Actualizado: 21/11/2018 18:34
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Microondas, EEUU, Ataques

Ahora sí: ataques con microondas

Las microondas se tornan el principal sospechoso de haber causado aquella constelación de síntomas

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Tal como la técnica es la técnica y sin técnica no hay técnica, la ciencia es la ciencia y sin ella no hay quién se explique cómo los ataques a diplomáticos de Estados Unidos y Canadá en La Habana empezaron siendo sónicos o acústicos y ahora serían más bien con microondas. Ciencia y técnica nos aclaran por qué.

Esto sonaba fú

El profesor de computación e ingeniería Kevin Fu y su equipo de la Universidad de Michigan habían demostrado ya que las señales ultrasónicas podían combinarse y generar “tonos audibles y potencialmente peligrosos similares a los sonidos agudos y ondulantes descritos por los diplomáticos”. Fu agregó que “el mal funcionamiento de un dispositivo que se suponía iba a robar información o espiar conversaciones con una transmisión ultrasónica parece más plausible que un arma sónica”, pero no descartó “otras causas potenciales”.

JAMA suena mejor

Ahora recobra ímpetu, por reciclaje en The New York Times, la comunicación preliminar del 20 de marzo pasado “Manifestaciones neurológicas entre el personal de gobierno de Estados Unidos que reporta fenómenos sensoriales y audibles direccionales en La Habana, Cuba”, que publicó la Revista de la Asociación Médica Americana (JAMA, por sus siglas en inglés).

Aquí un equipo de científicos del cerebro de la Universidad de Pensilvania dieron fe de “una constelación de síntomas en ausencia de traumatismo craneal por contusión[:] disfunciones cognitivas, vestibulares y oculomotoras; trastornos auditivos, anomalías del sueño y dolores de cabeza”. Como todos se asocian a reportes de fenómenos sensoriales y/o audibles direccionales “of unclear origin”, la preocupación estriba en anda por ahí “un mecanismo novedoso de posible lesión cerebral provocada por exposición direccional de etiología indeterminada”.

Efecto Frey

El reciclaje novoneoyorquino trae su causa de que las imprecisiones de JAMA —origen incierto, posible lesión, etiología indeterminada— pueden superarse con otro informe intitulado “Strange Reports of Weaponized Sound in Cuba [Health Matters]” y elaborado por el Dr. James Lin (Universidad de Illinois). Así las microondas se tornan el principal sospechoso de haber causado aquella constelación de síntomas.

El biólogo estadounidense Allan H. Frey fue pionero en eso de qué respuestas da el sistema auditivo humano a la energía electromagnética modulada [1]. Los efectos auditivos por pulsos de microondas son clics generados directamente dentro del cráneo sin necesidad de receptor electrónico. Al abordar estos efectos, TNYT abundó en proyectos de la Aviación y de la Marina estadounidense para diseñar armas de ataque que enfilarían microondas contra el cerebro humano, así como en proyectos paralelos de la Rusia soviética que venían llamando la atención de la inteligencia militar de USA al menos desde 1976. De esto modo quedaron fuera las claves que acreditarían mejor de dónde serán esas armas que, con microondas, amargaron la vida a unos cuantos diplomáticos norteamericanos en La Habana, así como a miles de cubanos de la Isla entera que han tenido que ir hasta Guyana buscando la visa para un sueño.

Esas sí con cubanas

La sospecha inicial de que las armas de microondas son cubanas viene dada por la picardía con que se emplearon. La Voz de América notició: “Los aterradores ataques (…) estaban dirigidos especialmente contra agentes operativos de espionaje de Washington en Cuba”. Así, el terror en la estación de la CIA habría cundido por toda la embajada y durante los meses que pasaron con gente y más gente oyendo ruidos raros, LEGAT —cobertura del FBI— no instaló detectores de de microondas dañinas [2] para ver si por ahí venían los tiros, digo: los ataques. Sobre esta sospecha se empina otra más clara de que esas armas sí son cubanas. El uso de todo el espectro electromagnético contra el cerebro humano es un proyecto personal de Fidel Castro.

En medio del mal llamado período especial, Castro visitó el Instituto de Materiales y Reactivos para la Electrónica (IMRE) [3], que al igual que otras entidades de la Universidad de La Habana se empeñaba en dar con la piedra filosofal que sacaría el país a flote. Castro fue abordado en el pasillo por el Dr. en Ciencias Físicas Oscar Ares Muzio, Jefe del Laboratorio de Superconductividad y especialista en magnetismo, quien soltó bajitico que tal como las débiles corrientes eléctricas del cerebro generan ondas magnéticas, si estas pudieran descifrarse también podrían inducirse para inculcar determinada idea.

Castro tiró el brazo por encima al Dr. Ares Muzio y se alejaron un tanto en breve conversación. Unos días después llegaron fondos y otros recursos para montar un dispositivo de registro y exploración de ondas cerebrales. En un recinto del IMRE —similar a un aula de escuela en el campo— quedó ensamblado una suerte de cubículo, todo de madera, incluso los tornillos, a fin de evitar las interferencias electromagnéticas del entorno. Dentro del cubículo se colocó el dispositivo, que tenía revestimiento de resina epóxica y apariencia de cañón.

Las exploraciones iban a llevarse a cabo con pacientes de enfermedades terminales remitidos por el Hospital Calixto García, pero en el primer intento falló el control de temperatura —con nitrógeno líquido— y al cabo hubo que desechar el proyecto. Nadie pudo entrar más al recinto salvo por fisura de seguridad. La leyenda reza que otros problemas ocuparon tanto a Castro que se olvidó de pedir cuentas al Dr. Ares Muzio. Los fondos remanentes del proyecto se habrían desviado hacia otras tareas del laboratorio, donde trabajaban físicos escapaos como el Dr. Ernesto Altshuler y la finada Celia Hart. Sin embargo, Castro tenía buena memoria.

Coda

Así como la ciencia de las ondas electromagnéticas podría dar pie a la técnica de control del pensamiento, Castro pudo sucumbir a la tentación de ir al ataque con la ciencia y la técnica.

Notas

[1] “Human auditory system response to modulated electromagnetic energy”, Journal of Applied Physiology 17, 1962, 689-92.

[2] Así como hay detectores para dar con las fugas de un horno de microondas, un enrutador de WiFi, un teléfono móvil o una torre de transmisión, tiene que haberlos más sofisticados para labores de contrainteligencia o militares.

[3] Que sin cambiar las siglas se denominó Instituto de Materiales y Reactivos y ahora, Instituto de Ciencia y Tecnología de Materiales.


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