Actualizado: 16/10/2017 9:39
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Caminando en círculos: la vida cotidiana de Alan Gross

“Se está esforzando por mantenerse sano y en forma”, dice la defensora de los derechos humanos Sarah Stephens

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Alan Gross camina en círculos dentro de su celda en la prisión cada mañana, antes del desayuno. Calcula que camina cinco millas al día y se considera “un gran aficionado”, tras perder 94 libras desde que las autoridades cubanas lo encarcelaron en diciembre de 2009.

“Se está esforzando por mantenerse sano y en forma”, dijo la defensora de los derechos humanos Sarah Stephens.

Stephens encabezó una delegación que visitó a Gross el 9 de junio en el hospital militar cubano donde está cumpliendo una sentencia de 15 años por delitos contra el Gobierno socialista.

Stephens es directora del Centro para la Democracia en las Américas (CDA), una organización de Washington, D.C., que se opone a la política norteamericana hacia Cuba. Había estado buscando permiso para ver a Gross desde que las autoridades lo arrestaron por llevar equipos de comunicaciones de alta tecnología a Cuba, en el marco de un programa de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID).

“Creo que fue importante que nos concedieran una visita”, dijo Stephens en una entrevista. “Significa algo. No es que esté a punto de que lo vayan a dejar en libertad, pero creo que en realidad debemos tomar en serio el progreso que pueden lograr personas que no son funcionarios, personas que se preocupan en ambos lados”.

En todo caso, esas visitas contribuyen a “mantener la conversación” y subrayan “el deseo de Alan de que no lo olviden”.

Otros miembros de la delegación fueron Jane Harman, una ex legisladora demócrata y ahora presidenta del Woodrow Wilson International Center for Scholars; Donna Brazile, estratega del Partido Demócrata, y David Dreyer, empleado del CDA y ex director adjunto de Comunicaciones de la Casa Blanca durante el Gobierno del presidente Bill Clinton.

Gross, un trabajador de desarrollo internacional de 61 años, domiciliado en Maryland, dijo a los visitantes que estaba ansioso por salir en libertad, pero “claramente no ha perdido el sentido del humor”, dijo Dreyer en una entrevista.

“Tiene un sentido del humor maravilloso. Le dijo a Donna Brazile que predecía que si Sarah Palin conseguía la nominación (como candidata republicana a la presidencia), era muy probable que eligiera a una persona con excelentes calificaciones para ser vicepresidente. Y Donna le preguntó por qué decía eso. Y él respondió que cuando Sarah Palin renuncie a mediados de su mandato porque le han ofrecido un trabajo mejor, querrá estar segura de que el país queda en buenas manos”.

Dreyer dijo que Gross también le preguntó cómo les iba a los Washington Redskins, y conversó con Brazile sobre mariscos ya que “ella es de Nueva Orleáns y quería hablar de mariscos y de todo lo que tuviera que ver con mariscos”.

“Recordó la vez que fue a comer mariscos en un bar —en el restaurante Clyde's, en Washington— con su esposa y cómo lo disfrutó”.

Gross expresó una profunda preocupación por su familia. Su madre y una de sus hijas padecen de cáncer.

“Nos habló de su madre, que habló con él por teléfono y le dijo que estaba perdiendo la fe. Le aconsejó que escribiera la palabra ‘fe’ en un papel y se lo pusiera en el bolsillo, de modo que la fe siempre la acompañara”.

Cuando le preguntaron cómo estaba Gross, Dreyer respondió: “Se veía mucho mejor de lo que pienso que me vería yo después de cinco segundos en la cárcel, por no decir después de 19 meses, pero su cautiverio le ha cobrado un precio muy alto a él y a su familia. Se veía delgado y demacrado. Nos expresó su ferviente deseo de que lo dejen en libertad y regresar a casa y a Estados Unidos de América”.

“Hubo momentos en la conversación en que expresó tristeza e ira. Habló del precio que este cautiverio le ha cobrado a su familia. Su madre y su hija están muy enfermas. Eso lo preocupa”.

La entrevista tuvo lugar en una sala frente a la celda de Gross. Estaba vestido de civil, no con el uniforme de la cárcel.

