Actualizado: 02/08/2021 20:25
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Protestas, Manifestaciones, Represión

Apuntes para una historia de las manifestaciones populares anti castristas en Cuba

¿Cómo explicar esta madurez política del pueblo, durante décadas aplastado, adoctrinado en escuelas, medios masivos de comunicación y hasta en la vía pública?

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I-Antecedentes.

La oposición popular al movimiento social que Fidel Castro llamó Revolución, comenzó tan pronto como los cubanos mas suspicaces apreciaron dos rasgos de su actuación política: el rechazo a los mecanismos democráticos tradicionales, consagrados por la constitución de 1940, que El Comandante juró restaurar desde el juicio seguido contra su persona por los sucesos del Moncada en 1953 y, el ataque, primero gradual y muy pronto masivo, contra la propiedad privada.

El apoyo mayoritario al carismático líder de verde olivo ha opacado ante la historia otras verdades evidentes: En abril de 1959 habían alzados en Pinar del Río combatiendo al castrismo, bajo el liderazgo del joven Fernando Pruna Bertot; le siguieron centenares de guerrilleros en el Escambray al centro del país, contra los cuales Castro envió una oleada de decenas de miles de milicianos y, en vísperas del desembarco por Bahía de Cochinos, más de 20 mil presuntos opositores fueron apresados en un operativo policial a todo lo largo del país.

Entonces se habían consumado los requisitos básicos previstos por Carlos Marx y Federico Engels en el Manifiesto del Partido Comunista (1848), al definir la dictadura del proletariado: la casi totalidad del país era propiedad del estado y los partidos políticos habían sido suprimidos junto con las libertades individuales, creándose el estado despótico totalitario de un solo partido.

El 16 de abril de 1961 El Comandante proclamó, bayonetas en alto, El socialismo.

II-Las primeras voces callejeras después del silencio absoluto.

Implantado el nuevo régimen al estilo de Lenin y Stalin, bajo sustento económico y militar soviético, la oposición pública fue silenciada totalmente. La condición de isla y el dominio sobre los medios de comunicación, contribuyeron decisivamente a callar todo brote de resistencia en el país.

Tal silencio no significó la ausencia de un evidente rechazo al socialismo, la prueba está en las siete mil 365 víctimas del régimen, meticulosamente registradas por la ONG Archivo Cuba, multiplicadas por tres al hablar de prisioneros políticos.

Escapar del presidio insular llegó a ser la única opción para tantos opositores, desde aquel momento y hasta ahora, las únicas manifestaciones masivas anti gubernamentales en el país han estado asociadas al asunto migratorio.

Los sucesos de la embajada del Perú, cuya consecuencia directa fue la crisis del Mariel en 1980, demostraron que el adoctrinamiento revolucionario, muy a pesar de vivir Cuba su luna de miel con la URSS, no había logrado la deseada unanimidad de apoyo al socialismo y tampoco aparecía el hombre nuevo, pilar de la sociedad que estaba siendo diseñada a pulso según preconizó el Che Guevara fusil contra fusil.

La siguiente asonada popular ocurrió el 5 de agosto de 1994, abarcando los barrios cercanos al mar en la capital cubana, por lo cual se le ha llamado “el maleconazo”. Ese día expresaron su desesperación varios miles de cubanos, ante la frustración de un esperado convoy de embarcaciones que supuestamente abriría un portal migratorio. Se vivían los inicios dramáticos del llamado periodo especial.

Desaparecida la Unión Soviética y con ella los subsidios millonarios que sustentaban una economía francamente parasitaria, se impusieron largos apagones, la carestía de productos básicos había contraído el mercado nacional, comenzando la dolarización con una apertura al turismo, respuestas emergentes para las cuales no estaba preparada la población.

El “maleconazo” está siendo comparado erróneamente con los acontecimientos actuales, nada mas falso. Los hechos quedaron circunscritos a un área reducida de la ciudad y no hubo consignas políticas, ni reclamos concretos al régimen. Una semana después, el astuto Comandante abrió las costas cubanas a los balseros, originándose otra crisis migratoria que, optando diversas variantes, permanece viva.

