Opinión
El peligro de la parcialidad
La Posición Común de la UE y sus detractores. ¿No tiene Cuba derecho a las libertades que se gozan en el Viejo Continente?
Recientemente el diario oficialista Granma publicó una nota en primera plana bajo el título "Instan a la UE a retomar diálogo respetuoso y constructivo con Cuba". Se trata, según la nota, de una carta abierta a los cancilleres de la Unión Europea "refrendada por cientos de instituciones y personalidades del Viejo Continente".
En el marco de respeto que debe acompañar todo debate de opiniones diferentes, puede felicitarse a esas instituciones y personalidades por su preocupación y solidaridad con Cuba. A la vez, teniendo en cuenta la importancia de su contenido, también aprovecho la oportunidad para exponer mis criterios al respecto, no sin las dificultes que acarrea referirse a una carta que sólo conocemos por algunos pasajes seleccionados para la nota de prensa, lo que obliga al recurso de la imaginación.
En primer lugar, ¿qué significa que la Unión Europea adopte el camino del diálogo político desde una perspectiva constructiva y de respeto mutuo con Cuba? Puede inferirse de lo anterior que los firmantes consideran la posición de la UE si no total, al menos parcialmente destructiva e irrespetuosa con la Isla.
Vigencia de la Posición Común
Si nos remitimos al contenido de los documentos oficiales, tenemos que el Consejo de la Unión Europea —cumbre de jefes de Estado o de gobierno de los países miembros de la Comunidad Europea—, en la reunión celebrada en Bruselas el 13 de junio de 2005, reafirmó la vigencia y validez de la Posición Común.
Dicha posición, que está en vigor desde 1996, plantea: "El objetivo de la Unión Europea en sus relaciones con Cuba es alentar un proceso de transición a una democracia pluralista y al respeto de los derechos humanos y de las libertades fundamentales, así como una recuperación sostenible y la mejora de las condiciones de vida del pueblo cubano".
Si por Cuba nuestros amigos entienden tanto al gobierno como a su sociedad, en esa posición no se observan ni la destrucción ni el irrespeto. Fíjese que se dice "alentar", no imponer. De todas formas, si esa democracia pluralista no existe en Cuba, entonces está muy bien que se aliente. Si el caso es que existe, entonces no hay que ofenderse sino demostrarlo, y la mejor forma es preguntar a los ciudadanos —y no sólo a los funcionarios— si es cierto o no que los cubanos carecen de los derechos civiles y políticos que están recogidos en la Declaración Universal de los Derechos Humanos.
También habría que preguntar si es cierto o no que a la vez que se posee educación y salud gratuitas —sin entrar en detalles acerca de su actual calidad—, se carece de los derechos de libertad de expresión, reunión, asociación y de movimiento, fundamentos de la democracia y de la participación.
Si se confirma que esa es la realidad de la Cuba de hoy, entonces los firmantes de la carta deberían dirigir similar misiva a las autoridades cubanas instándolas a la necesidad de que adopten el camino del diálogo político, desde una perspectiva constructiva y de respeto mutuo, con su pueblo y simultáneamente con la UE; pues, en definitiva, el diálogo es multilateral y el mismo —como arte de conciliar intereses— requiere de flexibilidad de todas las partes.
Tampoco se puede desconocer que todas las transiciones guardan cierta dependencia de las relaciones internacionales, y por supuesto no alcanzo a comprender cuáles razones hacen pensar que Cuba es la excepción de la regla, cuando más bien ahora esa dependencia es mayor a causa de la debilidad y atomización de los potenciales sujetos de la transición hacia la democracia pluralista.
Por todas esas razones, para muchos cubanos resultó una buena noticia la ratificación de la Posición Común de la UE, que al apostar por cambios pacíficos y graduales dentro de Cuba abrió una brecha en la hegemonía de la política de confrontación de los gobiernos norteamericanos, debilitó las justificaciones del inmovilismo gubernamental y puso en perspectiva el rol de la sociedad civil en ese proceso.
