A debate
Ilusiones y realidades
¿Están exagerados los resultados de la política europea hacia Cuba?
El artículo Las virtudes del coro (de Arturo López Levy), publicado en Encuentro en la Red con fecha 3 de abril, tiene —entre otros valores— la cualidad de mover a la reflexión en torno a un tópico que ha despertado no pocas polémicas, tanto en algunos observadores internacionales como en ciertos grupos que animan diversas posiciones políticas dentro de Cuba. Se trata de las políticas de la Unión Europea y de Estados Unidos en relación con el tema cubano.
El texto de López Levy es atinado en sus valoraciones al contraponer las posiciones de ambas políticas y sostener que no es posible lograr compatibilidad alguna entre ellas, toda vez que recogen presupuestos diametralmente opuestos.
El gobierno de Estados Unidos, con sus posiciones de fuerza, refrendadas en el embargo y en todo tipo de compromisos con los sectores de la derecha radical cubanoamericana asentada en la Florida, sólo ha propiciado al régimen de Castro cimentarse en el manido discurso nacionalista para perpetuarse en el poder y extremar las "medidas revolucionarias" tendientes a reprimir cualquier propuesta alternativa, en aras de "salvar a la patria"; entorpeciendo así un proceso de cambios en la Isla.
De esta suerte, tal política ha llegado a constituir para el régimen cubano un soporte ideológico mucho más sólido que los textos de los clásicos del marxismo.
Sin embargo, tampoco habría que exagerar los resultados obtenidos hasta ahora por la política europea en Cuba.
Es decir, si bien su objetivo de "alentar un proceso de transición a una democracia pluralista y al respeto de los derechos humanos y de las libertades fundamentales, así como una recuperación sostenible y la mejora de las condiciones de vida del pueblo cubano", está en concordancia con las aspiraciones de la mayoría de los cubanos y resulta más coherente con un clima de diálogo y entendimiento, magnificar el impacto que esta política ha tenido sobre la sociedad podría disminuir la efectividad que debe lograr objetivamente a mediano y largo plazos.
Modestos resultados
En realidad, resulta aún demasiado prematuro calificar sus resultados. Está claro que ha transcurrido un tiempo lo suficientemente largo en la política de confrontación Estados Unidos-Cuba, iniciada desde los años sesenta del pasado siglo, como para poder constatar su inutilidad y obsolescencia.
En cambio, a sólo 10 años (un lapso de tiempo corto) de los acuerdos de la Posición Común europea, con su política de compromiso constructivo, se pueden reportar modestos resultados, sobre todo si se tiene en cuenta que tendiendo puentes entre los gobiernos europeos y el de Cuba, no se justifican las posiciones atrincheradas de este último.
En otras palabras, una política de distensión en busca de entendimiento, para evitar el aislamiento de los cubanos, coadyuva a desautorizar la eterna política de confrontación del gobierno de la Isla y le impide utilizar los argumentos de defensa de la soberanía (a los que tan útiles resultan las políticas estadounidenses hacia Cuba). El diálogo es una apuesta provechosa frente a la fracasada confrontación de cuatro décadas de desgaste.
Sin embargo, no es menos cierto que si Estados Unidos no ha podido usar en Cuba sus "experiencias exitosas de promoción de apertura en China, Vietnam o la antigua Europa del Este", no se debe sólo al hecho de que su gobierno subordine sus acciones a los intereses de los cubanoamericanos de la Florida, sino también a las actitudes de La Habana, que necesita alimentar la confrontación con el "enemigo imperial" para mantenerse a perpetuidad en el poder sobre el falso discurso nacionalista.
Esta tozudez rotunda de negación a cualquier tipo de negociación o de apertura hacia el interior de Cuba, se repite ante los intentos constructivos de la Unión Europea, sólo que en este caso las autoridades cubanas carecen de soporte político alguno que la sostenga, de manera que se deslegitiman sus posiciones. En este punto capital estriba la importancia de la política europea refrendada en la Posición Común.
