuba.

Si hace un siglo, la segunda intervención norteamericana pareció confirmar la tesis de que la Isla estaba condenada a la violencia, la inestabilidad y el subdesarrollo, propiciando la publicación de Cuba y su evolución colonial, de Figueras, y La convulsión cubana, de Roque E. Garrigó, otro estudio no menos pesimista sobre "los factores del país", ahora se plantea la pregunta crucial por los orígenes cubanos del castrismo. La Revolución remite a la República, y esta a la Colonia, en lo que, emprestando una frase de Paz, puede llamarse "nuestra terrible fábula histórica". La pregunta por el castrismo conduce, ciertamente, al laberinto de la cubanidad, pero a la vez parece que permite hoy vislumbrar alguna salida al mismo.

Sorel y Montaner coinciden en que el fracaso del castrismo implica el agotamiento de la "mentalidad y el estado revolucionario". "Una vez comprobado el fracaso del Mito del Destino Nacional Glorioso Sólo Realizable Mediante la Revolución, ¿es posible una Cuba modesta, pacífica y tolerante; una nación reconciliada consigo misma y con su pasado, capaz de afrontar el porvenir en libertad y con moderado optimismo?", pregunta Montaner.

Desde esta perspectiva raigalmente contrarrevolucionaria, es sólo ahora, con el fin de la dictadura castrista, que ha de producirse un verdadero cisma en nuestra historia, el final de un ciclo nacional marcado por la tradición revolucionaria y el mito de la excepcionalidad histórica de Cuba. El verdadero parateguas —se diría— no fue en 1959, pues la destrucción de la República no hizo, en cierto sentido, sino consumar una tradición histórica signada por una resistencia a la democracia y el liberalismo que se definió en el triunfo del independentismo martiano sobre el reformismo autonomista a fines del siglo XIX.

Entonces, la guerra se consideró como necesaria no sólo porque liberaría a la Isla del régimen colonial, sino también porque la purificaría de una riqueza mal habida que, sacrificada en el ara de la patria, se convirtió en una reserva de capital simbólico que, ciertamente, la Revolución ha aprovechado y gastado del todo. Ante la miseria actual, no hay ya cómo proponer ninguna "pobreza irradiante".

Terminamos, entonces, en una paradoja: sólo una vez que dejamos atrás la ansiedad revolucionaria por una nueva Cuba, es que se podría pensar en algo realmente nuevo. ¿Qué ha sido la Hecatombe sino una cura de caballo contra toda tentación totalitaria?

© cubaencuentro

16 Comentarios


16 by Leonardo Gamboa (Usuario no autenticado) 09/06/2008 8:40

Bueno, dicen que la mayoría de los cubanos de la época eran autonomistas y que Martí lo sabía. De haber triunfado la opción autonomista, quizá nos habría tocado algo parecido a Canadá y la independencia después. Ya en 1898 estaba instalado un gobierno autonómico. Pero jamás España hubiera vendido a Cuba a USA, siempre lo rechazó y el pueblo cubano también lo habría rechazado. Así que después de la autonomía vendría la independencia de una manera amistosa. Pero nadie lo sabe con certeza. Es cierto que los mambises, o lo que quedaba, no podían ganar y que fueron los americanos los que decidieron la guerra. No por Cuba, sino por sus propios intereses imperialistas. Heredaron Filipinas y bases en Asia, se quedaron con PR. etc. Lo que Martí buscaba evitar con la guerra, que USA interviniera en Cuba, fué precisamente la guerra la que trajo esa intervención. Creo que de haberse mantenido el autonomismo, Cuba habría pasado décadas con ese status hasta alcanzar su independencia. Pero también hay que ver que la negativa de España a concederlo, junto a la oposición de esos sectores de la sociedad cubana, hizo que la guerra se conviertiera de nuevo en una opción. En fin, que lo que pasó no se puede cambiar. Ahora veremos lo que nos trae el futuro cercano. No tengo mucha fe.

