Actualizado: 23/04/2024 20:43
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Ecología

Amnesia ambiental

Las reflexiones de Castro sobre el planeta ocultan que él mismo prometió una 'revolución contra la naturaleza', y la cumplió.

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A los 37 años, durante uno de sus viajes a la extinta Unión Soviética, en la Universidad Lomonosov, Castro afirmó: "Me decía: cuando se haya construido el comunismo habrá desaparecido la etapa de las revoluciones sociales, pero entonces quedará una inmensa, grande, infinita revolución que hacer, y es la revolución contra las fuerzas de la naturaleza. ¡Y la revolución de la naturaleza no terminará nunca!".

Estas ideas coinciden con lo que se ha dado en llamar "moral neolítica o nueva edad de piedra", porque promueven la lucha contra natura, el sometimiento del entorno por el hombre, la imposición de la voluntad revolucionaria a las "caprichosas leyes de la naturaleza" y no el entendimiento de esas leyes para su uso y respeto.

Hacia finales de los años sesenta, los planteamientos de Castro fueron finalmente incorporadas a las políticas de desarrollo del Estado, como lo demuestra la directriz tercera de la Academia de Ciencias de Cuba: "Convertir a la Academia de Ciencias de Cuba en la base fundamental para el estudio de la futura transformación de la naturaleza cubana como parte esencial de la revolución científico técnica proclamada por nuestro comandante en jefe".

Es decir, cuando el mundo comenzaba a debatir el tema ambiental y cuestionarse el consumismo y los modelos insostenibles de desarrollo, la política oficial de progreso económico de la Revolución se basaba en la doctrina de la transformación de la naturaleza, por ende, en el establecimiento de la nueva edad de piedra.

Esta política se estableció incluso como tema obligado en la enseñanza secundaria mediante el libro de texto Geografía de Cuba, de Antonio Núñez Jiménez, cuya tercera parte se subtitula, no casualmente, "Transformación de la Naturaleza". En este libro se ordenan en conceptos didácticos las ideas de Castro con un lenguaje futurista y de adoctrinamiento que asombra hoy por lo absurdo: "Había pasado la época en que la naturaleza hablaba y el hombre obedecía. Ha comenzado el tiempo superior en que el hombre empieza a hablar y, bajo el imperio de su inteligencia social, la naturaleza comienza a obedecerle".

Hechos incontestables

Bajo esta euforia de lucha y conquista de la naturaleza, se comenzaron a fraguar planes y realizar proyectos que han causado considerables impactos ambientales en los ecosistemas del archipiélago. Entre los promovidos, organizados y administrados por Castro, se encuentra la desecación de la Ciénaga de Zapata, que se llevó hasta al nivel de prueba de campo.

En mayo de 1959, especialistas de la firma holandesa NEDECO, contratada por el gobierno, calcularon que un costo de 70 millones de dólares para desecar 22.000 hectáreas de tierras pantanosas, con menos de un metro de profundidad de turba, no garantizaba rentabilidad. A pesar de ello se construyó un pólder piloto para desaguar unas 500 hectáreas de forma experimental.

Otra meta fue represar todos los ríos de la Isla, como se entiende de esta absoluta sentencia pronunciada por Castro en un acto por el segundo aniversario del Instituto de Recursos Hidráulicos: "Y que cada año sean más y más los ríos que ustedes represen, hasta que no quede ni un arroyito sin represar, hasta que no se cumpla el propósito de que 'ni una sola gota de agua se vaya al mar', que esa es la gran meta de esta organización, ese es el objetivo final".

Uno de los "resultados" directos de esta política fue la desaparición de cientos de kilómetros de ríos e, indirectamente, la salinización de aproximadamente un millón de hectáreas de suelos agrícolas.

Castro inició el 27 de octubre de 1967 la mayor destrucción de bosques naturales en la historia contemporánea de la Isla, al inaugurar la Brigada Invasora Mecanizada Che Guevara. Según cálculos aproximados, dicha Brigada desbrozó unas 180.000 hectáreas de forestas, la mayoría de las cuales son en la actualidad zonas de arrozales, pastizales y cañaverales que logran algunos de los rendimientos más ridículos de la agricultura mundial.

En 1987, el gobernante dijo a los miembros del contingente que construyó el pedraplén de Cayo Coco sobre los bajos mares de la Bahía de Los Perros, en la costa norte de Ciego de Ávila: "Aquí hay que tirar piedras y no mirar para adelante".

Como consecuencia, al variar la salinidad, densidad, temperatura y el oxígeno disuelto en el agua, desapareció el 83% de las especies marinas comerciales en esa zona, por lo que se eliminó prácticamente la actividad pesquera en el tradicional puerto de Punta Alegre.

Algo similar pasó con los manglares. De las aproximadamente 10.000 hectáreas, sólo sobrevivió la mitad.

El pasado 22 de mayo, a los 80 años, Castro escribió: "Los peligros para el medio ambiente y la especie humana eran un tema en el que venía meditando durante años. Lo que no imaginé nunca era la inminencia del riesgo".

Dejaba así en el olvido, por ahora, su inmensa, grande, infinita revolución contra las fuerzas de la naturaleza.

Discurso de Castro ante constructores, en Villa Clara, el 29 de septiembre de 1996

"No era la primera vez que hacíamos un pedraplén. Curiosamente antes de Girón y cuando en la Ciénaga de Zapata quisimos comunicar el territorio firme con la península y con la población que vivía allí, pescadores, carboneros, que antes viajaban en un trencito pequeñito, con algunos motores de línea, que era la única comunicación que teníamos, vimos la necesidad de conectar aquello y surgió la idea de hacer una carretera, ¿pero cómo, si el lodo a veces tenía 10 metros? Surgió la idea de utilizar las piedras, no en el mar, sino en aquella ciénaga: los camiones descargaban las piedras, las asentaban, poco a poco se iba creando una base, y después echaban el rocoso y el asfalto. Pero, bueno, se logró comunicar por tres carreteras la zona de Playa Larga y Girón, que todavía se mantienen".

"Aquello no le llamó mucho la atención a la gente, le pareció una carretera normal; sin embargo, resolvieron un gran problema, fue una obra importante…".