Ahora bien, los cubanos interesados en reformas democráticas y, en particular, los que vivimos en la Isla, no hemos podido ser destinatarios directos de la política europea, no por la ineficacia de ésta, sino por la posición inmovilista del gobierno, reacio a permitir espacios de apertura al interior de Cuba.
Europa puede influir en facilitar un clima de democracia pluralista en Cuba, toda vez que La Habana no tiene los argumentos contra esta política moderada, respetuosa y pacífica, con los que se parapeta frente a la de Estados Unidos. Esto augura a la Posición Común un positivo margen de posibilidades.
Inversiones y matrimonios
Cuando López Levy se refiere a los logros de la política europea en Cuba, suele confundirlos con otros elementos que no necesariamente se relacionan con la misma, como son las inversiones de ciertas empresas europeas en la Isla (que suponen pingües beneficios para el gobierno, pero no así a la población); o exagera en relación con la importancia de las uniones matrimoniales derivadas del flujo de europeos a Cuba.
Por ejemplo, ¿qué significa exactamente "maximizar el contacto de la población con las democracias de otros países"? ¿Acaso los matrimonios entre europeos y cubanos, que invariablemente determinan la salida de la parte cubana a establecerse en el exterior, son uno de esos "contactos" que propician la democratización de Cuba?
Este tipo de interacción con el exterior, si bien hace a esos cubanos relativamente más independientes del control estatal sobre su vida económica y sobre su educación, no reporta un beneficio muy importante para los espacios democráticos a que aspiramos en la Isla.
La recurrente referencia a los viajes de turistas europeos que "contactan" con la población, a los matrimonios de estos con cubanos (con cubanas, fundamentalmente), a los negocios que desarrollan en Cuba, a su "diálogo" con los funcionarios del gobierno y al empleo de nacionales en las empresas de capital europeo que se crean en la Isla, son apenas manifestaciones epidérmicas, inmediatas y fenomenológicas no determinantes para el surgimiento de los cambios. Tampoco constituyen grandes beneficios para la mayoría de la población. En todo caso, estas empresas son independientes de las políticas de sus respectivos países.
Una parte significativa (mayoritaria) de los turistas que visitan la Isla, lo hacen a través de paquetes "todo incluido" y se marchan sin conocer la realidad nacional. ¿Qué contacto verdadero podrían tener, desde sus buses acondicionados, con la cotidianidad del cubano medio?
Y en cuanto a otros aspectos que menciona López Levy como contactos importantes de cara a los futuros cambios de la Isla, ¿cuántos europeos casados con cubanos(as) se establecen con carácter aproximadamente permanente en este país? ¿A qué intereses responden los funcionarios que negocian con los europeos? Y, por último, ¿qué por ciento de la población está empleado en las empresas de capital europeo?
Impacto discreto
Por otra parte, la efímera cantidad de ciudadanos que laboran en empresas europeas y que tienen acceso a la prensa internacional, a contrapelo de los millones que no tienen ese privilegio en la Isla; sumado a los temores de los primeros, que rehúsan ser transmisores de las informaciones a las que pueden acceder, supone un mínimo efecto contra el control exclusivo del gobierno sobre la información.
Si bien se han desarrollado los intereses comerciales europeos, su "impacto en términos de liberalización, pluralismo social y apertura en Cuba" todavía resulta muy discreto.
El otorgamiento de numerosas becas de estudio y los entrenamientos que reciben muchos cubanos en Europa, de cara a un futuro en que el país se insertaría en el mundo "globalizado", ha correspondido por abrumadora mayoría a individuos pertenecientes a instituciones estatales y obedece, por tanto, a las disposiciones oficiales y no a fomentar el desarrollo de iniciativas cívicas, independientes y realmente democráticas.
Si en algo no se equivocan algunos exiliados es en el aserto de que en Cuba no es fácil interactuar con el pueblo. Por una parte, porque la población suele estar estrechamente controlada y vigilada por organizaciones que responden a intereses del gobierno y que suelen recelar de aquellos nacionales que mantienen algún tipo de relación con extranjeros.