15 by Ein zuverlaessiger Freund (Usuario no autenticado) 30/05/2008 18:40

Muy bueno el enfoque lógico de esa oda al patriotismo y en contra del orden establecido que es la historia de Cuba (remember Carlos Loveira). No me queda claro, que la sed haya sido saciada. Por el contrario, pienso que quedan muchos años de lucha por delante. La respuesta a la pregunta de Montaner, sobre la posibilidad de una Cuba modesta, pacífica y tolerante, es no, no por ahora, no en varios años. Aun queda leña para avivar la hoguera de las vanidades. Los Estados Unidos siguen ahí, empecinados en su política absurda y brindando un nicho perfecto para el nacionalismo y el antimperialismo. El acceso a los medios informativos mundiales sigue siendo nulo, el grandilocuente NTV sigue a cargo de moldear las mentes de los hombres nuevos, e insuflando el sueño de ser parte de la historia universal, aunque sea como hazmerreir, no importa (pobre Celia). En fin, el mal …

14 by REVER (Usuario no autenticado) 30/05/2008 1:20

Duanel muchas gracias por la sobriedad y la falta de "pathos". Estos son los artículos que denotan profesionalidad. Contenido genial, claro y muy duro para el estómago nacionalista "con sed de patriotismo"... gracias

13 by apatrida (Usuario no autenticado) 28/05/2008 22:20

A mucha honra, ya lo dijo el tan citado Msrti: "Sin Patria , pero sin Amo"

12 by Pobre Apatrida (Usuario no autenticado) 28/05/2008 8:20

Que esperar del que se autodenomine "apatrida", es como llamarse bastardo.

11 by apatrida (Usuario no autenticado) 27/05/2008 22:40

COMPARAr EL AUTONOMISMO EN LA EPOCA COLONIAL con los que llamas "moderados" ahora me parece muy forzado, porque nada tienen que ver. Ademas cuando triunfo la independencia se mantuvieron las propiedades de españoles y hacendados, tal y como estaban en la etapa colonial, e incluso durante la intervencion , los funcionarios coloniales tambien conservaron sus puestos. Lo que perdieron los ricos en la Cuba colonial fue la produccion, ya sea victima de la tea o la reconcentracion, pero las propiedades no. A pesar dele stado ruinoso de Cuba en 1898 no se puede comparar con la Cuba actual porque en aquel tiempo, a pesar de la destruccion de la guerra, la base de la propiedad privada se mantenia, no asi en la Cuba actual, donde coincido contigo que hay una manada de tiburones en el gobierno castrista dispuestos a repartirse fabricas y tierras en una privatizacion tipo Rusia, pero que no le veo ningun punto de coincidencia con el autonomismo. Ademas creo que ya es hora de dejar tranquilo a Marti y dejar de echarle las culpas de todo o de quere tomarlo como bandera para todo, creo que ya sus planteamientos estan desfasados del todo y es hora de bajarlo del pedestal, como bien decia un articulo publicado hace poco.

10 by apatrida (Usuario no autenticado) 27/05/2008 22:40

Coincido con Socrates , el mismo menosprecio por el autonomismo y la falsa creencia que la guerra independentista era la unica solucion nos lleva por extrapolacion a la tesis de que la Revolucion era la unica salida a la situacion en Cuba en los años 50 del pasado siglo, la teoria comunista de que "la lucha armada es la unica via"

