Actualizado: 17/10/2017 10:31
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14 ½: Reportajes al pie de la horca

Una filosofía de la vida, común a los regímenes totalitarios de filiación comunista, circula por debajo y detrás de la ideología oficial en el castrismo, tardío y clásico

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Uno de los consejeros del Kremlin, Fedor Burlatsky, narró en Khrushchev and the First Russian Spring (Scribner, 1988) que, al ser informado sobre cómo empeoraba la situación de las familias de bajos ingresos, Brezhnev repuso: “Ustedes no saben nada de la vida. Aquí nadie vive con su salario. Yo recuerdo que siendo estudiante de la escuela tecnológica salíamos a ganar algún dinero extra estibando vagones de carga. ¿Cómo lográbamos arreglárnoslas? Descargábamos tres sacos para ellos y uno para nosotros. Así es como todos viven en este país” (página 223).

Esa filosofía de la vida es común a los regímenes totalitarios de filiación comunista y circula por debajo y detrás de la ideología oficial en el castrismo tardío, tal y como circuló durante el castrismo clásico.

El complemento institucional estriba en que las autoridades del orden y la ley se hacen de la vista gorda hasta que reciben instrucción en contrario de la jefatura o del único partido, o algún chivatazo preciso e ineludible, pero ahora concurre otro factor inimaginable bajo el castrismo clásico.

Yoani Sánchez publica un periódico en línea con once reporteros dentro de Cuba y hasta inversionistas fuera de la isla, según declaraciones propias, y las autoridades vienen dando pita sin hacer cumplir las prohibiciones legales del periodismo como trabajo por cuenta propia y de la inversión extranjera en los medios de prensa.

Un vistazo a la sección de reportajes revela que abordan las disfunciones del Estado castrista, pero algunos tiran la soga al cuello a otros cubanos que se ganan la vida tal y como sale el periódico, al margen del orden y la ley con el tácito consentimiento de las autoridades.

  • “Barrotes de humo” reporta el robo de las mejores hojas de tabaco para torcer puros con destino al “mercado ilegal”
  • “Crónica de una operación por la izquierda” revela “cirugías ilegales” en un hospital habanero
  • “Pintar la bodeguita” refiere proveedores “informales” que desvían recursos de los almacenes del Estado para entregarlos a los creadores del mercado de arte “no oficial” que venden a turistas
  • “Diálogo con un ‘empresario’ cubano” expone el subterfugio de “los carretilleros” —vendedores ambulantes de productos del agro— cuando el inspector anda cerca: “suspender la venta y cubrir con una lona la carretilla”
  • “Dulces agujas: la ruta del tatuaje” llega al colmo de señalar que tatuar no es ocupación legalizada como trabajo por cuenta propia, como si reportarlo para un periódico en línea no lo fuera

Hay otros, pero estos ejemplos bastan para asombrarse de que gente posicionada en un nicho en el mercado contra de las reglas del Estado totalitario, reporten sobre otros cubanos que simplemente han hecho lo mismo.

No tiene sentido reportar estas cosas entre cubanos, porque son el pan de cada día y no hay información esencial: quienes no conocen tal o cual peripecia específica de la filosofía de la vida bajo el castrismo, se la imaginan.

Tampoco ayuda en nada reportar esas cosas para el resto del mundo, porque hasta Brezhnev sabía cómo tiene que vivir la gente bajo el monopolio del Estado sobre la dirección de la economía y los medios fundamentales de producción. Lo que sí puede propiciar este reporterismo sobre avatares del ganarse la vida en el castrismo tardío es que, amén de por la jefatura, el partido único y el chivato, las autoridades del orden y la ley se vean obligadas a dejar de hacerse de la vista gorda por efecto de la prensa disidente.


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