Actualizado: 28/05/2020 19:58
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Coronavirus, Censura, Represión

A 34 años de Chernóbil: la covid-19 y el Decreto 370

La población en Cuba sigue sin conocer los verdaderos problemas que lastran el desenvolvimiento económico y social del país

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“¿Cuál es el precio de las mentiras?
No es que las confundamos con la verdad
El verdadero peligro es que si oímos las suficientes mentiras
Ya no reconoceremos la verdad en lo absoluto”

Valery Legasov, científico soviético principal en la comisión
investigadora del accidente nuclear en Chernóbil. Dos años después
se suicidó dejando grabaciones testimoniales sobre lo ocurrido.

Todos los documentos oficiales que tratan sobre el accidente nuclear de Chernóbil coinciden en que la comedia de errores causantes de la catástrofe tuvo como protagonista la mentira u ocultamiento de la verdad, en definitiva lo mismo.

Todo comenzó con los errores de diseño detectados en esas centrales electro nucleares, “enterrados” para evitar los costos necesarios para rectificarlos y ocultar deficiencias en la tecnología nuclear soviética; al ocurrir la explosión los “jefecitos” ocultaron la realidad a sus superiores hasta llegar al máximo nivel de dirección soviético; luego éste trató de ocultar la catástrofe y sus consecuencias al mundo, de forma que los vecinos europeos, principalmente los suecos, se percataron del fenómeno al detectar niveles inusuales de radioactividad en su territorio. Y los ciudadanos soviéticos (y de otros países socialistas) fueron los últimos en enterarse de lo que estaba ocurriendo.

Cuando se estudian las líneas de tiempo de la actual pandemia que asola al mundo ocurre algo similar. Resultó mayor la preocupación de los “jefecitos” en Wuhan, capital de la provincia china de Hubei, ciudad donde comienza la propagación del virus, en ocultar el problema que en valorar su magnitud potencial, así se persiguió a los médicos que hablaron de una nueva enfermedad en lugar de investigar rápidamente la denuncia e informar a sus superiores, Esto quedó demostrado —a confesión de partes relevo de pruebas—con las disculpas ofrecidas por las autoridades locales a los médicos reprimidos.

Otro error de las autoridades chinas, consecuencia de lo anterior, consistió en no percatarse de la proporción entre portadores asintomáticos y quienes muestran síntomas, pretendiendo que con detectores de temperatura corporal y otros medios pudieran aislarse los enfermos, por tanto las medidas de aislamiento y cuarentena se tomaron tarde. Más tiempo perdido. Y aún a cinco meses del primer caso reconocido las estadísticas chinas resultan más que dudosas, con solo 59 casos positivos por mil habitantes y una letalidad reportada de 3,3 %, cifras ridículas comparadas con países muchísimo más desarrollados en los servicios médicos.

Con el estado de la ciencia y las posibilidades de cooperación internacional de tratarse con transparencia ambas catástrofes, la nuclear y la biológica, los efectos se hubieran podido minimizar, en ambos casos se perdió el factor fundamental para resolver cualquier problema: tiempo. Faltó el llamado “cuarto poder”.

Constituyendo la ex Unión Soviética y la actual República Popular China dos Estados igualmente totalitarios, diseñados según criterios estalinistas, la prensa, para decirlo como expresa la actual constitución cubana (otro Estado con el mismo diseño) es propiedad “del pueblo” pero, contradicción de contradicciones, devienen órgano oficial de una parte ínfima de la población: el partido comunista, es decir, es propiedad del todo, pero es vocero de una parte.

ARTÍCULO 55. Se reconoce a las personas la libertad de prensa. Este derecho se ejerce de conformidad con la ley y los fines de la sociedad. Los medios fundamentales de comunicación social, en cualquiera de sus manifestaciones y soportes, son de propiedad socialista de todo el pueblo o de las organizaciones políticas, sociales y de masas; y no pueden ser objeto de otro tipo de propiedad.

El Estado establece los principios de organización y funcionamiento para todos los medios de comunicación social.

Y este artículo, similar en las constituciones soviéticas y en la actual de la RPC, conlleva a un silogismo común a todas las relaciones Estado totalitario-ciudadano: la propiedad es del pueblo y como yo (el autócrata de turno) represento al pueblo es mi propiedad, permitiendo que la economía, la educación, la cultura (recordar aquello de dentro de la revolución todo…) se trate como patrimonio personal del mencionado autócrata o la sumo de su equipo de gobierno inmediato. Los medios de prensa, convertidos en “órganos oficiales” y perdida por tanto su función informativa son “órganos propagandísticos”.

Las nefastas consecuencias de semejante estado de cosas fueron vaticinadas por Ignacio Agramonte en su discurso durante la sabatina del 22 de febrero de 1882 en la Universidad de La Habana:

“La prensa con razón es considerada como la representación material del progreso. La libertad de la prensa es un medio de obtener la libertad civil y política, porque instruyendo a las masas, rasgando el denso velo de la ignorancia, hace conocer sus derechos a los pueblos y pueden éstos exigirlos”.

Y tuvo mucha razón El Mayor, los cubanos de hoy, en su inmensa mayoría, ni siquiera conocen los derechos humanos establecidos internacionalmente, pues los órganos de propaganda del régimen solo mencionan la educación y la salud (en realidad muy deterioradas), y eso como dádivas que concede el padrecito autócrata.

Muchos lo advertimos cuando el proceso de implantación de la constitución actual: ésta es una fachada destinada al exterior y en todo caso a los cubanos ideotizados (de ideología, no de idiota, aunque cueste trabajo diferenciarlo) los cuales son cada día menos. Su articulado permite que las leyes para su implementación sean estalinizadoras de la sociedad, todas son promulgadas mediante decretos y decretos-ley que luego son aprobadas —unánimemente— por la más dócil asamblea en la historia humana.

En este marco se ubica el llamado con razón decreto mordaza y #LeyAzote que en su enunciado viola varios derechos humanos universalmente reconocidos, por ejemplo, el artículo 68 inciso i) viola el artículo 19 de la declaración universal de los derechos humanos y el artículo 54 de la constitución actual cuando lo usan para silenciar a los ciudadanos cubanos que se manifiestan en contra del partido&gobierno único y hegemónico.

Mientras, la población en Cuba sigue ignorando los verdaderos problemas que lastran el desenvolvimiento económico y social del país, como la ineficiencia endémica del sistema centralmente burrocratizado, la deuda externa, las múltiples monedas y su sobrevaloración, la marginación política y económica de los cubanos en el exterior, y otras no menos graves. Y es que solo se emprenderá el camino de la recuperación de nuestra economía, nuestra sociedad y nuestra nación cuando existan las libertades que se proclaman en la Declaración Universal de Derechos Humanos y otros documentos al respecto.

En fin, cuando Cuba vuelva a ser una república y exista democracia con todas las libertades que la definen, comenzando por el derecho a la información, hoy cercenado por la #LeyAzote.


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