9 by SOCRATES (Usuario no autenticado) 27/05/2008 12:00

Decididamente, son muchos los lectores de EER que confunden el tocino con la velocidad. Es un gran consuelo para los exiliados creerse que los hermanos Castro y sus secuaces son un accidente en la historia de Cuba, algo así como una banda de extraterrestres enviados por Stalin -justo antes de morir, en 1953- para apoderarse de un país que poco o nada tenía que ver con ellos. Por desgracia, la realidad es otra. Quienes asaltaron el poder en 1959 eran tan cubanos como los miles o millones que luego los aplaudieron hasta romperse las manos y gritaron alegremente ¡Paredón! y ¡Fidel, esta es tu casa! Si los resultados de la Revolución (con mayúscula, como pedía hasta el bueno de Mañach) disgustaron a muchísimos de sus partidarios iniciales, la razón hay que buscarla más bien en la falta de información y las expectativas irreales de esos creyentes y no en la evolución del proceso, que siguió el curso clásico de radicalización, asesinatos, exterminio saturnino de sus propios hijos, deificación del caudillo victorioso, etc. Algunos espíritus lúcidos advirtieron del peligro, pero la mayoría de la plebe y gran número de intelectuales y burgueses estaban convencidos de que la Revolución no sólo era necesaria, sino que además sería infinitamente benéfica. En el linaje de esa creencia, nos guste o no, hay que apuntar a muchos "próceres" sin cuyas ideas o actos no hubiera existido nunca el respaldo popular que hizo posible la victoria del castrismo.

8 by El Politologo (Usuario no autenticado) 27/05/2008 7:20

Ya en otro comentario en que un articulista tocaba un tema parecido hable del "sindrome del sueño martiano", que es la tendencia que hay entre muchos de nuestros jovenes intelectuales -- y tambien en otros no tan jovenes y mucho menos intelectuales -- a despreciar, como reaccion a tantos años de falaz identificacion de la "revolucion castrista" con las luchas independestistas, a los que lucharon por la independencia y pasarse al lado de los anexionistas o los autonomistas y a comparar, y penosamente incluso con ventaja, a cualquier mediocre con Marti; para esto no faltaran nombres y articulos que citar, ni rimbombante palabreria. Sin embargo seria bueno que estos iconoclastas trataran de indagar que es lo que los lleva a convertirse en lo que los sus enemigos dicen que son, asi verian que detras de todas sus sofisticadas e intelectualmente elaboradas teorias no hay mas que el fruto de la manipulacion de sus pobres mentes infantiles, que los han llevado a arrastrar, como pesada cadena, la falsedad de que Marti fue el autor intelectual del moncada y que el castrismo es el continuador de nuestras luchas independentistas. Creo que tanto al articulista, como a los que lo apoyan en sus comentarios, bien les vendria unas sesiones de terapia grupal para poder sacarse ese veneno que les inyectaron en el alma y, a partir de ahi, reconciliarse con sus origenes.