Apoyo a una parte de Cuba
En segundo lugar, la consideración acerca de que la Posición Común establece condicionamientos que se han convertido en un obstáculo para las buenas relaciones y el diálogo necesario entre la UE y Cuba, exige que se expliciten cuáles son esos condicionamientos.
Si se refieren a los antes mencionados, entonces significa que la intención de alentar el tránsito a la democracia pluralista y al respeto a los derechos y las libertades en la Isla por parte de la UE debe ser retirada. En cambio, si en Cuba los ciudadanos carecen de esos instrumentos, la petición puede entenderse en el sentido de que el apoyo solidario se dirige sólo al gobierno, es decir, a una parte de Cuba.
Constituye un planteamiento insostenible considerar que las libertades que se gozan en el Viejo Continente son innecesarias para los habitantes del Nuevo Mundo. Sin proponérselo, están aceptando para los cubanos lo que en sus propios países les resulta inadmisible. De no ser así, y de eso estoy seguro, dicha exigencia se torna innecesaria, incomprensible y contradictoria.
Es bueno recordar que el ministro de Relaciones Exteriores de Cuba, en visita efectuada el pasado año al Parlamento Europeo y España, declaró que "si la UE se apartara de la votación estéril (en la Comisión de Derechos Humanos en Ginebra) que genera enfrentamiento, Cuba estaría dispuesta a sentarse con la UE a acordar un programa" y añadió: Cuba "se sentiría en la deuda moral de acompañar la decisión europea. Firmaría el pacto de derechos económicos, sociales y culturales al día siguiente, diciendo que hemos empezado una nueva etapa en nuestras relaciones".
Además de resultar inadmisible el uso de los derechos que le corresponden al pueblo como carta de negociación para otros fines, los "hermanos solidarios", en aras de promover el diálogo, deberían solicitar a La Habana que retire ese tipo de condicionamiento y que, en su lugar, suscriba ese Pacto que constituye un mecanismo importantísimo en la implementación de los derechos humanos.
Los derechos humanos primero
En tercer lugar, se planea que con miras a reforzar la asociación estratégica entre la UE y América Latina y el Caribe, es necesario profundizar en un diálogo político respetuoso y en una cooperación autónoma con todos los países, y en particular con Cuba. En esto todos estamos de acuerdo, pero debe repetirse: si el diálogo es multilateral, esa exigencia vale para todas las partes. Al ejercerse sobre una de ellas, se hiperboliza y tergiversa la esencia del mensaje.
En cuarto lugar, se dice que la reunión de cancilleres de la UE resulta una nueva oportunidad para que el ente comunitario renueve el diálogo político con La Habana y promueva una estrategia de cooperación al desarrollo que no esté sujeta a los intereses de la política exterior.
Aquí debe agregarse que, de igual forma, el gobierno cubano debería aprovechar algunas de las iniciativas que han nacido en la sociedad civil alternativa para iniciar un diálogo al interior del país, pues Cuba no se limita a su gobierno, que no por duradero deja de ser temporal. De esta tesis emana la prioridad de la sociedad civil como agente de cambios. Por ello, la solidaridad internacional debería potenciar el principio de que somos los cubanos quienes legítima y definitivamente debemos solucionar los problemas internos.
En quinto y último lugar, recomendamos a esos "hermanos" de Europa la necesidad de colocar en primer término los intereses ciudadanos. Para ello hay que partir de los derechos humanos como fundamento del bien común.
De ahí la necesidad de desideologizar la solidaridad y basar las relaciones entre gobiernos, y entre estos y sus sociedades, en el respeto, la educación, el cultivo y la defensa de los derechos, tanto civiles y políticos como económicos y sociales, para coadyuvar a que la Declaración Universal de Derechos Humanos se convierta en la práctica cotidiana de los gobiernos como prueba de mayor madurez política.
© cubaencuentro
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