Actualizado: 06/12/2019 17:18
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Afirman que programas de EEUU en favor de democracia funcionan en Cuba

Los programas para la democracia en Cuba se han mejorado y están funcionando, a pesar de retrasos y reveses

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Fue un plan novedoso: disfrazar antenas parabólicas como tablas de surf. Entrarlas clandestinamente en Cuba y montar una conexión móvil a Internet, fuera del control del gobierno socialista.

“La Internet funciona ¡muy rápido!”, le dijo un técnico a su contacto cubano al explicar el montaje del sistema. “…Puedes usar Skype, video y voz en Yahoo… La semana que viene estaremos hablando ¡gratis!”

Pero las autoridades cubanas dicen que estaban al tanto del plan desde el principio, y que el sistema de comunicación improvisado terminó en manos de agentes cubanos, frustrando el esfuerzo financiado por el Gobierno de Estados Unidos.

Tres años después, los programas norteamericanos para llevar la democracia a Cuba se han rediseñado y mejorado, afirman sus partidarios. Y están funcionando en la Isla, a pesar de un retraso de 20 meses para recibir fondos nuevos y de los conflictos políticos sobre su eficacia.

La Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) y el Departamento de Estado han asignado más de $ 94 millones a los programas para la democracia desde 2007, muestran las cifras del presupuesto. Los programas constituyen una parte fundamental del intento del presidente Barak Obama de promover el cambio democrático en Cuba, un objetivo que no han logrado 11 presidentes norteamericanos sucesivos.

“Creo que los programas son importantes”, dijo Mauricio Claver-Carone, un líder del Comité de Acción Política (PAC) U.S.-Cuba Democracy, que apoya políticas de línea dura contra el Gobierno cubano. “Ningún programa es perfecto. Pero creo que hemos visto un continuo mejoramiento”.

Un funcionario de USAID rehusó hacer comentarios públicos sobre los programas dirigidos a Cuba.

Una fuente del Capitolio que conoce bien los programas dijo que comprende los desafíos que USAID afronta en Cuba.

“Si uno está sentado en un escritorio de USAID y alguien le da $ 20 millones y le dice: ‘Bien, vaya a Cuba y gaste este dinero, pero nada puede llegar a manos del Gobierno’, $ 20 millones en un año es mucho dinero para gastarlo de esa forma”.

Determinar cómo gastar el dinero se ha hecho más difícil después que las autoridades cubanas arrestaron al subcontratista norteamericano Alan Gross en diciembre de 2009.

Gross estaba distribuyendo sistemas de comunicaciones portátiles que se conectan a la Internet vía satélite. Las autoridades cubanas lo condenaron a 15 años de cárcel en marzo.

Después de su arresto, Washington detuvo los fondos a los programas encaminados a introducir equipos de comunicaciones de alta tecnología a Cuba.

Pero eso creó un nuevo problema.

“Ahora hay que determinar dónde gastamos todo ese dinero que usábamos en tecnología. En cierto sentido esta es una operación para derrochar los fondos”, dijo la fuente del Capitolio.

Aun cuando USAID sólo gastaba $ 9 millones al año en los programas, era “muy difícil” encontrar formas útiles de usar el dinero, indicó la fuente.

El gasto de los programas se disparó cuando Fidel Castro se enfermó en 2006. Los fondos llegaron a una cifra récord de $ 45 millones en 2008. La fuente dijo:

“Según todo el mundo en el Departamento de Estado, ese fue el año en que los programas… dejaron de funcionar por completo. Es muy difícil gastar tanto dinero, así que, ¿cómo se gasta? Básicamente, se da a personas en Estados Unidos y se les dice: Bien, traten de hacer algo bueno con el dinero”.

Ese también fue el año del episodio de la tabla de surf, que las autoridades cubanas presentaron en la televisión estatal como parte de una campaña mediática esta primavera en la que se muestra cómo cuatro agentes cubanos infiltraron varias iniciativas por la democracia financiadas por Estados Unidos.

Un documento del presupuesto federal indicó que los fondos de USAID están dirigidos a apoyar a “incipientes grupos pro democracia y a la vez a aumentar las oportunidades de compartir información mediante el uso de la tecnología y nuevos medios”.