7 by joseluis sito (Usuario no autenticado) 27/05/2008 7:20

“el triunfo del independentismo martiano sobre el reformismo autonomista a fines del siglo XIX” Responderé a este texto de Duanel Diaz con extractos de otro texto: “Prácticamente no ha habido desalmado en la historia política criolla que no haya intentado disimular el vacío en su pecho con el nombre de José Martí. El latrocinio, el nepotismo, la corrupción y las más flagrantes violaciones de los derechos esenciales de los cubanos han sido enmascarados durante décadas por la retórica ‘martiana’ de oradores de rostros blindados de generaciones múltiples. El castrismo ha sido, por su extensión temporal y la intensidad diabólica de su deshacer histórico, quien más ha contribuido a la descarga. Pero ello es algo de lo que no puede culparse únicamente a Fidel Castro. Éste, y todos los que le antecedieron en el intento, no habrían logrado nada sin el decidido concurso de los escritores mercenarios de quienes ya había hablado el mismo Martí: esos intelectuales que, como denunció certeramente, todas las tiranías tienen a mano para que piensen y escriban, para que justifiquen, atenúen y disfracen el rayo y el fuego, “porque con la literatura suele ir de pareja el apetito de lujo, y con éste, viene el afán de venderse a quien pueda satisfacerlo. Por casa con coche y bolsa para queridas vende la lengua o la pluma mucho bribón inteligente.” Cuba, sin ser deficiente en héroes, ha sido prolífera en bribones inteligentes. Según sus obras, Gerardo Machado era martiano, y Fulgencio Batista, y Fidel Castro por supuesto. Para ‘verificarlo’, sólo basta leer las páginas amarillentas (más bien de vergüenza, que no de tiempo) de tanto material impreso en Cuba a la sombra de tiranos.” Quien se considere un bribon inteligente que no venga a acusarme de haberlo ultrajado. “Parte, fundamentalmente, del rechazo a Martí de las últimas generaciones de cubanos nacidos y/o formados bajo el castrismo, quienes lo asocian con la tragedia, el horror y las vejaciones que determinaran sus experiencias vitales. Si Martí fue “el autor intelectual” de la desvida que padecen o padecieron (como durante décadas se les ha hecho creer) nada más lógico que extiendan hasta Martí su repudio a Castro. La forzada ecuación nación=estado=gobierno=Revolución=Castro se ha extendido a Martí. Por obra y (des)gracia del proceso falsificador, el discurso martiano se coliga con el castrista bajo los rótulos despectivos de forzado dogmatismo político, mesianismo nacionalista, anti-americanismo y otros marbetes afines. La falacia de que la obra política de Martí fue continuada o culminada por Castro se ha repetido tanto, que hasta muchos que niegan decididamente al segundo no han podido evitar la extensión de su rechazo al primero.” “A fin de ‘racionalizar’ tal impugnación, el estamento intelectual, so pena de naufragar en la evidencia, ha comenzado a practicar cierto malabarismo ideológico que intenta culpar a Martí de todos los males de la historia cubana posterior a su prédica. Su digna intransigencia, su nacionalismo y su anti-imperialismo son expuestos como posturas extremistas que, al extenderse como una enfermedad por el cuerpo político nacional, habrían determinado el colapso de la primera república y la aparición de su caricatura totalitaria posterior. Consecuentemente, propician una reivindicación del autonomismo o el anexionismo como variantes que, de haber alcanzado éxito, nos habrían salvado de todos los males políticos de los últimos 100 años.” Pero los gobiernos españoles de la época siempre mantuvieron la terca y fatídica decisión final de mantener a Cuba como colonia hasta “el último hombre y el último peso”. Esta frase puede ponerse en paralelo con Patria o muerte “En ese sentido el autonomismo, tras su ropaje de diálogo refinado y búsqueda de consenso, no ocultaba otra cosa que la cobardía y/o el colaboracionismo de sus propugnadores. El colonialismo español fue siempre un interlocutor sordo, cuando no traicionero, como bien comprobaron los firmantes del Pacto del Zanjón.” “Así, pues, nunca hubo posibilidad alguna de que Cuba fuera para España lo que el Canadá fue para Inglaterra o lo que Hawai sería para los EE.UU. La España colonial no lo quiso nunca; Norteamérica, si alguna vez lo deseó seriamente, ya no lo pretendía en 1898. [...] resulta evidente que el autonomismo y el anexionismo, carentes de fórmula viable alguna, no fueron más que intentos dilatorios contra el independentismo, motivados por el miedo o la ambición de quienes tenían mucho que perder, materialmente, en una nueva guerra de independencia cuya inevitabilidad trataron de conjurar.” Y efectivamente perdieron mucho. Pero la República, con todas sus posibles (y hasta previsibles) deficiencias y anomalías natales, era el único término factible entonces, la exclusiva opción tangible. Achacarle sus defectos capitales a Martí, o al “radicalismo revolucionario” de éste, todos los males de la historia futura cubana es algo patético. “Lo que tuvo de malo la república fue, precisamente, lo que no tuvo de Martí.” “Pero esta nueva versión va mucho más allá de un debate académico de interpretación histórica. Una de las características de las