Y por otra, porque muchos —temerosos de ser acusados de conspiración, de contrarrevolución o de estar al servicio de la propaganda enemiga— mienten acerca de sus verdaderos sentimientos hacia el gobierno y sus instituciones, o simplemente los ocultan.
Para ningún cubano es un secreto que para recibir como huésped a un amigo extranjero debe solicitar y obtener la debida autorización; algo que a cualquier ciudadano del mundo libre le puede resultar increíble, aunque —por supuesto— estos son apenas detalles domésticos que no dependen en absoluto de la demostrada buena voluntad de la Unión Europea.
Como enuncia López Levy, "La Posición Común Europea de 1996 condiciona el progreso en la cooperación y el ascenso de Cuba al Acuerdo de Cotonou a mejorías", además de haber propiciado la liberación de varios opositores; pero en la práctica la experiencia ha demostrado que es preciso continuar insistiendo sobre La Habana para lograr mayor efectividad. Un sencillo ejemplo es que las cárceles del régimen continúan encerrando a centenares de opositores pacíficos.
Diferencias con la España postfranquista
Resulta ilusorio considerar que la política europea aplicada hasta ahora fortalece "el poder de los cubanos para decidir el tipo de democracia y economía de mercado que les convenga". Queda todavía mucho trecho por andar, de manera que este aserto es bastante triunfalista.
En todo caso, los ejemplos basados en el supuesto intercambio o interacción con el mundo democrático, la tecnología, las relaciones entre científicos, administradores y hombres de negocios, no pasa de ser una relación con sectores élites de la sociedad cubana refrendada en grupos empresariales al servicio del gobierno: los "nuevos ricos" con acceso al consumo, al nivel de vida, a la información y a los privilegios que están vedados a la mayoría de la población.
Los intereses de los empresarios europeos son una cosa, y los controles de la política de la Unión Europea hacia Cuba, otra. López Levy parece mezclar ambas cuestiones.
Por último, es preciso considerar que, si bien la comunidad internacional apoyó la reinserción de la España postfranquista en Europa e impulsó diferentes programas que se encaminaron a edificar un nuevo futuro para ese país y evitar encerrarse en el círculo vicioso que supone la solución de los conflictos del pasado, la Isla no cuenta con similar soporte.
Las particularidades de Cuba estriban, entre otras causas, en el férreo centralismo, la destrucción casi total de sus estructuras económicas y en la ausencia de una sociedad civil que sustente los cambios.
De esta manera, los esfuerzos de la política europea deberán continuar encaminándose a fomentar el apoyo, fundamentalmente a las organizaciones que desde el interior de Cuba potencian el desarrollo de la conciencia cívica, con el fin de preparar a la sociedad para los cambios que necesariamente habrán de producirse, lo que constituye el paso previo para enfrentarlos; manteniendo a la vez el diálogo crítico con las autoridades.
Por un apoyo más directo y definido
Sin dudas, la posición de José Luis Rodríguez Zapatero al frente del gobierno español ha sido audaz y constructiva al impulsar un diálogo más amplio con la oposición interna. El discurso europeo, encaminado a promover y apoyar los cambios graduales, la liberación de todos los presos de conciencia, el desarrollo de la pequeña y mediana propiedad privada, la eliminación de la pena de muerte y el acceso generalizado de la población a Internet, está en consonancia con los programas más avanzados y progresistas de la oposición moderada de la Isla.
Muchos opositores pacíficos ven con aprobación cualquier interés serio de los gobiernos europeos para dialogar, desde posiciones respetuosas, con toda la amplia gama de propuestas de la sociedad cubana, y celebran la firme posición independiente de Europa al negarse a apoyar el embargo norteamericano.
Sobre todo, es muy positivo el reconocimiento de variados sectores del pensamiento progresista cubano que se oponen a los cambios mediante la violencia y que cuentan con programas de democratización.
El apoyo más directo y definido a algunos proyectos de carácter cívico, independiente y plural que se desarrollan desde Cuba podría ser una nueva vía que se agregue a las que ya mantiene la Unión Europea con la Isla. La propuesta de compromiso y diálogo resulta necesaria y positiva para la realidad cubana actual.
© cubaencuentro
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