Actualizado: 22/10/2021 20:51
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Educación

Anclada en el mito

Cuba va muy por detrás de las posibilidades que el mundo ofrece en pleno siglo XXI.

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Fabricar grandes espejismos a partir de pequeños detalles de la realidad es uno de los recursos más utilizados en las estrategias de comunicación política. Los más sagaces en la materia saben que pocos se interesarán por el fondo del asunto, que los oponentes se enredarán al hacer entender a los demás que no es como se dice, y que muchos se quedarán con la primera imagen captada. Más que infravalorar la inteligencia de la gente, se trata de entender que en medio de tanto ajetreo diario, los ciudadanos se quedan en la superficialidad de los temas, soliendo profundizar solamente en aquellos que les son más cruciales o agradables en su vida.

Así, el régimen cubano, mitómano por excelencia, suele propagar que su sistema de educación es de los mejores del mundo y mucha gente se lo cree. Año tras año y discurso tras discurso, la propaganda castrista no ha cejado a la hora de repetir esa idea, mientras las fuerzas de la corrección política, de adentro y de afuera, se han encargado de consagrar como incuestionable esa "gran conquista revolucionaria". De modo que no es políticamente correcto preguntarse en voz alta si de verdad la educación es gratuita, si es adoctrinamiento, si se viola la libertad de elección de los padres y mucho menos proponer otro modelo.

Con mucha razón, La Habana puede presentar como un punto a su favor el destacado avance en materia de alfabetización. Sin embargo, después de medio siglo en el poder, aferrarse a ese dato o al número de graduados universitarios, va convirtiéndose ante todo en un signo de desidia. Ello, sin entrar en consideraciones políticas tan importantes, como lo paradójico que resulta que la inmensa mayoría sepa leer y escribir, y que, a la vez, existan libros prohibidos o una veda sobre la libertad de expresión. Te enseñan a leer, pero sólo podrás leer lo que las autoridades quieran.

Nada de frivolidades

Las circunstancias mundiales invitan a cuestionar también en otras direcciones, por ejemplo: ¿preparan las escuelas y universidades cubanas a los niños y jóvenes para vivir en un mundo globalizado y competitivo como el actual?

Un sistema de educación moderno no puede ver el uso de internet como una amenaza. Es inconcebible que los investigadores, profesores y estudiantes, por lo menos universitarios, no tengan acceso de manera libre e ilimitada, sin restricciones de tiempo ni de horario. El uso de esa herramienta facilita la investigación, mantiene a la gente actualizada e informada y permite la comunicación con los demás.

Debe invertir en la investigación científica para que, logrando una verdadera vinculación de la teoría con la práctica, puedan aportar a la sociedad frutos de sus conocimientos. Hoy existen universidades en el mundo cuyo potencial investigativo es tan destacado como el docente. Desde luego, en Cuba obligan a los adolescentes y universitarios, sin importar cuál sea su vocación o carrera, a trabajar en la agricultura; a eso llaman integración estudio-trabajo.

El aprendizaje y dominio de idiomas extranjeros es esencial. Hoy día existen infinidad de círculos científicos, económicos y sociales en los que hay que comunicarse en lengua inglesa y dentro de unos años, para ser competitivo en ciertos sectores, habrá que dominar el mandarín. En Cuba, aunque se imparte el inglés como asignatura, algo ha fallado cuando la mayoría de los profesionales no lo dominan. ¿Por qué no comenzar a impartir clases en inglés?

Las universidades, en especial las facultades económicas y jurídicas, deben ofrecer planes de estudio que estén en consonancia con la dinámica y los cambios que se operan en el comercio mundial. Los estudiantes deben saber cómo funciona un sistema bancario moderno, cuáles son las peculiaridades de las inversiones extranjeras en diferentes regiones, cuáles son los instrumentos jurídicos de los negocios internacionales, cómo funciona el mercado bursátil o cómo fundar una sociedad mercantil.

Estos conocimientos y su aplicación no deben ser parte de un coto cerrado, privilegio de unos pocos. De nada vale saber leer, escribir o tener un título de licenciado si se es un analfabeto en el conocimiento y comprensión de las relaciones económicas internacionales y locales.

No se trata de frivolidades del mundo moderno, que también hay muchas, sino de verdaderos instrumentos para alcanzar la realización personal.

Mitos y realidades

La educación en el siglo XXI tiene que estar abierta a la pluralidad y las posibilidades que el mundo ofrece, y la Isla va muy por detrás. Los profesionales cubanos son altamente reconocidos en el extranjero por su perseverancia y empuje, pero también evidencian esa poca sintonía con los avances en la investigación y la tecnología de punta.

En Cuba hay muchos jóvenes universitarios con ilusiones y con deseos de emprender y triunfar, pero los que tienen el poder frustran esas energías por medio de la censura y de interminables trabas administrativas. Leer lo que dicen las agencias de noticias extranjeras y diarios más importantes, es privilegio de unos pocos, y viajar, cosa tan común para los que están el poder, provocaría una "trabazón en los cielos" — según el presidente de la Asamblea Nacional— si lo hicieran ciudadanos de a pie. La desconfianza y la cicatería hacia muchos y los privilegios de pocos, están creando una sociedad que además de excluyente es disfuncional.

Los estudiantes y educadores que han tenido el valor de presentar cuestionamientos sobre la necesidad de un sistema educativo más abierto, siempre han recibido como respuesta la clásica acusación de "diversionistas". Otros tienen que ingeniárselas para burlar el cerco.

Dicha cerrazón recuerda que, en pleno siglo XIX, el Padre Varela inició un proceso de modernización de la enseñanza de Física y Química en el seminario de San Carlos, introduciendo la utilización de medios y métodos experimentales. Además, fundó una cátedra para enseñar la Constitución liberal de Cádiz. Muy pronto, gracias a estos cambios, el seminario habanero se ubicaría en el plano educativo una centuria por delante con respecto a la Universidad Pontificia de San Jerónimo (de La Habana), que estaba en manos de los dominicos.

La historia está llena de ironías: más logró el Padre Varela en los tiempos de la escolástica y el colonialismo, que un profesor en la Cuba del siglo XXI.

Hay mitos y hay realidades, cada uno es libre de optar qué creer, pero si la sociedad se abroquela en el mito, en el falso sobrecumplimiento, poco hará por mejorar. En ese caso, larga será la espera de quienes confían en la llegada de un primer premio Nobel de la revolución en química, física o medicina. ¿Será que los del Nobel también son diversionistas?


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