llamas es la formación de humo, que sirve para ocultar a la vista de otros lo que no se quiere que vean. Las postrimerías del castrismo coinciden, en algunos de sus aspectos, con el final de los tiempos coloniales; como si el hijo de un soldado de Valeriano Weyler se hubiese propuesto la forzada repetición de una misma historia. Ante la inminente desaparición física o la incapacidad mental del tirano, las filas cubanas en este nuevo cambio de siglo aparecen en divisiones semejantes al anterior. Por un lado, la minoría de cortesanos, bufones y siervos de manos ensangrentadas (y/o almas de esclavo) que desearían la eternización del castrismo en su estado actual (los herederos directos del integrismo decimonónico). Por el otro, una oposición en la que se aprecian tres tendencias fundamentales, la unión de las cuales representa la mayoría del pueblo cubano, tanto dentro como fuera del país. Forman esa oposición fragmentada los ‘intransigentes’, quienes trabajan por una Cuba democrática con ruptura total con el castrismo, incluyendo lógicos reclamos de justicia; los ‘moderados’, quienes preconizan una ‘transición’ que incluya al séquito castrista, dejando impunes sus crímenes; y un tercer grupo (paradójicamente más numeroso en la Isla que en el exilio) que sigue pensando que sólo la anexión a los EE.UU. podría solucionar los problemas de Cuba. Los llamados ‘moderados’, como herederos naturales del autonomismo, ven en los ‘intransigentes’ el escollo principal para un cambio ‘pacífico’ en el país; de ahí que traten de atacarlos en su raíz histórica fundamental: la intransigencia martiana. Detrás del poderoso tinglado neo-autonomista están grandes intereses económicos de capitalistas sin escrúpulos y neo-integristas que desean convertir la Cuba post-Castro en una factoría de mano de obra feudal, como ya han logrado en China y Viet Nam, por ejemplo. La ‘nomenklatura’, convertida en socio capitalista de intereses foráneos, garantizaría el ‘orden’ en la fuerza laboral, en una especie de totalitarismo capitalista donde una vez más los trabajadores tendrían todas las de perder. El vergonzoso proceso, en realidad, ya está en marcha. Los ‘moderados’ tratan de justificar este extraño maridaje de comunistas y capitalistas en la suposición de que una liberalización económica habrá de conducir, a largo plazo pero pacíficamente, a las libertades políticas. La historia demuestra, precisamente, todo lo contrario: no fueron las relaciones de producción capitalistas las que propiciaron la democracia, sino que fue la democracia la que hizo posible, dado el grado de libertad inherente a la misma, el desarrollo de una economía también libre. El neo-autonomismo, en términos criollos, no propone otra cosa que colocar la carreta delante de los bueyes. Consecuentemente, el resultado no puede ser otro que la inmovilidad. Ahora como entonces.” “Los neo-autonomistas constituyen un apoyo (consciente o inconsciente)a la actual venta del país a la inversión extranjera en términos cuasi feudales. Las expectativas de unos y otros se basan en la presencia foránea en Cuba, preferentemente norteamericana. Hasta la permanencia del cortejo castrista en el poder –incluso después de desaparecido el propio Castro –, muchos de ellos la ven, asombrosamente, como algo positivo o un mal menor y transitorio. Huelga comentar el alto grado de desesperación, frustración o auto-engaño imperante en unos y otros (suponiéndoles buenas intenciones) como para que personas cultas y aparentemente inteligentes puedan arribar a tales conclusiones. Semejante ‘alianza’, amenaza con consumir la esencia misma del orgullo nacional cubano.” El texto de Duanel Diaz y estas nuevas hipótesis históricas son el pedestal de la poderosa maquinaria gubernamental castrista y sus viejos y nuevos aliados: la izquierda fosilizada y el capital inescrupuloso. Desgraciadamente no queda mas remedio que decirlo. En vez de retroceder al inmovilismo y la inercia de siempre debieran emprender el camino de la RESISTENCIA activa, intransigente, decidida, valiente de un Marti y de su espíritu revolucionario, al lado de tantos resistentes que dentro de la isla intentan manifestarse y proclamar sus ansias de Libertad. Castro no es la Revolución, ni Napoleón ni Stalin. “Corresponde al exilio, como parte integral de la cubanidad, servir de apoyo y catalizador a la emergente sociedad civil dentro de la Isla en su afán de resurrección de una República que finalmente sea “con todos y para el bien de todos.”. La estrategia a seguir depende de las opiniones de cada cual, y aunque disímiles en sus formas, todas pueden ser válidas, excepto la que intente imponérsele a los demás. Los cubanos del exilio no hemos perdido el tiempo viviendo en democracia; hemos sido parte de ella. Consecuentemente, bien sabemos de la solidez de los sueños cuando son justos.” Esta pregunta para Duanel Diaz y todos los cubanos: “¿Están los cubanos conscientes de lo que les espera a ellos y a sus hijos si el castrismo se prolonga indefinidamente? ¿Qué clase de ciudadanos podría conformarse dócilmente con semejante destino?” PS : Que todos me perdonen lo largo de mi comentario pero me parece inevitable dado la importancia de estos debates.

