Actualizado: 09/12/2019 13:16
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Sociedad

Ambulancias sarcásticas

Salud pública: El dólar se impone en los servicios médicos considerados 'gratuitos' a cambio de una mejor atención.

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Si está de apuros, la manera más rápida y barata de cubrir la distancia entre La Habana y Matanzas no es en tren, tampoco en bus, ni tan siquiera en taxi. El negocio es ir en ambulancia. Irán a toda velocidad en carretera y la policía no reparará en ellas. Si surge alguna urgencia, que espere. Nadie quitará a los paramédicos la fortuna de ocho convertibles por cabeza.

La necesidad o afán de dinero —conseguirlo a cómo dé lugar— está terminando de apagar ese "sol moral" que algún día trajo la revolución a los cubanos y está apoderándose de un sector que se tiene como paradigma.

Casos y tarifas

MF quiso ser intrépido y entrar en su casa por el balcón. Al caer, se fracturó ambos pies. Para llevarlo a un quirófano tuvo que ser trasladado del hospital donde recibió los primeros auxilios hasta el especializado en tales traumas. Gracias a que en el reporte de urgencia leyeron operación de cráneo por operación de calcáneo, MF tardó dos horas y media en llegar a su destino. De haberse leído correctamente el informe, su suerte hubiera sido otra.

Luego, para las consultas de seguimiento, MF pagaba entre tres y cinco convertibles para ser llevado y traído en ambulancia. Sin tales remuneraciones, lo más probable es que hubiera perdido los turnos médicos.

Un caso todavía más patético. Un albañil cae de un tercer piso. Sus amigos lo llevan a un hospital clínico quirúrgico de La Habana. Sin tomarle rayos X, es devuelto a su casa en una ambulancia por la que pagan tres convertibles. Al percatarse de su mal estado, la hija que espera en la casa decide llevarlo de vuelta al hospital, pero los ambulancieros se niegan y se marchan. Internado en otro nosocomio capitalino, el paciente es tomado más en serio y le hacen los exámenes de rigor. Murió al cuarto día por traumatismo craneal.

El anecdotario es profuso. En el hospital Calixto García, un camillero cobró tres convertibles por trasladar a un paciente del servicio de urgencias a una sala de politraumatizados. Eran sólo unos cien metros la distancia a cubrir. Una vez instalado, el propio paciente pagó los honorarios.

Otras veces no se trata de pacientes, sino de mercancías. Carne de res, mariscos o especies en veda son trasegadas clandestinamente en ambulancias. La mayoría de las ocasiones no levantan sospechas y pasan sin revisión los puntos carreteros de control.

'Impotencia' médica

En 1989 —último año de precrisis—, Cuba contaba con un parque relativamente nuevo, consistente en 2.000 unidades con una disposición técnica del 75% y un índice de una ambulancia por 5.000 habitantes. Ocho después, la situación era desesperada. De cerca de 1.300 ambulancias, sólo unas ochocientas funcionaban. La tasa era de una por cada 130.000 habitantes.

Fue entonces que en 1996 el Estado creó el SIUM, sistema integrado de urgencias médicas. Se trata de un costoso esquema en el cual los pacientes con riesgo de muerte o grave deterioro reciben los cuidados priorizados por orden vital. El sistema involucra a los cuerpos de guardia, salas de terapia intensiva, ambulancias tanto convencionales como de emergencia y urgencia, y los centros coordinadores que reciben las llamadas, las clasifican y deciden cómo hacer el traslado de los enfermos.

Desde entonces se incrementó el parque de ambulancias para tales fines, invirtiendo el Estado grandes sumas. Uno de estos vehículos con todo el equipamiento médico necesario cuesta unos 53.000 dólares, y aun siendo de segunda mano, no dejan de ser caros. Los técnicos a bordo cobran un salario mensual que sobrepasa los 350 pesos, unos catorce convertibles.


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