Algunos legisladores se han quejado de que los programas no han tenido transparencia. Uno de los mayores críticos es el senador John Kerry, demócrata por Massachusetts, presidente del Comité de Relaciones Exteriores del Senado.

El 1 de abril, Kerry pidió una revisión de los programas de USAID, lo que retrasó la entrega de $ 20 millones en fondos.

Funcionarios del Congreso preguntaron qué hacen los programas dentro de Cuba y quieren saber qué pasos ha dado la agencia para evitar que el Gobierno cubano arreste en el futuro a trabajadores de desarrollo. También cuestionaron la seguridad operativa de los programas de USAID después que el gobierno cubano reveló que sus agentes habían infiltrado grupos que recibían apoyo norteamericano.

Ha habido algunas mejoras modestas en la rendición de cuentas, admiten fuentes del Congreso.

En años anteriores, dicen, USAID entregaba el dinero a contratistas privados sin exigir una explicación de los gastos, así que ni siquiera la agencia sabía exactamente cómo se gastaba todo el dinero.

Según la fuente del Capitolio, “la manera en que funcionaba, básicamente hasta (que llegó) Obama, es que todo el mundo prometía hacer la vista gorda ante la forma en que se gastaba el dinero, y estoy hablando de la propia USAID. No había supervisión en el Congreso. No había nada. Y nuestra Sección de Intereses en La Habana no tenía idea de la forma en que se usaba el dinero. Así que los únicos que sabían cómo se gastaba el dinero eran los que lo gastaban”.

“El modelo general era: le doy $ 1 millón a un grupo en Miami y eso es transparente. Es como decir: ‘Sabemos que USAID le dio $ 1 millón a ese grupo en Miami’. Es todo lo que sabemos, y el rastro termina ahí”.

“No había controles”.

Eso cambió después de que Gross fue arrestado, dijo.

Los legisladores han “reiterado que por lo menos USAID dirija los programas de una forma tal que sepan quién recibe el dinero”.

“Es mucho mejor. No nos dirán quién recibe el dinero. Pero nos han asegurado que saben quiénes lo reciben”.

La Ley de Libertad y Solidaridad Democrática para Cuba de 1996 autorizó los programas para fomentar la democracia. En respuesta, las autoridades cubanas promulgaron la Ley 88, que pide sentencias de cárcel de hasta 20 años para los cubanos que lleven a cabo iniciativas financiadas por los Estados Unidos.

Los partidarios de los programas para la democracia dicen que las leyes cubanas violan derechos humanos universales, lo que da al Gobierno norteamericano la autoridad moral para operar en Cuba.

John McAuliff, director ejecutivo del Fondo para Reconciliación y Desarrollo en Nueva York, dice que eso es “farisaico”.

“Esencialmente están diciendo que las leyes cubanas no importan, que los valores norteamericanos… que el derecho de Estados Unidos a juzgar e intervenir en otras sociedades… es superior al sistema legal interno de un país si sucede que no estamos de acuerdo con ese sistema. Y creo que eso es una declaración desastrosa. Creo que esencialmente han hecho muy difícil que Alan Gross sea puesto en libertad”, dijo McAuliff, que se opone a las políticas de línea dura contra Cuba.

Stephen Wilkinson, un experto en temas cubanos en la Universidad Metropolitana de Londres, cree que el principal objetivo de los Estados Unidos es “subvertir el estado en Cuba”.

“Se puede pensar que es un objetivo loable. En realidad, es ilegal bajo las leyes internacionales y Estados Unidos no deberían hacerlo”, dijo.

“Los cubanos no lo están tolerando. Van a encarcelar a más personas como Alan Gross. No lo van a soltar. Van a pasar más cosas así porque los cubanos no tolerarán esa clase de interferencia en sus asuntos internos, y eso es un hecho histórico”.

Claver-Carone, abogado y cabildero, dijo que el Gobierno cubano “odia esos programas con vehemencia” porque el apoyo norteamericano “va a personas que no están de acuerdo con sus puntos de vista”.

Piensa con optimismo que los $ 20 millones se distribuirán.

“El Congreso aprobó esos fondos. El Congreso votó. Incluso si el senador Kerry está en total desacuerdo, él sabe que se votó sobre ese tema. El senador Kerry está posponiendo la petición del presidente Obama. Pero pasará.

“Queremos ayudar al pueblo cubano. No le estamos tratando de imponer nada”.


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