6 by SOCRATES (Usuario no autenticado) 27/05/2008 7:20

Los criticos y los exegetas soslayan el planteamiento central de DD: Agotadas las mitologias nacionales; ? es o no posible pensar de otro modo el futuro de Cuba? El totalitarismo es una patologia social y el castrismo es la enfermedad senil del comunismo. Pero ?como salir del pantano actual y, sobre todo, hacia donde vamos a salir? DD interroga a la Historia y tiene mucha mas razon que sus detractores.

5 by apatrida (Usuario no autenticado) 26/05/2008 22:40

Creo autonomismo fue realmente una opcion y una alternativa para la mejora social y economica de Cuba mucho mejor que la guerra independentista, pero no se le dio oportunidad, en primer lugar por la falta de vision y firmeza de España para imponerla sobre el vociferante y violento partido "integrista", partidario de España (por cierto integrado por muchos cubanos, es que en aquel tiempo el limite entre cubano y español era inexistente, al ser considerada la Isla como parte de España. de hecho creo que podiamos calificar las guerras de independencia en Cuba como guerras civiles) y por el apoyo de ciertos sectores del gobierno y la sociedad americana hacia la causa independentista (habilmente ganados por el "lobby" cubano en Washington) La diferencia entre la guerra de los 10 años, que se perdio, y la guerra del 95, que se gano a España, fue que en la primera no se contó con el apoyo norteamericano y en la segunda si. Porque otro de los mitos creados por los cubanos es que la guerra de independencia en 1898 estaba ganada por la causa independentista, cosa que creo que no era asi, si acaso estaba empatada, con los mas preclaros lideres de la revolucion muertos. Marti y Maceo, y los que quedaban al frente , aunque de probada valía, ya muy ancianos: M.Gomez Y C. Garcia. Se dice que España era solo dueña en Cuba del territorio que pisaban sus soldados, en el caso de los mambises era exactamente igual, incapaces de retener ningun territorio o poblacion conquistado, ni de organizar minimamente una administracion o una economia en algun territorio que permitiera un sustento economico de la guerra, dependian absolutamente de la expediciones que del territorio americano venian para su subsistencia, con la absoluta complicidad norteamericana. Recuerden que la guerra anterior, en situacion muy parecida duro 10 años, hasta que termino por puro agotamiento. Es mas, creeo que si Weyler se hubiese mantenido mas tiempo como Capt. Gral. de Cuba, habria puesto a la insurreccion al borde de la desaparicion. La autonomia hubiese sido una buena opcion para ir acostumbrando a la sociedad cubana en un sistema parlamentario, y al final hubiese desembocado en la venta o anexio a los USa o en la independencia por vias pacificas. En cuanto a que los cubanos estamos siempre en los medios, es cierto que para ser Cuba un pais tan pequeño en cuanto a poblacion y estando en plena crisis economica y social, aparece en los medios mucho mas que otros paises con caracteristicas similares, incluso la emigracion cubana , mucho menos numerosa que la de otros paises ocupa mas espacios sociales que estas. pero de ahí a decir que los cubanos hemos protagonizado "hazañas" va un tremendo trecho, creo que mas bien hemos hecho el papel de victimas cuando no de titeres sin voluntad ni c... cuando la crisis de Octubre estuvimos a punto de ser barridos de la faz del planeta y de llevar irresponsablemente al mundo a un holocausto nuclear gritando tontamente !Patria o Muerte! , en Giron protagonizamos una lucha entre nosotros mismos, porque cubanos eran los de los dos bandos, unos "embarcados" por Kennedy y otros "embarcados" por Castro. En Angola pusimos la carne de cañon en un conflicto que ni nos iba ni nos venia para nada. Pero creo que por lo que mas nos hemos caracterizado es por ser un pueblo sumiso e ignorante, hemos protagonizado el record de soportar 50 años de dictadura, la mas larga del mundo. Ya no se que responder cuando me preguntan que por que aguantan la gente en la Isla, ya por ultimo ahora cada vez mas estan apareciendo personajes y organizaciones de cubanos en el exterior que se dedican a defender el regimen, ya pronto tendremos CDR en el exilio. Yo he optado por callar que soy cubano, porque me da verguenza de serlo. Y dice este que hemos realizado "hazañas" Creo que Figueres tenia razon y que somo un pueblo miserable que nos merecemos lo que tenemos.