El resultado más importante de ambos acontecimientos masivos fue la renovación del núcleo esencial del exilio, radicado en Estados Unidos. Estos emigrantes no habían perdido nada con la llegada de la revolución, expresaban el anhelo por lo que de alguna manera sabían que podían alcanzar, imposible en la Cuba socialista.

Estamos hablando de lo que, al paso del tiempo, se ha llamado El Bloqueo Interno.

III-La rebelión del 11 de julio de 2021.

Precisamente la rebelión popular de hoy está centrada en reclamar el fin del bloqueo interno, que puede resumirse en las consignas coreadas por miles de voces, desafiando la represión:

¡Patria y Vida! ¡Abajo el comunismo! ¡Escuchen al pueblo! ¡No tenemos miedo!

Se unen otras frases del lenguaje marginal, muy en boga, pidiendo la renuncia del presidente marioneta del Partido Comunista, Miguel Díaz-Canel.

A pesar de vivir la tragedia del Covid-19 en su mayor expansión, combinada con una carestía crónica de alimentos, insumos médicos y otras necesidades básicas, los manifestantes expresaron escasamente esas carencias, el sentido eminentemente político prevaleció, algo que mucho preocupa a los represores.

Sin obviar las causas directas de su justo reclamo, los cubanos han madurado al punto de señalar con acierto la solución de sus desventuras: cambiar el sistema imperante desde hace 62 años.

Anteriormente varios conatos de manifestaciones masivas fueron resueltos por el actual gobierno antes de que cobraran fuerza, pero adelantaron el camino hasta hoy, en particular citamos la convocatoria a la marcha de los girasoles en octubre 2019, ahogada al detener casi 500 activistas, y los cientos de jóvenes concentrados frente al ministerio de cultura el 27 de noviembre pasado, engañados bajo la promesa de un diálogo que jamás se realizó, recibiendo a cambio hostigamiento de todo tipo.

IV-Los porqués de ahora y de mañana.

El presidente puesto a dedo por Raúl Castro se afana en explicarle al mundo, dentro de Cuba nadie le cree, que esta crisis fue directamente orquestada desde los Estados Unidos. Hasta hoy no ha presentado una sola prueba convincente y los hechos le desmienten abrumadoramente.

Un intento personal de confrontación con los manifestantes en San Antonio de los Baños, localidad al sur de La Habana, donde se originó la chispa del estallido nacional, le hizo probar la repulsa de la gente en su propia cara, hasta pomos plásticos lanzaron al seudo gobernante algunos presentes, desafiando a la guardia personal y la policía.

En otro pueblo del interior, Palma Soriano, mil kilómetros al Este, uno de los íconos aún vivientes del gastado castrismo, el octogenario Comandante de la Revolución Ramiro Valdés, fue abucheado públicamente. Ex ministro del interior, fundador de los temidos Órganos de la Seguridad del Estado, le corearon asesino en pleno rostro en la calle.

¿Cómo explicar esta madurez política del pueblo, durante décadas aplastado, adoctrinado en escuelas, medios masivos de comunicación y hasta en la vía pública?

Los opositores abandonaron hace mucho tiempo la confrontación armada, infructuosa y penetrada por el espionaje castrista dentro y fuera del país. El apego a la No Violencia, reclamando derechos humanos universales, ha calado hondamente en la población, sobre todo a partir de la generalización de la internet, un medio democrático por excelencia, imposible de censurar de forma absoluta.

Se está librando la batalla en un escenario nada favorable para la maquinaria represiva de la dictadura.

Hoy en día se publican en Facebook los actos represivos en vivo y en directo, identificados los represores al menos para escarnio público. La manifestación inicial en San Antonio de los Baños fue conocida de inmediato en todo el país, antes no era así, Fernando Pruna, el joven rebelde de Pinar del Río, a sus 85 en Miami, ha declarado: “antes ibas preso, te torturaban y te fusilaban, eras desaparecido en el más amplio sentido de la palabra.”

