Actualizado: 15/12/2017 17:30
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Ansiedad sobre el futuro entre los cubanos a un año de la muerte de Fidel Castro

En Cuba algunos afirman que al parecer existe un plan para celebrar una conferencia del Partido Comunista antes del verano, en que se anuncie un sustituto de Raúl Castro

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En estos días hay en Cuba una ansiedad furiosa por saber cómo será el futuro. Si pudieran, los cubanos estarían dispuestos a acelerar el almanaque para enterarse de cómo vivirán en un año

Se acaba de cumplir un año del fallecimiento de Fidel Castro, y durante el aniversario, en la capital cubana en el resto del país, ha regido la ley seca. Excepto en los hoteles donde pululan los turistas.

En las calles habaneras impera un silencio absoluto. Hasta los autobuses parecen circular casi sin hacer ruido. La gente se mueve despacio y los pocos que se atreven a violar la ley seca se esconden de los portales de sus casas y beben y hablan entre susurros.

Nicomedes Varela, un nombre poco común para un cubano, complementa los exiguos recursos que le brinda su jubilación limpiando cazuelas en la puerta de su casa, una cuartería en la barriada de El Vedado. Sus vecinos y algunos que otros conocidos —y desconocidos también— le dan la tarea de arrancar años de grasa y suciedad que se han pegado al metal de sartenes y cazuelas.

“Es un trabajo como otro. No me gusta, pero hay que seguir viviendo”, dice al periodista con cierta parsimonia y sin despegar los ojos del sartén. ¿Y Fidel? Se fue hace un año. “No. Se fue hace muchos. Pero lo recordamos”, contesta.

¿Cómo?, le pregunto. “Con respeto, pero cansados. Su problema fue que estuvo mucho tiempo. Aquí hay gente también preparada. Pero él era muy terco”. La respuesta sorprende, pero Nicomedes lo aclara. “Tengo 82 años, no me importa lo que me digan. Yo digo lo que pienso”.

Exceptuando al Granma, el órgano oficial del Partido Comunista que realizó un homenaje al desaparecido gobernante el sábado, el resto de la ciudad no ha desplegado ningún recuerdo en particular. No hay desfiles ni manifestaciones y mucho menos una misa en la Catedral.

Hoy domingo hay elecciones municipales (a las que el Gobierno no permitió que accediera ningún candidato opositor). Pero esta vez, en medio de la reserva política cotidianidad en el país, puede ser el inicio de algo, según algunos. Los delegados municipales electos van a terminar por elegir a los provinciales. Pero en febrero algunos de ellos irán a integrar la mitad del parlamento nacional. El otro 50% será nombrado por la Comisión Electoral y la gran expectativa es si Raúl Castro aparecerá en esa lista.

Raúl, como los de la isla se refieren al longevo gobernante, prometió hace unos años de que no se postularía. Pero los cubanos, por naturaleza, son desconfiados y muchos dicen abiertamente que no tienen necesariamente que creer en las promesas gubernamentales. El Gobierno lo sabe. Por eso sus defensores aseguran a brazo partido de que el general cumplirá su palabra. Al menos en términos de responsabilidad estatal. Todavía queda por definir si seguirá al frente del poderoso partido comunista que, como define la Constitución, es el “organismo rector de la sociedad”.

El plan parece ser que antes del verano, en una fecha no definida —por lo menos no ha sido anunciada— se convoque una conferencia del partido gobernante, no necesariamente un congreso, pero que está previsto en los estatutos de la organización política, para nombrar un sustituto. Quien será es una de las incógnitas más profundas de la sociedad cubana actual. Al menos a nivel popular la única seguridad es que la vieja generación pasará a “retiro”.

Dos académicos cubanos, desde la tranquilidad del anonimato, no refutan la posibilidad de si Castro quedará en la antecámara “moviendo los hilos”. “No vamos a pedir peras al olmo. Raúl siempre tendrá una ascendencia sobre la sociedad mientras viva. Raúl es Raúl y si hay algo que él quiere es que ningún cambio en la sociedad se hago de modo traumático”, confirma uno de ellos.

En la calle no se habla mucho del actual gobernante. Hace un tiempo le preguntaron por qué no concedía entrevistas a la prensa extranjera y su respuesta fue: “¿Para qué?”.

“No le dé muchas vueltas al asunto ni se haga el misterioso”, contesta un chofer de taxi, sin duda el mejor termómetro en cualquier sociedad, cuando el periodista lo provoca. “Raúl lo único que está loco es por coger un carro e irse a vivir a Santiago de Cuba. No hay que darle más vueltas al asunto”.

Hace un año se murió Fidel Castro.


Una versión de este texto también aparece en el Diario Las Américas.


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