“Hablamos de su salud, de sus condiciones de vida, de la forma en que pasa los días, si recibe noticias de Estados Unidos”, dijo Dreyer. “Habló de las visitas que le ha hecho su esposa; las visitas consulares mensuales de la Sección de Intereses de Estados Unidos, y otros visitantes de los Estados Unidos, entre ellos el presidente Carter, el senador (Carl) Levin y la congresista Barbara Lee. Habló de esas cosas”.

Las autoridades cubanas le permiten a Gross hablar por teléfono con su esposa, Judy, una vez a la semana. Además, ella lo ha visitado dos veces desde su arresto.

Stephens dijo que Gross, que tenía sobrepeso cuando fue arrestado, trata de mantener la salud.

“Dijo que camina cinco millas todos los días antes del desayuno, y estamos hablando de cinco millas en círculos dentro de su celda. Se considera un gran aficionado”.

Los visitantes entregaron un paquete de regalos que contenía barras energéticas y materiales de lectura, entre ellos la revista People y Havana Nocturne: How the Mob Owned Cuba… and Then Lost It to the Revolution (La Habana nocturna: cómo la mafia era dueña de Cuba… y luego la Revolución se la quitó), un libro de T.J. English publicado en 2008.

“Ese paquete se preparó bien porque cuando le preguntamos cómo pasa los días, dijo que pasa mucho tiempo leyendo”, dijo Dreyer. “Así que llevar materiales nuevos, incluso la revista People, probablemente fue lo correcto”.

Miembros de la delegación pidieron ver a Gross durante una reunión con el ministro cubano de Relaciones Exteriores, Bruno Rodríguez.

“No teníamos que recibir el permiso de Estados Unidos”, explicó Stephens. “En la reunión con el canciller, creo que fueron la (ex) congresista Jane Harman y Donna Brazile las que hicieron la petición, y Bruno dijo: está bien, estudiaré el asunto. No prometo nada. Y dos días después, vinieron y dijeron: sí. Así fue cómo sucedió. La petición se concedió sin condiciones ni restricciones. Sencillamente, se concedió”.

Dreyer dijo que la visita tuvo “dos dimensiones”.

“Primero, fue humanitaria. Es un norteamericano que ha estado en cautiverio desde diciembre de 2009. Desde entonces, cada vez que el Centro para la Democracia en las Américas ha hecho un viaje a Cuba, nuestras delegaciones han preguntado por él, han pedido verlo.

“En un viaje anterior, le llevé un libro y una nota firmada por el rabino que compartimos. En este viaje, le llevé una carta firmada por el rabino y por cada miembro de nuestra congregación que estuvo presente en el servicio religioso del sábado antes de que saliéramos”.

Una segunda razón de la visita, indicó Dreyer, fue llamar la atención sobre los esfuerzos por liberar a Gross.

“Obviamente, gran parte de la acción que está transpirando entre los dos gobiernos está sucediendo por encima de nuestro nivel salarial. Pero si más información y más atención a este caso pueden mover las cosas en ambos lados, entonces esperamos contribuir a ese proceso”.

El rabino David Shneyer, de la congregación Am Kolel en Maryland, proporcionó el libro, que está relacionado con la Cábala, que se define como “un sistema medieval y moderno de teosofía, misticismo y taumaturgia judía, marcado por la creencia en la creación a través de la emanación y un método cifrado de interpretar las Escrituras”.

Cuando le preguntaron sobre las condiciones que tiene Gross en la prisión, Stephens dijo:

“Mejores, mucho mejores de lo que eran al principio. Sale un rato al aire libre. Le dan permiso para salir a un pequeño jardín o algo así por la tarde, a veces por la noche”.

Dreyer dijo que eso no significa que Gross desee prolongar su estadía en la cárcel.

“Las cosas han mejorado para él, pero nos aclaró y estoy seguro de que quería que se lo dejáramos bien claro a ustedes, que no está cómodo allí y que quiere volver a casa”.

La visita de la delegación duró poco más de dos horas.

“No se le puso fin oficialmente”, dijo Stephens. “Terminó más o menos naturalmente”.


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