La negativa de la hermandad Castro a implementar reformas de mercado, por temor a perder el poder en un país muy cercano al llamado Imperio, lleva la contra partida de un parasitismo crónico que finalmente ha explotado. El totalitarismo ha vivido del exterior, primero de la URSS, después de Venezuela, sumando otros aliados circunstanciales. Cuba está endeudada hasta la médula y no hay prestamistas a la orden.

Ofende la natural inteligencia de la juventud cubana, exigirle Patria o Muerte frente al imperialismo yanqui, cuando desde EEUU llegan las recargas telefónicas, los propios celulares, así como el bocado de comida deducido de los dólares que un familiar gana trabajando abnegadamente. El mito de que la CIA, el Pentágono, u otras agencias norteamericanas sufragan la subversión interna se ha derrumbado.

La inmensa mayoría de los líderes de opinión nacionales, artistas, deportistas, ex combatientes cercanos al liderazgo castrista y otras figuras connotadas, se han expresado por el cambio, la libertad de expresión y una economía de mercado.

En Cuba es plenamente aceptado que no hay estado de derecho, que pensar diferente no debe ser delito y que el sistema socialista es un fracaso.

El llamado bloqueo, asunto básico de la política exterior de la Plaza de la Revolución, ha dejado de ser justificación creíble para los cubanos. Los pollos que el estado vende a la población están facturados en Luisiana y el pueblo lo sabe.

Sin embargo, el asedio económico norteamericano es una realidad manifiesta, reflejada en otras acciones que SÍ AFECTAN considerablemente la naturaleza económica de la dictadura, algo que los gobernantes cubanos se afanan en ocultar porque significa eliminar ese bloqueo interno del cual no quieren escuchar una palabra.

Se trata de los viajes a Cuba, del turismo disfrazado tras la frase “contactos culturales pueblo a pueblo”, de las remesas incautadas por el monopolio estatal del comercio interior, mancillando derechos del pueblo cubano a disponer libremente de sus ingresos. Se agregan las restricciones financieras, y en especial el miedo a invertir capitales en Cuba.

La pregunta es, ¿Por qué Cuba no y, por ejemplo, Vietnam Sí?

¿Acaso los aguerridos vietnamitas han traicionado a su patria, se han doblegado a los designios imperiales norteamericanos?

Aunque los cubanos aspiran a mucho más que una apertura económica, aspiran a la libertad plena, así lo demostraron este 11 de julio, el dominio estatal sobre la economía, obstaculizando toda actividad privada, con la prohibición constitucional de acumular riqueza, condena la economía de la Isla a una incompatibilidad total con el resto del mundo.

El Castrismo se ha bloqueado a si mismo, bloqueando de antemano a su propio pueblo. Está en un callejón sin salida, agravado ahora por el declarado Default de su parasitaria economía, junto a las consecuencias de la pandemia.

El Jefe de Estado cubano, un simplón secretario comunista de provincias, elevado por su fidelidad, exigió nuevamente el fin del bloqueo, citando 234 medidas aplicadas por la administración Trump, no hay tal bloqueo, pero es evidente que su gobierno, corrupto, parasitario y monopolista, siente el peso abrumador del puño levantado desde Washington de una forma nunca antes vista.

Obama apeló a que podía convencer a los gobernantes para que aliviaran la suerte del ciudadano común, tratándose de una dictadura, estaba en un flagrante error. Los hermanos Castro se encargaron de demostrárselo, burlándose de su rosa blanca mientras pronunciaba un brillante discurso en La Habana.

En Cuba el partido comunista ha llamado a sus fuerzas al combate, ha de esperarse un escenario cruel en las próximas semanas, pero los que se atrevieron volverán por sus fueros, aumentados en número y valor, a no ser que aparezca un reformador desde la cúpula gobernante.

El Gorvachov cubano no se avizora en el horizonte político, el sistema se ha encargado de prevenir cualquier intento reformista, condenado explícitamente en la nueva constitución de 2019.

Pero a despecho de Carlos Marx, la historia no se mueve según leyes científicas, los seres humanos fueron dotados por el creador de libre albedrío, precisamente lo contrario del objetivo comunista.

Los cubanos han apostado por ellos mismos.


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