4 by Marina Cuello (Usuario no autenticado) 26/05/2008 22:40

Sagarra, no te pases de la raya. No hace falta citar varios nombres para sustentar una tesis propia. Es sólo leyendo mucho, y sin prejuicios, que se llega, usando el intelecto, a conclusiones certeras - y creo que este es el caso. Muchos conocemos los ensayos de Duanel, pero de ti sólo vemos esta pequeña muestra de envidia. ¿No serás tú el que padece de voluntad sobornada? Ejemplo de tormento e infección sobra en tu escuálido comentario. ¿Podrías decirnos algo más interesante que rebata o apoye la tesis de Duanel, o solo has venido a clavar tu ponzoña? Sagarra, no te pases de la raya.

3 by Sagarra (Usuario no autenticado) 26/05/2008 19:40

" (Por cierto, el párrafo sobre el agotamiento del mito nacional revolucionario y la Cuba posible no es de Montaner, sino de Sorel)". Eso le pasa a Duanel por flirtear con tantos nombres para sustentar su endémico texto. No dice nada este inquilino de Pincenton. Esto es solo una muestra de un intelecto atormentado e infectado. Duanel hace rato que padece de voluntad sobornada.

2 by corrector de fuentes (Usuario no autenticado) 26/05/2008 18:20

En efecto, Duanel da como de Montaner las palabras de Sorel. Solavaya! De ahi saca conclusiones alocadas. Dentro de poco, Figueras dira "con todos y para el bien de todos", y Fidel Castro escribira el libro sobre la evolucion de la cultura cubana!!

1 by Juana Bacalao (Usuario no autenticado) 26/05/2008 16:40

Querido Duanel: Muy buen artículo. Siempre sorprende encontrar un análisis tan lúcido en autores tan jóvenes. Tú no habías nacido todavía en 1968 cuando en la isla se cantaba esta rumbita: "No cojas lucha, no cojas lucha, que son 90 de errores y 10 de palucha". Contradiciendo a tu admirado Mañach, hoy tendría que escribirse un Elogio del choteo. Sólo la carcajada, la trompetilla y la ironía bien administrada nos salvarán al final de esa cosa adusta, sombría y criminal que es la neurosis revolucionaria/totalitaria. (Por cierto, el párrafo sobre el agotamiento del mito nacional revolucionario y la Cuba posible no es de Montaner, sino de Sorel).

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