Actualizado: 22/01/2022 2:37
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Cumbre de las Américas, ALBA, CELAC

Boicot para impedir la VI Cumbre de las Américas

Sobre las consecuencias de sentarse a la mesa con caudillos latinoamericanos y caribeños

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Los gobernantes de América Latina y el Caribe sufren las consecuencias de tratar como iguales a los caudillos, puestos a escoger entre ellos o los dignatarios de Estados Unidos y Canadá. La flamante integración en la embrionaria CELAC tiene el reto de la opción que colocaría en peligro los multifacéticos e indispensables vínculos con los principales países del continente. El exitoso negociador Juan Manuel Santos afronta el terrorismo político, como anfitrión de la VI Cumbre de las Américas, prevista para el 14 y 15 de abril en Cartagena de Indias.

La participación del Gobierno de Cuba en la VI Cumbre de las Américas, demandada por el presidente ecuatoriano Rafael Correa, con la amenaza de no participación de los miembros de la Alianza Bolivariana de los Pueblos de Nuestra América (ALBA,) constituye una nueva prueba de fuerza para imponer la exclusión de Estados Unidos, la anulación de la Organización de Estados Americanos (OEA) y liquidar el sistema interamericano existente desde 1946, sin brindar oportunidad al entendimiento y la modernización.

La XI Cumbre de ALBA se efectuó en Caracas los 4 y 5 de febrero, como colofón a los grandes festejos del 20 aniversario del intento de golpe de Estado de Hugo Chávez contra el presidente Carlos Andrés Pérez, rebautizado como “levantamiento” con la intención de enmascarar la acción militar contra una elección democrática. Raúl Castro llegó a Caracas el día 3 para asistir a ambos acontecimientos. Se esperaba que Haití pasara a miembro pleno en la Alianza, pero se mantuvo como invitado permanente. Allí se lanzó la granada de fragmentación.

En los últimos años, la secuencia de acontecimientos en América Latina y el Caribe evidenciaron el cambio de estrategia de todos los gobiernos, impulsados por el chapucero intento de golpe de Estado en Honduras, así como el interés de Brasil y México de neutralizar las perturbaciones injerencistas de los miembros de ALBA, fundamentalmente Venezuela, sustentada por sus petrodólares, bajo los consejos de Fidel Castro; el propósito de propulsar el desarrollo económico-comercial-social de la región, y enfrentar las repercusiones de la lenta recuperación económica en Estados Unidos y la eventual recesión en la Unión Europea.

La promoción de una política proactiva por el nuevo presidente de Estados Unidos, Barack Obama, y la búsqueda de solución al embrollo de Tegucigalpa propiciaron que en 2009 la Organización de Estados Americanos (OEA) revirtiera la suspensión del Gobierno de Cuba, que paulatinamente también avanzó su incorporación a los mecanismos regionales, hasta consolidarse con la creación de la Comunidad de Estados de América Latina y el Caribe (CELAC) en diciembre de 2011, bajo la presidencia de Hugo Chávez en Caracas. La sorprendente troika que conduce sus trabajos (Venezuela, Chile y Cuba) y la reiteración por Raúl Castro de “unidad en la diversidad”, no minimizaron las estridentes declaraciones de Daniel Ortega contra Estados Unidos y los augurios de ALBA en pleno de que era el fin de la OEA, y por consiguiente de las concertaciones también con Washington y Ottawa.

Con motivo de la VI Cumbre de las Américas, el canciller ecuatoriano, Ricardo Patiño, continuó las declaraciones de su Presidente con el argumento de que no es un organismo institucional de la OEA, por lo que “no hay ninguna razón para que Cuba no sea invitada”. La Primera Cumbre se realizó en Miami del 9 al 11 de diciembre de 1994, con Bill Clinton como anfitrión. Entonces se aprobó la Declaración de Principios o Pacto para el Desarrollo y la Prosperidad: Democracia, Libre Comercio y Desarrollo Sostenible en las Américas. En el acápite “Preservar y fortalecer la comunidad de democracias en las Américas”, cita la definición de democracia en la Carta de la OEA, así como que: “A través de los mecanismos competentes de la OEA trabajaremos en favor del fortalecimiento de las instituciones democráticas y de la promoción y defensa de los regímenes democráticos constitucionales de conformidad con la Carta de la OEA”. Como nota adicional cabe mencionar que el Gobierno de Cuba ha reiterado que no está interesado en incorporarse a la OEA, tampoco reconoce la Carta Democrática Interamericana de septiembre de 2001, cuando el colombiano Cesar Gaviria era secretario general de la OEA.

El 8 de febrero, apenas tres días después de la cumbre de ALBA, la canciller colombiana realizó una visita a La Habana, donde conversó con su homólogo y con el presidente Raúl Castro. La prensa extranjera acreditada reportó que María Ángela Holguín confirmó el interés de ellos en estar en la cumbre, y que les manifestó que la invitación no compete únicamente a Colombia como anfitrión, sino que debe ser una decisión consensuada entre los países miembros, y en esa calidad “no podría participar en todos los debates”, y añadió “no creo que Cuba quisiera venir a una cumbre así, sin participar en todos los debates”. Ciertamente, los invitados tienen presencia limitada a esa condición en las reuniones internacionales, lo cual conoce bien el gobierno cubano. La ministra prosiguió intensas consultas en medio del ambiente tormentoso previo a la Tercera Reunión del Grupo de Revisión de la Implementación de las Cumbre (GRIC) que se reúne en Cartagena del 13 al 17 de febrero, luego de años de esmerada organización.

Inmediatamente después de la exigencia ecuatoriana, el Gobierno de Estados Unidos señaló que Cuba no cumple con los requisitos para participar en la Cumbre por considerar que “no ha hecho mejoras políticas y democráticas significativas”. Resulta evidente que en el curso del último año ha retrocedido drásticamente la apertura que pareció iniciarse con la excarcelación de prisioneros de conciencia y políticos en 2010, debido a la represión, la trágica muerte de Wilman Villar en enero pasado, las declaraciones en importantes eventos recientes como la Primera Conferencia del Partido Comunista.

Incluso no se aplican las correcciones anunciadas a las escasas medidas económicas adoptadas, a pesar de que son indispensables para estimular la producción agrícola que continúa cayendo y propiciar mejoría mediante el trabajo por cuenta propia a una población incrédula y desesperada por la miseria. Coincidentemente, Fidel Castro ha resurgido con largas reuniones publicitadas por la televisión cubana.


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