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Actualizado: 22/02/2018 13:46

Cuba, Moncada, 26 de Julio

Historia mínima y errónea del Moncada

El análisis del asalto al cuartel Moncada, en Santiago de Cuba, como fuente de una polémica permanente

Necesitamos la historia de otra manera a como la necesita
el holgazán mimado en los jardines del saber
Federico Nietzsche, 1874

Por encargo del Colegio de México, el Dr. Rafael Rojas pergeñó su libro Historia mínima de la revolución cubana (2015), al cual atribuyó “la suerte de generar polémica” sin advertir el infortunio de sus errores garrafales. Al filo de la efeméride se examinarán tan solo algunos relacionados con el Moncada.

Trasiego ilícito de Urrutia

La historia mínima del Dr. Rojas recicla el máximo desliz de Emeterio Santovenia y Raúl Shelton en Cuba y su historia (1965): que el juez Manuel Urrutia Lleó (1908-81) “emitió un voto particular” en el juicio del Moncada.

  • Urrutia no actuó en ese juicio [Causa 37/1953], que tuvo como jueces a Juan Francisco Mejías, Ricardo Díaz y Adolfo Nieto[1].
  • Urrutia actuó solo en la fase preparatoria del juicio, luego de que el juez de instrucción Leoncio Despaigne pasara el caso al Tribunal de Urgencia en virtud de la connotación política de los hechos[2].
  • Urrutia y los demás jueces de la Sala Segunda de Vacaciones se limitaron a los trámites del expediente de instrucción, como el examen forense de los cadáveres y el aseguramiento de los acusados[3].
  • Urrutia sí emitió un voto particular en otro juicio [Causa 67/1956] para oponerse a la condena de acusados por la expedición del Granma y los alzamientos armados de noviembre de 1956 en Oriente[4].

El Dr. Rojas remacha su espléndida confusión con que Urrutia “se opuso a procesar a los jóvenes capturados durante los sucesos de noviembre de 1956 con el mismo razonamiento que sostuvo en el juicio del Moncada”.

Revisión esclava del oficialismo

Aunque su historia mínima se trompeteó por CNN en Español como “una revisión más crítica y alejada de los mitos ideológicos”, el Dr. Rojas arrastra sin talante crítico la carga mitológica de La historia me absolverá (1954) sobre la tortura de los prisioneros y las conductas del sargento Eulalio “El Tigre” (sic) González y del general Batista. No presta mínima atención a la desmitificación rigurosa del Dr. Antonio Rafael de la Cova en The Moncada Attack (2007).

  • El Dr. Rojas refiere “un operativo de detención, tortura y ejecución” a pesar de que ningún signo de tortura fue detectado entre los muertos ni por los médicos forenses ni por el funerario Manuel Bartolomé, que se encargó de enterrarlos a todos. Ningún sobreviviente planteó tampoco a su abogado defensor haber sido torturado. La tortura se tornó superflua tras confesar de inmediato algunos detenidos y el jefe del cuartel, Coronel Alberto del Río Chaviano, ordenó ejecutar a quien diera positivo en la prueba de parafina por haber disparado arma de fuego[5].
  • El Dr. Rojas incluye al “temible sargento Eulalio González” entre los militares más conspicuos del operativo, pero “El Mulo” (sic) no tomó parte en detenciones y ejecuciones. Su misión pos-ataque fue recoger al jefe del Cuerpo de Ingenieros, mayor Florentino Rosell, en el motel Rancho Club al efecto de traerlo al cuartel para mejor seguridad[6].
  • El Dr. Rojas afirma que “las declaraciones del dictador [Batista] alentaron la masacre” de prisioneros, pero aquellas fueron transmitidas en vivo por radio y televisión pasadas las 4:30 de la tarde. Antes del mediodía habían sido ametrallados ya unos 30 detenidos dentro del Moncada y el jefe de operaciones, mayor Andrés Pérez-Chaumont, andaba ya en detenciones y ejecuciones fuera del cuartel[7].

Además de atenerse a leyendas negras elaboradas por Castro, el Dr. Rojas cuela en su operativo al gobernador de Oriente, Waldo Pérez Almaguer, quien por el contrario renunció al cargo por desacuerdo con la masacre de prisioneros y denunciaría a Del Río Chaviano como máximo responsable[8].

Incompleta lectura del pasado

El Dr. Rojas pasa por alto hasta el plan de ataque al Moncada, pues asevera que Fidel Castro ordenó a su lugarteniente, Abel Santamaría, tomar el Hospital Civil Saturnino Lora “para controlar la atención de los heridos durante el asalto”, así como “a su hermano, Raúl Castro, que se apoderara del Palacio de Justicia”.

  • La toma del hospital civil obedeció ante todo a su estratégica ubicación detrás del Moncada. Desde allí se abrió fuego contra la Posta 4 y los soldados que salían al patio trasero del cuartel[9].
  • Por igual razón estratégica se ocupó el Palacio de Justicia. Desde su azotea se dominaba el lado sur del cuartel. Y Fidel no dio la orden pertinente a Raúl, sino a Léster Rodríguez[10].

El Dr. Rojas narra también que se reclutaron “cerca de 150 hombres”, aunque los asaltantes sumaron exactamente 160 y fueron escogidos entre más de mil reclutados[11]. La muestra de errores rafagales podría ampliarse, pero bastan los señalados para concluir que, al minimizarse la historia del asalto al Moncada con la pereza historiográfica de un escolar sencillo, se maximiza la negrura del ojo crítico, al extremo de que ni siquiera los hechos se ven tal como fueron.


© cubaencuentro

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